No es fiesta para gandules

Ayer ha salido tontito: cielo gris fundido a negro, resaca de espanto después del abordaje y unos cuantos catarros por el remojón. Más las agujetas que dejaron las olas, porque hubo quien tuvo que pelearse un par de horas con ellas hasta tocar tierra, gente de secano sin duda, porque a la fiesta pirata vinieron colegas de toda Euskal Herria, hasta los más inhóspitos secarrales riberos. Así que hoy toca gandulear un poco, al menos hasta que empiecen a atronar las elektrotxarangas a media tarde. Qué le vamos a hacer, todas las jaias tienen su etapa de descanso, algunas incluso institucionalizada en el programa, elegantes que son.
Eso sí, siestatxo sin arena. Otros años este catalejo enfocaba La Kontxa, Zurriola y Ondarreta y allí andaban miles de parrandazales durmiendo la mona, unos con reponedora botella de agua al lado y otros con estimulante lata de cerveza bajo la toalla, para no perder el tono. Pero este año se jodió. Salvo el domingo, que muchos y muchas prolongaron la gaupasa a flote, haciendo el muerto frente al solazo, no apetece mucho. En cambio, enfocando a la zona universitaria de Ibaeta veo unas tropecientas mil doscientas diecisete caravanas, todas bien llenas de dormilones.
Hay algunos tan gandules que lo predican en el nombre. En bata y zapatillas aparecieron en el kiosko del Boulevard un par de maños para poner el puntillo friki a la fiesta. El surrealismo alcanzó una de sus cimas cuanto entonaron el hit ``Obstetricia en Bucarest'', dedicada a un ginecólogo rumano. «¡Y por esto nos pagan, amigos!», se jactaron tras el último acorde.
Entre medio se descojonaron a gusto de todo quisqui, desde Mocedades a Miley Cyrus pasando por el TAV, la Ertzaintza, los anuncios de Rastreator y el programa ``El hormiguero'' («solo hasta que nos inviten, luego serán guays», matizaron). La gente del público, y allí no estaban los más animados del Mississipi precisamente, se echó unas carcajadas, que es de lo que se trataba. Así, entre vacilada y vacilada, Los Gandules parodian todo lo que se menea, incluidos tótems nuestros como el ``No hay tregua'' de los Barri. Para oír música buena rebuena, eso sí, había que acercarse a La Flamenka con Berri Txarrak o emigrar a Sagues con Belako y We Are Standard.
O sea, que en la noche opciones había, pero como hay gente pa tó, al cruzar el puente del Kursaal alucinabas con tres soseras tratando de captar con sus cámaras el cálido reflejo de la luna llena sobre las pálidas aguas del río Urumea con tonos de marea baja a la textura de la piedra y con salpicones de rechoncho corcón cantábrico.
Había que ver la cara de aburrida de la novia de uno de ellos esperando impacientemente al aspirante a artista. ¡Vete a cascarla, hombre, que el marco incomparable no lo quitan en todo el año y las fiestas solo duran ocho días!

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