La Quincena Musical transforma Donostia en un gran auditorio
Música al aire libre, recitales de canto, danza, teatro, fuegos artificiales... La Quincena Musical donostiarra celebró ayer con entusiasmo su Jornada Inaugural, con un total de 17 espectáculos que tomaron los rincones más carismáticos de la ciudad. Pero entre todas las propuestas destacó la gran cantata «La Condenación de Fausto» de Berlioz, que el Orfeón Donostiarra y la Orquesta de Toulouse interpretaron en el Kursaal.

La Quincena Musical de Donostia arrancó ayer con su tradicional despliegue de música por todos los rincones de la ciudad. Pero la de este año, en que se conmemora el 75. aniversario del festival, fue una Jornada Inaugural especialmente festiva, con un total de 17 espectáculos -4 de ellos en residencias de ancianos- de los más variados estilos y formatos, desde la música de calle a la danza y el teatro. La idea, que expuso José Antonio Echenique un par de días antes, era la de transformar la ciudad en «un gran auditorio». Y Lograron su objetivo con una importante asistencia de público, a pesar del cielo oscuro que amenazaba con arruinar las numerosas actividades al aire libre.
Aunque el pistoletazo de salida lo dio a las 12.00 el grupo de percusión Perküten Dúo, que hizo resonar obras de Zivkovic, Paganini, Consentino y Albéniz en la Plaza de Sagastieder de Intxaurrondo, el grueso de espectáculos llegó por la tarde, a partir de las 17.30. A esa hora, la banda Metaleak Brass iniciaba su actuación en el parque de Cristina Enea, precioso marco que es aprovechado años tras añor por la organización. El quintento, compuesto por alumnos de Musikene, escogió un programa que comenzaba con delicadas obras renacentistas de Byrd y Susato, para saltar luego en el tiempo hasta Ravel y los animados ragtimes de Scott Joplin. A la misma hora, en la Plaza Zuolaga, frente a San Telmo, se subían a escena otros protagonistas muy distintos: los niños de «Musika bai!», las colonias musicales que organiza cada año el pianista Xabier Lizaso en colaboración con la Quincena Musical. Estos jóvenes músicos, algunos realmente pequeños, hicieron las delicias de padres y curiosos con diversos números en los que bailaron, cantaron y tocaron sus instrumentos.
Un poco más tarde, a las 18:00 en la Sala Gandhi del Palacio de Aiete, la prometedora soprano Teresa Albero y el pianista Erik García daban comienzo a un interesante recital de lieder y canciones. Tras interpretar en francés y alemán melodías de Duparc y Richard Strauss, Albero se adentró en un repertorio que se le da especialmente bien, el de canciones españolas de Granados, Sorozabal y Turina.
Una hora más tarde, a las 19.00, los espectáculos comenzaron a proliferar con varias propuestas simultáneas en distintos puntos de la ciudad. En la Iglesia de Zorroaga, cerca del estadio de Anoeta, actuaba el Donosti Ereski Abesbatza bajo la dirección de Jon Aizpuru, con un programa en recuerdo a Juan Urteaga en el que se pudieron escuchar varias creaciones de este organista y compositor donostiarra de adopción, fallecido en 1990. En el otro extremo de la ciudad, en la Parte Vieja, el canto volvía a hacerse valer en la sede del Orfeón Donostiarra. Por su escenario desfilaron los alumnos de canto de IV Curso de Técnica Vocal que imparten Ana Luisa Chova y Carles Budó, que cantaron algunas de las páginas más conocidas del repertorio lírico. Y también a las 19.00, en la calle Urdaneta, el Perküten Dúo volvía a poner en marcha su espectáculo de percusión callejera.
Dantzaz
Las 19:30 fue la hora de la danza en esta Jornada Inaugural. Ante una numerosa congregación de público, la Dantzaz Konpainia, que dirige Adriana Pous, bailó dos hermosas piezas: «Things I told nobody» del prestigioso coreógrafo israelí Itzik Galili, y «Few brief sequiences», una expresiva propuesta del polaco Jacek Przyby owicz sobre música barroca de Marin Marais, que ya se pudo disfrutar en Donostia en el 2012.
Otro tipo de danza muy distinta tenía lugar en el Museo San Telmo, en cuyo claustró comenzó a las 20.00 el espectáculo «Hots larretan». Con música de Juan Mari Beltrán y poemas de Andoni Salamera, y bailado por Kukai Dantza Konpainia, fue una bella sinfonía compuesta por sonidos, rítmos, músicas y danzas, basada en melodías y cantos que surgen de los campos y rincones de Euskal Herria.
A las ocho comenzó asimismo en el Kursaal el concierto más potente de la Jornada Inaugural y uno de los platos fuertes de esta edición de Quincena. Allí se reunieron la Orquesta Nacional del Capitolio de Toulouse, el Orfeón Donostiarra y el Orfeoi Txiki a las órdenes del joven director ruso Tugan Sokhiev. En programa, «La Condenación de Fausto», una gran cantata de tema demoníaco que Berlioz describió como «una ópera sin decorados ni disfrazes», y con la que el Orfeón y La Fura dels Baus triunfaron en el Festival de Salzburgo de 1999. Entre los cantantes se contaban algunos tan importantes como Bryan Hymel o Julie Boulianne. Daremos cuenta de los detalles del concierto en nuestra crítica de mañana.
Aunque la mayoría de los melómanos donostiarras estaban ya entre los muros del Kursaal para asistir al gran espectáculo sinfónico-coral de Berlioz, a la Jornada Inaugural aún le quedaban un par de sorpresas nocturnas para aquellos que paseaban cerca de las playas donostiarras.
A las 20.30 en la terraza del Náutico, y con la incomparable estampa de la bahía de La Concha como telón de fondo, el pianista Arkaitz Mendoza daba comienzo a «Nocturnizando», un original acercamiento a los nocturnos de Chopin a través de las poesías que Harkaitz Cano escribió en torno a estas soñadoras piezas, y que tuvo al sol, que se fue poniendo durante el transcurso del concierto, como actor destacado. Ya entrada la noche, la música cambió de playa para irse a la de la Zurriola. Allí, en las terrazas del Kursaal, dio comienzo el último espectáculo de la jornada, «Veles e vents», de la compañía Xerxe Teatro. Una sorprendente producción que se estrenó durante la inauguración del Canal de la Mancha y que a través de la música, el movimiento escénico, las luces y los fuegos artificiales dio vida a una travesía por un mar idílico pero también apocalíptico.

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