Regalar tu futuro
Nos pasamos la vida quejándonos y maldiciendo en los bares, el sofá de casa, la reunión de vecinos, la cola del súper. Como esperando a que todos los problemas que vivimos se solucionen por ciencia infusa o gracia divina. O a que «alguien» (nunca nosotros) cambie el rumbo de la sociedad y del mundo vía revolución francesa o varita mágica. Pero después, cuando cada cuatro años toca expresarse en las urnas y ejercer ese derecho y acto de libertad que, sin miedo a errar, creo que a muchos les gustaría hasta quitarnos, pasamos olímpicamente. A veces hasta olvidamos que en muchas etapas históricas ni se pudo. Como si votar no sirviera para nada. Como si lo que lucharon tus abuelos y lo que les espera a tus hijas no dependiera del gobernante de turno que decida su futuro y el tuyo. Cuando crees que no estás votando, sí que lo haces. El silencio es la mejor forma de rendirse. Y de que quienes han generado todo esto sigan en sus puestos. Fácil. Y con carta blanca para todo. Hasta para seguir recortando derechos, libertad y dignidad a las personas. A ti también.

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