Ramón SOLA IRUÑEA
UDATE | IRUÑEKO SANFERMINAK

Hasta un «selfie» ante las astas de los bondadosos Jandilla

Es ya una de las imágenes más inverosímiles de estos años, además de un signo del absurdo de estos tiempos: un corredor haciéndose un selfie ante la cara del toro, apenas un par de metros delante, en la entrada al callejón. Las cámaras de televisión lo captaron perfectamente, para pasmo general y debate encendido en la calle.

Sin dejar de correr, el mozo levantó la mano por encima de su cabeza y se autorretrató, para luego retirarse hacia la izquierda, cruzando todo el callejón y haciéndose más selfies. Increíble, pero cierto.

Más común pero tan peligroso como lo anterior resultó lo ocurrido en el ruedo, con un mozo que se cruzó ante el último toro, citándolo e interrumpiendo el trabajo de los dobladores. Por fortuna no consiguió despistarlo.

Fueron los dos momentos principales de un quinto encierro en el que, como se ve, los humanos crearon casi más peligro que las reses. Los Jandilla retornaban a Iruñea con fama de corneadores (uno de ellos acabó con la vida de Daniel Jimeno, último muerto en el encierro, en 2009). Sin embargo, luego corrieron como unos benditos, sin dejar pitonazos, ni tampoco puntazos, ni embestidas siquiera.

Caminaron además tan juntos que en un momento dado de la parte central de Estafeta cuatro de los seis lo hicieron prácticamente a la par, en línea, ocupando casi toda la calle.

Los únicos percances relevantes de la carrera se resumieron en un topetazo contra las tablas de la curva de Estafeta, que dejó a un morlaco rezagado, aunque se incorporó pronto al grupeto. Fue entonces cuando otro Jandilla cayó y perdió la posición. Desde allí hizo todo el camino solo y al tran-tran, pero sin producir más peligro que el efecto sorpresa inevitable para quienes creían que ya había pasado toda la torada. Este toro hizo que la duración se fuera casi hasta los tres minutos, porque en caso contrario el reloj se hubiera parado en 2.20.

Por lo demás, solo cabe computar las habituales caídas en callejón y entrada al ruedo, donde un mozo fue enganchado por la blusa sin consecuencias. Un encierro inmaculado, por lo tanto, que se recordará básicamente como «el del selfie».

Casi todo se saldó con heridas leves, como los traumatismos craneales de una joven valenciana de 19 años y un neoyorkino de 48. Un joven de Bilbo de 23 años llegó al hospital con un golpe en la cara, también leve. Hubo contusionados procedentes de Madrid, Málaga, La Rioja y Escocia. Únicamente dos fueron catalogados inicialmente como de estado «reservado», dado que se vigilaba la evolución de los golpes que presentaban. Luego uno fue ubicado como «menos grave» y el otro como «leve».

Quedan en hospitales varios corredores víctimas de golpes y cornadas en los días anteriores, entre ellos el debarra Aitor González, que sufrió una fuerte contusión torácica en el primer encierro, el día 7.