Una horda naufraga en La Concha
Una caterva de sirenos y lobas de mar se lanzaron al puerto de Donostia a despejar la resaca. Milagrosamente, llegaron hasta la orilla, aunque la mitad de las embarcaciones no daban ni para media ciaboga. Al final, buena parte de ellas tocaron arena de la playa, otra cosa fue en qué estado. Fue un fiestón.

A decir verdad, ningún foráneo hubiera acertado el motivo por el cual miles y miles de personas se asomaban ayer por la tarde la playa de La Concha. Todos esperaban la llegada de los restos de un montón de piratas trompas, subidos a maderos precariamente unidos en un remedo de balsas que pedían a gritos el suicidio de más de un ingeniero. Y que, sin embargo, flotaban. Todo el mundo festejó su llegada con una normalidad pasmosa, sobre todo teniendo en cuenta de que lo que llegaba era un montón de «majaras».
Desde bien pronto, por los bares de la Parte Vieja de Donostia asomaban remos y bolsas de bridas desde las ventanas. Sobre las aceras había que sortear las esquinas de los palés. En cualquier recodo, los piratas juntaban garrafones para construir sin ningún gusto ni sensatez sucedáneos de embarcaciones que confundían la proa con la popa.
Algunas de ellas no eran más que meras excusas para lanzarse al mar y encaramarse a barquichuelas un poco más firmes de los piratas rivales. Algunos perros viejos se habían guardado el navío de un año para otro, como el Aldamaran, que tenía hasta velamen (una ikurriña y un banderola de los presos). En la popa se sostenía en pie un bigotudo californiano llamado Grigory. Era su primera vez. «No entiendo nada», fue su única frase más coherente. Por lo general, se limitó a lanzar gritos mientras se cimbreaba guardando el equilibro.
A diferencia del Aldamaran, la mayoría de los ingenios estaban diseñados para usar y tirar. El bochornoso espectáculo que se veía sobre las garrafas contrastaba sobremanera con la actitud de quienes les esperaban en la playa. La gente les recibía en la arena casi como héroes, pese a que su única gesta memorable fue sobrevivir al tímido oleaje en esas barcas con diseño menos sofisticado que una almadía que cruza por Burgi.
Y, pese a todo, había reglas. Nada de hierros ni de clavos, por aquello de ser ecológicos. Una cuadrilla adolescente vio cómo su sueño naufragó antes de salir a la mar por haber empleado un somier para la estructura. Tuvieron que conformarse con lanzarse al agua con manguitos y flotadores. Pero bastó con abordar a los de al lado para que el disgusto se disipara. «Eso sí, tenemos pocas latas, eh, ¿traéis vosotros?», era la fórmula que se usaba como santo y seña. Una cerveza servía de moneda de pago, al igual que el ron en el Caribe, y bastaban un par de latas para ser recibido como un tripulante de toda la vida sobre cualquier palé, independientemente del aforo máximo que tuviera para seguir a flote.
Domando lo indomable
Pese al disparate intrínseco al acto, la seguridad fue extrema, a veces incluso sonando a excesiva. Que si un seguro de responsabilidad civil, que si una pulsera al estilo discoteca de Ibiza... Si se compara con las fiestas hermanas de San Fermín, donde basta una sonrisa para ponerse delante de seis morlacos de 600 kilos, aquello era demasiado. No obstante, al final, su aplicación era lo suficientemente laxa como para que, si alguien quería saltar, saltara. Eso sí, vigilancia hubo y si alguien salía de la norma, aparecía gente de la organización hasta de debajo del agua.
Todo pareció fluir con excesiva naturalidad, como solo pasa cuando hay un trabajo inmenso detrás. Además del empeño que cada uno puso en lanzar sobre la mar un cacharro que flotara, desde bien pronto el puerto y La Flamenka acogieron un ir y venir de gente trabajando para que todo funcionara.
El abordaje se mueve ahora entre convertirse en un acto institucionalizado y asumid0 por toda la ciudad o mantenerse como rebeldía pura. Lo cierto es que en la playa esperaban a esa horda personas de cualquier tipo, desde las que usan collar de perlas hasta quienes padecen de urticaria nada más ver una ostra de Arcachon. Es el acto que da vida al día e identidad a las fiestas. El abordaje triunfa entre los que participan y los que solo acuden a reírse un rato viéndose como esa chapuza de junturas se deshace en el agua salada. Que las fiestas de Donostia se reducen a ver los fuegos y comerse el heladito es ya tópico. Hoy por hoy, los rebeldes piratas asaltando La Concha son lo más llamativo de las fiestas.
Eta ostegunean, haurren txanda abordatze txikian
Atzokoan uste baino zakarxeago zebilen ura, eta nahi baino altuago olatuak. Horregatik, Kontxarako hondarrera heltzeko arazoak izan zituzten abordatzean parte hartu zutenetako batzuek, hipotermiak zirela-eta, baina ezer larririk ez. Gurutze Gorria eta DYA bertan ziren, adi, edozein ezbeharren aurrean osasun laguntza emateko. Kontuak kontu, piratek osatutako tropel ikaragarria asko luzatu zen atzokoan eta banaka-banaka heldu ziren guztiak helmugara, pilatu gabe. Neskez osatutako talde bat izan zen kaitik hondartzarako bidea egiten lehena, hogei minutu eskas behar izan zituzten; azkenak, aldiz, 19.00ak ederki pasata oraindik ere uretan ziren, arraunei eman eta eman eta behar izatekotan igeri egiten ere.
Aurtengo abordatzea, baina, ez da amaitu, ostegunean txikienen txanda izango da-eta. Pirata Bihurrien eskutik sortutako abordatze txikia gozagarri ederra izan da aurreko bi urteetan, bai haurrentzat bai eta aita-amentzat ere, eta aurtengoan errepikatu egingo da.
Pirata handien antzera, luzea izango da eguna, kasu honetan baltsa muntaketa errazagoa izan arren. Izan ere, txikiek, handiek bezalaxe, La Flamenkan sabela beteko dute uretara salto egin aurretik, beraien gustuetara moldatutako menua dastatuz. Gero, 17:00ak aldera, itsasoratzeko ordua helduko da. Ea eguraldia iazkoan bezala txintxo-txintxo portatzen den...
Bestalde, haurrentzako jai egitarauak badu La Flamenka gunean zer eskaini. Honela, gaur bertan, 12.00etatik hasita, tailerrak izango dituzte txikienek kaian; eta bihar, 11.00etatik aurrera, jolas klasikoak izango dira toki berean, Pirata Bihurriek antolaturik.
Ostegunean, egun handian, herri bazkaria eta abordatzearen aurretik egingo den Jolas Erraldoia iragarri dituzte kaian («pirataz janzteko ordua», antolatzaileek aurrerapen gisa zehaztu dutenez). Buruhandiak helduko dira gero, 12.30ean, eta entzierro txikia korrituko da, Ikatz kaletik abiatuta, 13.15ean. Eta ostiralean eta larunbatean ere, parrandarako aukera ugari, igandeko Irrikitaldiarekin hurrengo urtera arte agur esan aurretik.
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