Texto: Jakes PARROU / Foto: Juan Carlos RUIZ A. PRESS
UDATE | Donostiako Aste Nagusia. A vista de catalejo

La Parte Vieja, entre Ibiza y e Goierri

Las escaleras que van del muelle a Santa María, con el Akerbeltz en la cima ofreciendo parada técnica, no solo comunican La Flamenka con la zona guay, qué va. Es mucho más, es como saltar de un planeta a otro en la galaxia de Aste Nagusia. Años luz de distancia en 50 metros, incluyendo subida y bajada.

La cerveza pierde gas y el kalimotxo ha desaparecido directamente. A cualquiera le sueltan allí, en los bares de la zona de la basílica, y parece que lo han teletransportado a Ibiza. Fiesta fashion para corresponder al ¿tópico? del glamour donostiarra. Tacones demasiado altos para patear calles mojadas con tropiezos de cristal, gomina hasta el último pelo de la patilla e incluso alguna corbata improcedente (y no es disfraz). Pero sobre todo ginebra, mucha ginebra. Entrando en la Parte Vieja por Portaletas también asoma mucho figurín y figurina. ¿Una boda o van siempre así?

Catalejo a la derecha y allí aparece otro área del parque temático parteviejero. La Ikatz no pasa de moda -jaleo y multitud, pancartas y pegatas, rock y euskal musika, litronas y bokatas-. Pero sí que muda de piel cada año. Algunos viejunos resisten como campeones, convertidos ya en auténticos míticos, pero son más los nuevos parroquianos, 17 años, 16, 15, 14, 13... Todavía no es muy tarde y ya llega una ambulancia de la Cruz Roja. Todos los ojos se vuelven buscando quién es la víctima, pero ver la sirena tiene un efecto revulsivo inmediato para el chaval, que salta como un resorte y se aleja a trompicones: «Ondo nagoela, joder, ondo nagoela!». Ten amigos para esto. La ambulancia se vuelve de vacío, mejor que mejor.

A decir verdad, más perjudicados que el mozo están unos cuantos turistas despistados por Juan de Bilbao, alguno todavía con la toalla al hombro. A ver, forasteros, un par de nociones básicas. Una, en las tascas donostiarras de toda la vida no hay mojito. Y dos, sí hay fritos de gamba y croqueta, pero no a las 4.00 de la mañana, chavalotes. No parece importarles mucho, porque se terminan conformando con cuato cañas mal tiradas en vasos de plástico.

Luego flipan un rato con la romería de la Consti y hasta intentan entrar en la kalejira, pero sin demasiada decisión. Y es que apenas tres calles más allá de Ibiza está el Goierri. Sidra y vino al poder. Familias enteras bailando, desde amonas de 70 bien pasados a txikis de 4-5. Un pirata local intenta allí hacer de irakasle a un australiano surfista, pero a este no le acaba de convencer que «ak» sea terminación del plural. El caso, lo importante, es que acaban cantando juntos a Bob Marley: «One love, one heart, let's get together and feel all right».

Para entonces otra ciudad, la Donostia-Benidorm, ya duerme tras los fuegos, el helado y el «tercer tiempo», que es la cola interminable del autobús.