Iratxe FRESNEDA
Periodista y profesora de comunicación audiovisual
Udate

El avión de los sueños

Solamente el simple hecho de pronunciar su nombre en voz alta me pareció evocador. Winnie Mae es uno de esos nombres que parecen ser portadores de historias interesantes. Puedo imaginar muchas Winnie Mae distintas. Una de ellas puede ser una muchacha de campo, algo salvaje, algo locuela. Otra una pendenciera que sobrevivió a los años de la prohibición del alcohol en los suburbios neoyorquinos o tal vez una de esas chicas soñadoras que pasan desapercibidas en cualquier pueblucho del medio oeste. Puedo imaginar muchas vidas para Winnie Mae, el nombre lo merece. Seguramente una más que interesante fue la que ella misma protagonizó cuando adoptó la forma de avión y surco los cielos, dando la vuelta al mundo durante el verano de 1933 acompañada de Wiley Post. Winnie Mae era también el nombre de la hija del señor Post, el piloto, le puso su nombre. Supongo que tuvo que ser toda una aventura ver el mundo desde a vista de pájaro hace ya casi un siglo. Atravesar las nubes, volar en solitario e ir conquistando cada etapa. Desconozco si alguien más les cuenta a sus hijas las aventuras de este avión de formas redondeadas, blanco y de madera, hecho cuando volar era una aventura y un desafío. En mi casa, por las noches, estos días, Winnie Mae revive sus andanzas y mis hijas escuchan preguntonas. Les cuento que Winnie Mae arrojar flores y chocolatinas mientras deja una estela similar al arco iris y que sonríe cada vez que regresa a tierra para repostar y arreglar alguna que otra avería. Tenemos suerte de poderles contar un cuento, cantarles, cada noche, a nuestras hijas. Aunque solo sea eso y falten otras cosas y la vida siga siendo complicada. Ojalá que los únicos miedos de los niños por las noches fueran creados por las historias de «Otsoa Benito» y se espantaran con las de Winnie Mae, el avión de los sueños.

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