JOSEBA UGARTE
Periodista

Cría cuervos y acabarás amortajado en la negra bandera de la yihad

Dos años y medio después de que los últimos soldados estadounidenses abandonaran suelo iraquí, el mundo asiste estupefacto a la ofensiva militar del grupo yihadista Estado Islámico de Irak y del Levante (ISIS), que toca ya las puertas de Bagdad tras haber conquistado buena parte de las ciudades del oeste y norte del país (salvo Kurdistán Sur).

Y los analistas no están contribuyendo precisamente a una mejor comprensión de la situación. Insistir a estas alturas en que EEUU cometió un desastroso error estratégico al invadir Irak en 2003 es certificar lo obvio. Y sirve para ocultar más cosas que las que explica.

Por ejemplo: ¿Cómo es posible que una milicia de unos pocos miles de «locos» armados (entre 7.000 y 15.000, según distintas fuentes) plantee semejante órdago a un Ejército y a un Estado, por muy desestructurados que estén?

Intentar responder con honradez a esa pregunta puede servir para arrojar algo de luz en el convulso escenario de Oriente Medio.

En primer lugar, el ISIS, como en su día su predecesora de Al Qaeda tiene una gran capacidad para medrar en escenarios de crisis. Lo hizo en Mali de la mano del levantamiento militar tuareg en Azawad, lo ha hecho en la revuelta contra el presidente sirio Al-Assad y lo está haciendo en Irak. Un país donde entre la minoría suní persiste una mezcla entre la nostalgia por el poder perdido (con la caída de Saddam Hussein) y la denuncia de su discriminación real a manos del actual poder chií en Bagdad.

En segundo lugar, destaca la gran capacidad de estos grupos para instrumentalizar a los que les instrumentalizan. En resumen, de morder la mano de los que les dan de comer. Y la lista es larga. Al punto de que no hay a día de hoy un país que no se haya servido en un momento determinado de alguno de estos grupos para intentar someter a sus enemigos. El caso de EEUU y de la red de Osama Bin Laden en la guerra contra la ocupación soviética de Afganistán es de libro, pero no es ni de lejos el único.

Turquía ha utilizado y utiliza a estos grupos en su lucha contra los kurdos y contra Damasco. Siria e Irán hicieron lo propio en su día para minar la ocupación estadounidense de Irak y de Afganistán. Y todo apunta a que los sectores baazistas que persisten en Irak, incluidos los seguidores de Ibrahim al-Douri, número dos del ajusticiado Saddam Hussein, habrían alcanzado un acuerdo con el ISIS para repartirse el territorio recién «liberado». Otra cosa es que la jugada termine saliéndoles bien (y si no que se lo digan a los tuaregs del MLNA).

Pero ninguna instrumentalización de ida y vuelta funciona sin un tercer elemento: la desesperación. Las sociedades sometidas a situaciones tan dramáticas como la lucha diaria contra la muerte son permeables a discursos primarios como los del ISIS , Al Qaeda o los talibanes afganos. Y más si vienen acompañados por el arrojo militar (derivado del afán por el martirio) y la rectitud moral de sus militantes.

Porque tan o más responsable que los que pactan con estos grupos o los utilizan es el que es capaz de someter a su población a semejante grado de embrutecimiento. En la destrozada ciudad de Homs, en Grozni, en Kabul o en Falujah. Se llame Bush, Putin, Al-Assad o Al-Maliki.

En defintiva, que hay muchas maneras de criar cuervos. Y estos ya no te sacan los ojos. Te plantan la bandera negra de la yihad y vas listo. Sobre todo vas lista.