Kiosco
El bien y el mal. ¿Hay alguna diferencia?». Es el gran titular del número de agosto de una de las 3 o 4 revistas de filosofía con que me he topado. De caza y/o pesca he visto unas doce, una de ellas un gran especial: «Todo sobre la lubina». Punto, ganchillo, patchwork, punto de cruz y otras disciplinas textiles, al llegar a quince lo he dejado; el kioskero me cuenta que salió una revista de ganchillo para hombres, eso sí, de efímera existencia. Y es que los exhibidores de las tiendas de revistas son todo un retrato social. Ciertamente inquietante. Innúmeras revistas sobre soldados, ejércitos y marcialidades varias -de títulos espeluznantes-, así como de armas de todo tipo. Enigmático el montonazo de revistas mensuales sobre embarazo y bebés. Aluvión de revistas sobre esa moda absurda de correr, o sobre bicis y deportes afines, o sobre motos y motorismos varios, o sobre automóviles, motor y carreras. Élite, dirigentes, emprendedores son palabras clave en los títulos de las decenas de revistas dedicadas a los negocios, la economía especulativa o directamente al lujo. Se trata de hacer músculo. De ahí el desfile de revistas dedicadas al culturismo, fitness y machaques físicos más o menos perversos. Sea como fuere, el rey es la cocina, gastronomías y vino suman un informe y abundoso número de revistas. Vaya empacho. Y qué decir del boom de la historia, o de los viajes y las bellas geografías, o de los gadgets y las pantallitas y la red, o de los tatoos, o de la vida sana, o de la sicología pret-a-porter, o de los enigmas más o menos parasicológicos... Me he encontrado tres revistas dedicadas ¡a la aviación! Cine, sí; música, hasta por géneros y para elegir. Teatro, nada, ni una. Literatura: «Leer» y «Qué leer» -qué desbordante imaginación-, y en un punto de venta, «Quimera»; me cuenta el kioskero que trae tres, y una es la mía. Lo dicho, inquietante.

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