MIKEL INSAUSTI
Zinema Kritikaria
CRíTICA: «Sólo los amantes sobreviven»

Los vampiros cultos y sensibles de Jim Jarmusch

Los vampiros de Jim Jarmusch son gente culta y sensible, con unos conocimientos enciclopédicos acumulados a lo largo de los siglos. Son como una élite intelectual, que en nada se parece a los humanos, esos seres torpes e ignorantes a los que llaman zombis. La humanidad sólo se mueve por intereses materiales y económicos, mientras que ellos están de vuelta de todo y añoran con una mirada viscontiana un pasado de esplendor que no volverá.

El comienzo de «Only Lovers Left Alive» es hipnótico, con el movimiento circular del giradiscos encadenado al del propio escenario, y la amplía sala de la casa del protagonista dando vueltas. Es como si el personaje nunca se hubiera movido del sitio mientras el mundo sigue girando, por eso de alguna manera los viejos objetos vuelven a pertenecerle, como en una especie de reencuentro permanente. Jarmusch identifica dicho tipo de personalidad con la de un coleccionista, dispuesto a convertir su vivienda en un museo.

El joven zombi que le sirve de contacto con el exterior le trae guitarras eléctricas pioneras para su colección, las cuáles datan de finales de los años 50 y principios de los 60. Tan sonoro memorándum del rock and roll se concreta en una Supra, una Hagstrom sueca, una Silvertone y una genuina Gretsch Chet Atkins 6120, que podría ser perfectamente la de Eddie Cochran, y que hace subir el valor de la partida en muchos quilates.

Pero la riqueza filantrópica ya no se puede preservar o aislar, y la eterna pareja vampiresca empieza a dar síntomas de decadencia, debido a que ya han dejado las cacerías nocturnas para recolectar sangre humana. A medida que se han vuelto más civilizados también su vulnerabilidad ha ido en aumento, por culpa de la adquisición en el mercado negro hospitalario de un suministro sanguíneo cada vez más contaminado.

El uno vive en la desindustrializada Detroit y la otra en el romanticismo agonizante de Tánger, condenados a reunirse cada varias décadas para compartir los recuerdos asociados a un pasión lejana en el tiempo. Qué suene una vez más «Funnel of Love» de Wanda Jackson.