«La puerta del Infierno»
Una prospección fallida en busca de gas abrió un gran cráter en medio del desierto de Karakum y el fuego prendido para atajar el escape sigue vivo cuarenta años después.

Conocido como «la puerta del infierno», el cráter de Darvaza, en la mitad del desierto de Karakum, lleva ardiendo desde hace cuarenta años y en breve podría convertirse en el centro de un complejo turístico para amantes de las sensaciones fuertes si prospera el proyecto del Gobierno de Turkmenistán. «Es impresionante y muy aterrador», manifiesta Goziel Iazkoulieva, quien ha viajado desde la capital turkmena, Asjabad, a cinco horas en coche, para ver en directo el fuego que, desde 1971, arde en esta caldera de setenta metros de diámetro y veinte de profundidad.
Ningún cartel señala el camino hacia «el infierno» al cruzar en jeep el desierto de Karakum -«arenas negras» en turcomano-, que cubre más del 70% del territorio de esta república centroasiática, pero los guías saben dónde desviarse para que sea la luz de las llamas la que marque la dirección correcta y permita a los pocos turistas que se aventuran -unos 15.ooo al año- observar de cerca el fuego sin fin. «Los turistas que visitan el pozo experimentan sentimientos encontrados. Unos quedan sorprendidos por el paisaje; otros, por el gas residual», explica Begli Ataïev, guía de una agencia de la capital.
El calor extremo y el sonido del fuego en esta caldera ubicada en medio de la nada inquieta a los visitantes, aunque algunos se acercan peligrosamente al borde del pozo abierto en 1971, cuando un grupo de geólogos inició prospecciones en busca de petróleo o gas. «La perforación colapsó la capa y liberó grandes cantidades de gas», recuerda el geólogo Anatoli Bouchmakine. «Como se temía que el cráter emitiera gases tóxicos -agrega-, decidieron darle fuego, esperando que se extinguiera en pocos días», pero las llamas continúan vivas cuarenta años después y se han convertido en símbolo de la magnitud de las reservas de gas de Turkmenistán.
El pasado año, el Gobierno creó una gran reserva natural de 90.000 hectáreas alrededor del cráter de Darvaza, informa Ovez Kurbanov, director del Instituto de la Fauna y Flora del país. Ahora quiere construir carreteras y hoteles para turistas.

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