Pepe FARIAS
UDATE | IRUÑEKO SANFERMINAK

Pese a quien pese, la fiesta sigue estando más que viva en la calle

La calle es nuestra y no nos la podrán quitar. Ni la lluvia ni las ordenanzas. Estos días, comemos, bebemos, bailamos, cantamos, gritamos y disfrutamos en la calle. Porque nos gusta y porque nos divierte. Eso es la fiesta.

La fiesta está en la calle. Y los sanfermines, que son más fiesta que ninguna, piden más calle que en ningún otro sitio. Da igual que la maldita gota fría nos haya dejado en ocasiones destemplados. No importa. Nos da la mismo que intenten domesticar la fiesta. Es una bestia salvaje que no se deja domeñar. Si se le pone una traba, se salta, se rodea o se derriba, pero la fiesta no puede parar. Hay que seguir, cueste lo que cueste, caiga quien caiga. La calle es nuestra y no de quienes se quieren apropiar de ella.

Y como la calle es nuestra, en fiestas hacemos lo que nos apatece. Eso sí, dentro de un orden y con respeto institucional. Porque lo de comer en la calle es ya una institución. Cualquier que viva en Alde Zaharra o conozca a alguien que viva en el corazón de la fiesta tendrá el privilegio de comer en la calle. No cuesta nada. Solo hay que bajar una mesa desplegable, unas cuantas sillas, vasos y platos de plástico. Y algo de comer. Y también algo de beber, que no nos falte.

Estábamos los de esta casa compartiendo mesa -tablero- y mantel -de papel- en pleno San Lorenzo, cuando nos aparece el viñetista, guitarra y amplificador en mano para ofrecernos un recital. Ha sido uno de los momenticos de estas fiestas.

Aunque el verdadero momentico lo tuvimos en plena Estafeta, cuando vimos la cara de satisfacción de dos de los autores de «El Banquete» cuando observaron por fin la tela de la pancarta de El Bullicio en la que están inmortalizados. Levitaron medio metro del suelo. Luego, se tomaron un gin-tonic. Creo que de Seagram, la ginebra de moda en estos sanfermines.