MIKEL INSAUSTI
Zinema Kritikaria
CRíTICA: «Hermosa juventud»

Un Rosales más asequible y decididamente social

El quinto largometraje de Jaime Rosales supone un importante y sensible cambio de rumbo en su carrera, ya que «Hermosa juventud» es su película más asequible hasta la fecha, y con un pronunciado contenido social. A nivel formal lo más llamativo es la utilización de los diálogos, que dejan atrás la narrativa contemplativa definida por los largos y expresivos silencios. Ahora bien, conviene matizar que no busca una significación especial en las palabras, sino que estas se integran en la banda sonora ambiental, como las conservaciones que se escuchan a diario al pasar por un parque o en cualquier calle transitada con su murmullo de fondo.

Las conversaciones entre los jóvenes que aparecen en «Hermosa juventud» no pueden ser trascendentales, son simples comentarios entre colegas sobre la sociedad del ocio en la que vivimos, y no pasan de impresiones básicas provocadas por los videojuegos o los Youtubes colgados en Internet. De hecho, se comunican tanto o más por mensajes de Whatsapp que verbalmente, tal como reflejan las elipsis que se suceden con las pantallas de los móviles u ordenadores ocupando el cuadro. Si Rosales recurre a esa forma de contar tan dependiente de las nuevas tecnologías es para reflejar un modus vivendi actual, común a las nuevas generaciones.

El quid de la cuestión está precisamente ahí, en que se trata de chicos y chicas que disponen de un smartphone u otros medios avanzados para comunicarse entre ellos, pero no les sirve para integrarse socialmente, a falta de trabajo, de estudios y de futuro. Muy a su pesar están marginados, y los intentos de la pareja protagónica por formar una familia y llevar una existencia normal se revelan inútiles, ante la imposibilidad de ofrecer a su bebé la seguridad que se les niega. Grabar un porno casero con Torbe, emigrar a Alemania como Alfredo Landa, recoger escombros por una paga de miseria... No hay forma de escapar a una realidad impedida que ni el propio Ken Loach hubiera deseado tener que filmar jamás.