MIKEL INSAUSTI
Zinema Kritikaria
CRíTICA: «Ärtico»

Retrato con paisaje de la juventud marginal provinciana

Por su aproximación a la juventud marginada de provincias, «Ärtico» recibió en la Berlinale una Mención Especial del Jurado Generation. Debió de llamar la atención al salirse del habitual esquema urbanita, mostrando un ambiente más rural, el del campo que rodea a las capitales pequeñas, como lo puede ser Salamanca, ciudad natal del cineasta Gabriel Velázquez.

«Ärtico» cierra la trilogía intimista sobre la familia que completan «Amateurs» e «Iceberg», tomando de este segundo título a dos personajes episódicos que convierte ahora en protagonistas. Previamente, Gabriel Velázquez había codirigido con Chema de la Peña «Sud Express», película que fue presentada en Donostia. En los ocho años transcurridos desde entonces ha ido desarrollando un estilo personal, cercano al cine contemplativo y con fuertes influencias del realismo documental.

En su tercer largometraje en solitario, Velázquez acentúa más si cabe sus tendencias estilísticas, reduciendo el diálogo al mínimo y contando la historia con imágenes. Utiliza planos generales fijos, que enmarcan a los personajes dentro del paisaje. Pero cae en lo formalista, al anteponer la técnica de la planificación al propio contenido argumental. No consigue cubrir narrativamente la información avanzada en la sinopsis, sin la cual sería muy difícil comprender lo que quiere contar. Le falta el cuerpo dramático que, por ejemplo, si posee «Hermosa juventud» de Jaime Rosales, por citar una película reciente con una temática coincidente.

Otro aspecto discutible es la supuesta inspiración de «Ärtico», según declaraciones de su director, en las películas sobre quinquis de los años 80 como las de José Antonio de la Loma o Eloy de la Iglesia. La dinámica resulta totalmente opuesta a la de aquellas crónicas de la delincuencia a la carrera, al prescindir de las persecuciones motorizadas. El planteamiento, por el contrario, es mucho más estático, y se busca el impacto en la belleza del encuadre, con lo que el posible feísmo sufre una manipulación artística.