EDITORIALA
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Trivializar el racismo es un ejercicio peligroso

El lehendakari salió ayer en socorro del alcalde de Sestao, Josu Bergara, cuyas declaraciones racistas han sido objeto de una fuerte controversia pero que, a pesar de ello, no ha sido reconvenido por su formación, pues una cosa es desautorizar unas palabras que no tienen defensa posible y otra censurar a quien las ha pronunciado. Iñigo Urkullu, como antes el PNV, ha hecho lo primero pero no lo segundo, y con su actitud ha avalado a una persona que está incapacitada para ejercer el cargo institucional que ocupa. Las manifestaciones del primer edil sí que fueron racistas. No puede calificarse de otra forma afirmar, por ejemplo, que entre los miembros de una determinada etnia hay poca gente buena. El mandatario autonómico está en su derecho de pensar que ese y otros comentarios no responden a la trayectoria de su compañero de partido, pero no puede faltar a la verdad y tampoco zanjar el asunto con la disparatada versión de que se refería a los «delincuentes».

Del mismo modo, alegar que existe una denuncia en el juzgado para no tomar ninguna medida es un intento de eludir responsabilidades que recuerda al proceder de otros partidos, que ante la cantidad de casos de corrupción que pesan en su contra se niegan a asumir ninguna consecuencia política con el mismo pretexto. ¿Acaso es tan difícil diferenciar las responsabilidades políticas de las judiciales? También es un acto de escapismo referirse a la «utilización partidista» de las declaraciones. El PNV puede sentirse molesto, pero las explicaciones en todo caso debería pedírselas al autor, pues él ha dado pie a ese presunto uso interesado.

Es grave que un alcalde que se jacta de incumplir la ley «todos los días y a todas horas» siga al frente del consistorio, pero es más grave que por intentar preservar el interés de un partido se quiera trivializar un caso claro de racismo institucional, y que para ello se intente enfangar el trabajo de un organismo que lleva años trabajando contra la xenofobia. Urkullu ha optado por el partido en detrimento de las personas, y al hacerlo ha abierto una puerta de la que no puede salir nada bueno. Esa es la responsabilidad del lehendakari.