Suso de Toro
ELDIARIO.ES, 2014/6/11
HEMEROTEKA

Artur, Pablo, los dueños de España quieren vuestras cabelleras

(...) Si algo dejó claro lo ocurrido alrededor de la abdicación de Juan Carlos I fue que existía una operación perfectamente planificada y ejecutada en la que participaron los dueños de España. Lo que apareció negro sobre blanco estos días es el retrato del poder establecido: alrededor de la monarquía, dos partidos, las empresas del IBEX-35 y el oligopolio de la comunicación.

Y nos mostró cómo ese poder no sólo dicta o condiciona la política de los gobiernos sino que también interviene directamente en los momentos decisivos, como era este proceso en el que se transmitía la corona de padre a hijo. (...) Ésa es la democracia madura y etc. de la que nos hablan estos días.

(...) Todos los partidos y movimientos políticos tienen defectos o insuficiencias y es natural que sus rivales las señalen y critiquen, para eso están, pero cuando la lucha política se vuelve sucia, se personaliza para destruir a los dirigentes, el caso de Artur Mas y Pablo Iglesias. No hay duda de que una campaña en los medios sostenida en el tiempo daña a una posición política, sin embargo da la impresión de que quienes apuntan cada día a esos dos objetivos creen que muerto el perro se acabó la rabia. Creo que se equivocan y las equivocaciones en política se pagan.

El movimiento catalán por el derecho a decidir su futuro es fruto de un proceso lento de acumulación de frustraciones y de sentimientos de agravio vividos por la mayoría de esa sociedad, Artur Mas solamente es la persona a quien le correspondió ocupar en este momento la presidencia del gobierno catalán. Cualquier otro dirigente de ese partido, que gobierna con apoyos de otros partidos, habría actuado de forma parecida en las mismas circunstancias históricas. Es muy simple: no es Artur Mas, son los catalanes.

(...) Aunque Podemos sufra las inevitables contracciones y los dolores del nacimiento, aunque salga debilitado del parto, no va a desaparecer repentinamente porque se alimenta del hambre de justicia y el cabreo de una parte de la sociedad. Es lógico que sus competidores en la izquierda, que se resienten de la aparición de una nueva oferta que parece ofrecer más ventajas, reaccionen con críticas pero otra cosa es que los dueños del sistema político busquen liquidarla (...).