Los partidos alemanes buscan sus nuevos horizontes políticos
Después de que solo el 48% de los votantes en Alemania participara en las elecciones europeas, los partidos políticos con representación en el Bundestag recalibran sus brújulas para alcanzar nuevos horizontes y futuras alianzas. El cambio del paisaje político continúa.

La canciller Angela Merkel y su Unión Demócrata Cristiana (CDU) surfean todavía sobre una ola de simpatías electorales que le sitúa unos 10 puntos por encima del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD). Sin embargo, tanto la jefa del Gobierno como su partido saben que su liderazgo y su triunfo llevan fecha de caducidad: la serie de convocatorias electorales regionales fijada para otoño puede cambiarlo todo. De hecho, los recientes comicios municipales en Renania del Norte Westfalia, el estado federal más poblado de Alemania, han confirmado una dura realidad para la CDU: después de haber perdido la Alcaldía de Düsseldorf, la capital de este land, le queda únicamente la de Dresde, en la lejana Sajonia, como única ciudad de esta categoría donde gobierna la democracia cristiana de Konrad Adenauer y Helmut Kohl.
Desde que Merkel llegó a la presidencia de la CDU en 2000 su ala conservadora le acusa de haber escorado al partido hacia la «izquierda». Han cambiado muchas cosas, sobre todo en el escenario político internacio- nal, pero la CDU sigue siendo un hogar para aquella derecha que levanta ampollas en Polonia y la República Checa cuando defiende los intereses de los descendentes de aquellos 12 millones de refugiados alemanes que a finales de la Segunda Guerra Mundial tuvieron que abandonar sus hogares en el este del Reich alemán.
Pero el mayor problema parece ser que la CDU no se ha dado cuenta de los cambios que se han dado en la propia sociedad alemana. Nadie menos que su fundador Konrad Adenauer (KAS) le acaba de advertir de su gran error cuando discute sobre qué imagen de familia tiene que divulgar hoy en día. En su reciente estudio la fábrica de pensamiento de la CDU llega a la conclusión de que la mayoría de los alemanes sigue considerando que madre, padre e hijo(s) son una familia, pero al mismo tiempo se aceptan todos los demás modelos de familia o sea los que componen parejas de hecho, independientemente de que si son heterosexuales o homosexuales. El estudio recuerda que hasta 1972 estaba prohibido, por ley, alquilar un apartamento a una pareja no casada. «La política de familia necesita una reorientación que refleja la realidad social y que acepta los diferentes modelos de vida», concluye la KAS.
Reconocer este hecho y sacar sus correspondientes conclusiones sí supondría un viraje ideológico para la CDU, sobre todo si se tiene en cuenta que justo en el ámbito de la euroescéptica Alternativa para Alemania (AfD) se ha establecido una corriente fundamentalista que elogia y defiende el ideal de la familia heterosexual y cristiana.
El auge de este nuevo partido, que, según las encuestas, se consolida como factor político, supone un reto para la CDU. El jefe de su grupo parlamentario, Volker Kauder, prohibió cualquier contacto con la AfD. Pero su diputado Wolfgang Bosbach, un moderado del ala derechista, se sentó en un plató de televisión para discutir con el mediático líder de la AfD, Bernd Lucke, sobre política europea. Quedó patente que no había gran diferencia entre ambos políticos.
«Los nuevo liberales»
Mientras tanto, en el land de Hesse, la CDU va por otro sendero, experimentando la colaboración con los Verdes. El partido ecologista aún está buscando su lugar en el nuevo panorama político sin su eterno rival, el Partido Liberaldemocrático (FDP), que no regresó al Bundestag en 2013 y que está a punto de desaparecer. Hasta ahora el FDP proporcionaba al SPD o a la CDU los votos necesarios para gobernar. Ahora los Verdes quieren ser «los nuevos liberales» Para ocupar este lugar están dispuestos a pagar casi cualquier precio. En el tema de Ucrania, niegan rotundamente el papel jugado por el neofascista Sector Derecho (Pravy Sektor) en el cambio de régimen de Kiev.
En un debate parlamentario, la diputada del Die Linke (La Izquierda) Sevim Dagdelen le recordó a la jefa del grupo de los Verdes, Katrin Göring-Eckardt, la cita de Bertolt Brecht: «Quien no conoce la verdad, es solo un tonto. Pero quien la conoce y la llama mentira es un criminal».
La cúpula del Linke se distanció públicamente de estas palabras. A pesar de las obvias diferencias que existen entre el partido izquierdista, los Verdes y el SPD, en materia de política exterior las tres formaciones quieren mantener los canales abiertos para poder formar un tripartito algún día.
Con tal fin mantuvieron un encuentro los dos presidentes del Linke, Katja Kipping y Bernd Riexinger, con su homólogo del SPD, el vicecanciller Sigmar Gabriel. La reunión tuvo lugar a puerta cerrada, pero Merkel estaba al tanto de lo que hizo su socio. Aunque más importante fue lo que dijo el lugarteniente del grupo parlamentario del Linke, Dietmar Bartsch, a la prensa. Según él, una coalición con el SPD requiere un ambiente anti-Merkel, soluciones para los problemas sociales y alianzas políticas de las tres formaciones en municipios y länder. «Por la política exterior no fracasaría ninguna coalición», añadió el político que se inclina más hacia posiciones socialdemócratas que a socialistas. Kipping definió como condiciones para una coalición una subida de los impuestos «para ricos y trusts», un programa contra la pobreza en la vejez y una «pacífica política exterior». En otoño, en Turingia se verá si el SPD está dispuesto a dar su brazo a torcer para que el Linke pueda gobernar su primer land desde la caída del Muro.
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