Ignacio BENEDETTI Conductor de «Balón en juego» en la radio venezolana 1300 AM
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No puede sonreír quien está angustiado

El autor analiza como cada día en la web Perarnau Magazine el día a día del Mundial brasileño y esta vez se explica las razones de porqué Brasil se queda fuera de la final y Alemania la jugará.

Edson Arantes Do Nascimento Pelé decía el otro día que en el Mundial de Chile'62, Brasil se sobrepuso a su lesión y salió campeón de aquel torneo. Olvida O Rei, entre otras cosas, que aquel equipo contaba, entre otros, con Garrincha, Didí, Nilton Santos, Vavá, Coutinho y Djalma Santos. Se comprende la intención del discurso, pero sin Neymar, este Brasil fue un equipo sin plan, sin herramientas y, peor aún, sin capacidad de rebeldía. Porque hasta la rebeldía debe propiciarse y permitirse en el entrenamiento. No se le puede pedir al futbolista lo que antes se le prohibió o no se practicó. Y este equipo brasileño daba la impresión de estar contenido, alejado no de sus orígenes, sino del juego, que pensándolo bien es el origen del fútbol de ese país.

La paliza que le propinó Alemania no se puede medir por los goles recibidos, debe entenderse desde el himno. Carlos Maldonado, entrenador uruguayo-venezolano de mucho recorrido en torneos internacionales como futbolista y conductor, decía, justo en el momento en que las cámaras enfocaban a los futbolistas cantar el himno, que el miedo era notorio y notable en la cara de los anfitriones. Se vio en la cancha, y lo que antes eran lágrimas para drenar la presión se convirtieron en lágrimas de frustración. Este pudo ser el equipo de Luiz Felipe Scolari, pero jamás fue el equipo del pueblo. La diferencia entre ganar y perder puede ser casi intangible, pero aquella que separa el buen competir de la rendición es identificable por todo aquel que se sienta a ver este deporte.

Brasil sucumbió a la presión, al peso de las obligaciones, al peso de la historia, al peso de las expectativas y, por encima de todo, al peso que genera la ausencia de fútbol.

Estar entre los cuatro primeros del mundo no es un fracaso, pero, ¿cómo explicarle eso a los más de 200 millones que hoy sufren como hace 64 años? Esa multitud no comprendió nunca que su Brasil fuese la selección que más faltas cometía en el torneo y que menos pases había intentado de los cuatro equipos de las semifinales. Y esto no es poca cosa, es justamente la representación del peligro que genera el resultado. Brasil ganaba y muchos escondían el polvo debajo de la alfombra.

Mientras Brasil cayó en un pozo sin fondo -anímico y futbolístico-, Alemania reafirmó su infinidad de variantes. La alineación de hoy era la misma que ante Francia, pero en el banco de suplentes hay tantas opciones que asustan hasta al más pintado. Klose, titular y hombre récord, se negó a ser una referencia para sus marcadores y los obligaba a salir del área para que esos espacios fueran aprovechados por Müller, Özil, Kroos y hasta el espíritu santo. Es cierto que hoy chocaron el plan alemán llevado a la perfección frente a una pobreza brasileña a la que cuesta encontrarle algún parentesco. Pero Alemania tiene más, porque hoy, en esta histórica actuación, no hicieron falta Götze, Podolski, Draxler o Kramer. Todos enormes jugadores que en otra selección seguramente serían titulares y figuras, pero en esta Alemania de Löw son integrantes de un equipo fantástico que ahora se cita con la historia el domingo en Maracaná.

Para Dante Panzeri, el futbol «es el arte de lo imprevisto. No se lo puede enseñar. Lo impide la naturaleza espontánea del juego, la cambiante condición humana del hombre y la infidelidad de una sola pelota destinada a veintidós».

El argentino, gran defensor del talento como algo innato, imposible de transmitir y de orígenes inexplicables, sonríe donde quiera que esté. No por la goleada a Brasil, sino porque semejante caída nos debe alertar, nuevamente, sobre un fútbol que «ha matado su alegría para dar paso a la afirmación de su `seriedad' e importancia comercial».

«No puede sonreír quien está angustiado; no puede hacer sonreír a otros quien no está en estado de ánimo de sonreír, puesto que lo absorbe la angustia... De lo serio que está jugando, valga la contradicción tan propia del fútbol en su actualizada manera de jugar», escribió. Tanta angustia, tantas lágrimas, tanta tensión tuvieron su peso en la debacle de hoy. El deporte da revancha, pero la historia no perdona.