«Palabra de vasco», nuevo sistema de contrato

Sin querer desmerecer la acreditada buena fama ganada por la «palabra de vasco», no parece ser esta la mejor fórmula para la ejecución de millonarias obras públicas. Aunque al mismo tiempo cabe reconocer que visto el cúmulo de irresponsabilidades que se amontonan en la construcción de la llamada «Y vasca», ya poco puede sorprendernos. Si se construye un puente de 7,9 millones en Zaratamo, sabiendo que antes pasará un camello por el ojo de una aguja que un tren por allí, tampoco extraña que entre el Gobierno de Lakua y la Diputación de Gipuzkoa, gobernadas ambas por el PNV en aquel momento, se dijeran en 2007 eso de «vete cambiándome los pilares de ese viaducto para que quepa una estación del TAV que luego ya te lo pago en algún otro sitio». Así, sin contrato ni nada. Como si entre vascos, sobre todo siendo todos del Partido, no hicieran falta estas formalidades burocráticas.
Quizá todo esto tenga una explicación racional que a la vista de los datos obrantes hasta el momento no alcanzamos a atisbar, pero con la limitada luz que tenemos da la impresión de que para llevar adelante determinados proyectos faraónicos todo vale: cementeras ilegales para mayor beneficio de los constructores, túneles que son seguros hasta que se derrumba parte de su interior y enormes viaductos que amenazarán ruina antes de soportar el peso de un tren.
¿Y todo esto para qué? Habrá que creer que porque sus impulsores consideran que la construcción de la «Y vasca» es lo mejor para vascos y vascas. No hay que pensar mal, pese a los antecedentes de ADIF con Corsán-Corviam en el Ave a Barcelona... ¿Barcelona? ¿Catalunya? ¿Herencias ocultadas en Andorra? Nada, nada. Ni pensar en eso. Aquí no. Palabra de vasco.

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