Todos se rieron de Zaire, menos Zaire
El primer país del África negra en una cita mundialista no pasó desapercibido y dejó algunas de las imágenes más recordadas de la historia de la Copa.

Antes de comenzar el torneo, el capitán Mantantu Kidumu declaró que el mandamás del país Mobutu Sese Seko había premiado a cada jugador por su clasificación mundialista con una casa, un auto y unas vacaciones para ellos y sus familias en los Estados Unidos. El primer duelo fue frente a la Escocia de Kenny Dalglish y Denis Law y terminó con un 2-0 en contra bastante decoroso, gracias a las atajadas del portero africano, cuyos compañeros denunciaron haber sido insultados y hasta escupidos por los jugadores escoceses.
Pero lo peor estaba por venir. Antes del choque ante Yugoslavia les comunicaron que no iban a cobrar lo prometido -¿les suena a la Ghana de hoy?-, así que quizá no extraña el abultado 9-0 que les propinaron los balcánicos. «Francamente, podríamos haber caído por 20, habíamos perdido nuestra moral», comentó su jugador N'Daye, que fue expulsado por patear en el trasero al árbitro en una protesta, aunque en realidad fue su compañero Mwepu, cuyo nombre pasaria a la historia y no por esta acción. «Los árbitros no nos distinguen», se quejaron los africanos. El arquero zaireño Kazidi fue sustituido al tercer gol, sin culpa en ninguno de ellos, pero al parecer por presiones de los enviados a Alemania por el Gobierno de su país.
El malestar por la goleada llegó al propio Mobutu. Se cuenta que sus agentes enviaron un mensaje muy clarito a los jugadores: «La consigna era clara: si perdíamos por cuatro goles contra Brasil, ninguno de nosotros iba a regresar a casa», relató después Mwepu. Tal efecto tuvo que la Brasil de Jairzinho, Rivelino y compañía solo le anotó tres, aunque el choque dejaría una de las más recordadas anécdotas mundialistas.
Faltaban cinco minutos para que terminara el encuentro, había un tiro libre al borde del área con el especialista Rivelino frente a la pelota, y en la mente de Mwepu Ilunga atosigaba la advertencia presidencial. Así que actuó siguiendo su instinto e hizo lo primero que le vino a la cabeza: salió corriendo, golpeó el balón y se hizo el distraído, en mitad de la sorpresa del estadio y sus rivales. El tiro libre terminó fuera del arco y el plantel de Zaire se salvó de una posible reprimenda gubernamental.
El mundo se carcajeó de ellos. Se dijo de todo. «La mayoría de los jugadores brasileños y el público se rieron de mi acción. Encontraron hilarante que un jugador no conociera las reglas. Ninguno de ellos tenía la más remota idea de la presión a la que estábamos sometidos», replicó después el señalado, que reapareció en 1998 en un programa humorístico británico y, con Mobutu ya fallecido un año antes, se rió también de aquel pateo inolvidable.
El del 74, un Mundial con no pocas anécdotas
La de los zaireños no fue la única anécdota destacable del Mundial ganado por Alemania y protagonizado por la `Naranja Mecánica' holandesa. En la Copa del Mundo del 74, la primera retransmitida en color por TV, se produjo la primera expulsión por roja de la historia mundialista, que recayó en el chileno Carlos Caszely. También otros chilenos iban a protagonizar una de las imágenes del torneo, cuando varios de ellos interrumpieron el Chile-Australia para denunciar con una pancarta la dictadura del general Augusto Pinochet. En este Mundial se produjo un duelo único e irrepetible, las dos Alemanias se enfrentaron, con inesperada victoria gracias al solitario gol de Sparwasser para la Oriental. Una Copa que ni siquiera se salvó de la amenaza de la Fracción del Ejército Rojo (RAF) para atentar durante el campeonato. J.V.

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