Carlos GIL
Analista cultural
Udate

Catálogo

Hemos perdido la batalla del lenguaje. Utilizamos palabras ajenas al mundo de la cultura que acaban corrompiendo todo los verbos y algunos sustantivos. Producto, gestión, industria, porcentaje de ocupación. Y tantos otros vocablos o conceptos que provocan náuseas escribirlos fuera de su contexto militar o financiero. Las empresas se agrupan y bloquean los convenios. Los paros patronales tienen más poetas que les escriban que las inexistentes huelgas de los trabajadores asalariados de la cultura. También conocidos como artistas por cuenta ajena. Un mundo al revés, pero siempre a favor de lo mismo: la laminación de derechos y proyectos que escapen del control de las maquinarias coercitivas que acaban haciendo una cultura de catálogo. Y por catálogo.

No parece existir otro impulso que el mercantil. Tanto ingresas tanto vales. Se intenta fortalecer una de las tautologías más nefasta para una idea de la cultura adecuada a nuestros tiempos: todo lo que interesa a mucha gente, de manera masiva, es bueno. Por lo tanto lo debemos promocionar e invertir los recursos públicos en estas iniciativas privadas. Puede existir una contra: lo que tiene respuesta masiva, es malo por definición; lo bueno es lo que solamente comprendemos cuatro o cinco. Esto tampoco. Analizando con un poco de rigor, todos sabemos distinguir una cosa de otra.

El receptor de toda acción cultural es la ciudadanía. Hombres y mujeres que son potenciales espectadores, oyentes, visitantes de museos. No públicos, ni meros clientes, sino ciudadanos libres que pueden elegir y deberían tener la posibilidad efectiva de intervenir en los catálogos que se les ofrecen

Honi buruzko guztia: Udate