El singular castillo de Ilbarritz pasa a manos de un no menos singular hombre de negocios
Hace meses que corrían rumores en la costa labortana. El emblemático edificio situado en la cima de Ilbarritz, en la localidad de Bidarte, estaba por enésima vez a punto de cambiar de propietario. Ahora ya es oficial. Bruno Ledoux, hombre de negocios de 49 años que ha hecho fortuna en el sector inmobiliario es, desde finales de junio, el nuevo dueño.

Hay bienes inalcanzables para los bolsillo del común de los mortales. El castillo de Ilbarritz es uno de ellos. Edificado hace 120 años por un acaudalado -y algo chiflado- aristócrata, acaba de ser adquirido por un hombre de negocios multimillonario. Solo que en vez de gozarlo con su amante (bien es cierto que poco tiempo, como lo hizo su constructor, el barón de l'Espée, el actual propietario va a invertir unos cuantos millones más de euros para dedicarlo a la hostelería, obviamente de alto nivel.
El castillo llevaba tres años en venta y pertenecía a la Chaîne Thermale du Soleil y a los herederos de Adrien Barthélemy, fundador de la cadena termal en los años 60. Ledoux es, él mismo, el heredero del fundador de la Sociedad Minera y Metalúrgica Peñarroya, convertida posteriormente en Metaleurop.
La compra del castillo de Ilbarritz no ha sido la última de las grandes operaciones financieras en las que ha participado. Hace tan solo dos semanas, Bruno Ledoux anunciaba que, en su calidad de presidente del holding del grupo Libération, Presse Media Participation (PMP), había firmado una ampliación de capital de 18 millones euros, -aportados en su mayoría por otro millonario, Patrikck Drahi, patrón de Numéricable y pronto de SFR- para el diario del mismo nombre, del que ya era uno de los accionistas principales desde 2011.
«Gracias a esta refinanciación, `Libération' está a salvo y se abre una nueva etapa en la historia del periódico», manifestó. El diario, conocido por su línea crítica, atraviesa la crisis más grave de su historia debido a la importante caída de ventas y problemas de liquidez.
De hecho, los empleados y periodistas del cotidiano mantienen un pulso constante con Ledoux, cuyo objetivo es transformarlo en profundidad e integrar ``Libération'' en un grupo diversificado compuesto por contenidos multimedia, redes sociales e, incluso, una televisión. En su edición diaria, los trabajadores denuncian su disconformidad con ese proyecto mediante una banda que reza ``Somos un periódico''.
Diversidad de usos
Volviendo a Ilbarritz, la intención del multimillonario sería la de instalar un hotel de lujo y un restaurante, además de un bar algo más asequible para el gran público. Para ello tendrá que realizar importantes obras que durarán unos dos años. Ha encargado un proyecto al diseñador y amigo suyo Ora Ito.
Será otra actividad más en la historia del singular castillo construido en tan solo tres años (1894-1897) por el caprichoso barón Albert de l'Espée, que ni siquiera esperó a terminar el conjunto del dominio de 60 hectáreas para instalarse. En 1896 ocupó el edificio de la parte oeste, la que se dedicaría a las cocinas.
La propiedad constaba de catorce dependencias y anexos que concordaban con las extravagancias de su dueño: perreras, vaquerías, cocinas alejadas para no molestar a los moradores con los olores, pabellón medieval, pabellón chino, un lago alicatado para que se pudieran ver mejor las carpas, una cueva que hizo excavar frente a la playa e, incluso, una pequeña central hidroeléctrica construida transformando un antiguo molino cercano del siglo XVII (Borquedis) y que alimentaba el conjunto en 220 V.
La arquitectura de este cubo de cuatro plantas también resulta peculiar. Los balcones constituyen los puntos de sujeción para el armazón, que soporta el tejado de cinco cubiertas superpuestas (roble, zinc contra las filtraciones de agua, gres vitrificado, amianto en previsión de incendios y tejas llanas enganchadas a una red metálica para evitar que se las llevara el viento).
Pero el nuevo juguete del barón, que poseía varias villas y casonas en diferentes lugares de la geografía francesa, no lo entretuvo por mucho tiempo. En un arrebato después de haber sufrido un desengaño amoroso con la actriz Bian Duhamel, lo puso en venta a los dos años, aunque, en realidad, no se deshizo de él hasta 1911. Lo adquirió Pierre-Barthelémy Gheusie, un escritor de obras de teatro que estableció allí una sociedad inmobiliaria.
Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, el castillo de Ilbarritz se convirtió en hospital hasta 1922. Después fue pasto de saqueos y sufrió grandes deterioros. De 1936 a 1939, la municipalidad de Bidarte hospedó allí a refugiados que huían de la guerra desatada por Franco. Junto al palacio del barón se encuentra el edificio de la Roseraie, donde estuvo ubicado el hospital del Gobierno Vasco en el exilio y que albergó a los refugiados convalecientes de la refriega de 1936.
Hasta los nazis
El 20 de junio de 1940 fue el Ejército alemán quien ocupó el castillo. Pero, finalizada la Segunda Guerra Mundial, los nazis lo abandonaron y se convirtió en una granja hasta 1958. Aquel año el matrimonio Massiaux compró el castillo y lo transformó en un hotel de lujo para veraneantes que estuvo en funcionamiento unos 25 años.
Ya en los años 90 es la Cadena Termal del Sol la que lo adquiere y la que acaba de vendérselo a Ledoux para su proyecto de restaurante de lujo.
Unidos por la originalidad
Habrá que ver si el nuevo propietario supera en excentricidad al barón. Desde luego, de entrada tiene algunos puntos. Y es que, además de empresario y avezado negociante, Ledoux ejerce como productor de largometrajes, organiza expediciones insólitas a la selva africana o indonesia para encontrar a tribus pigmeas o papús y colecciona muebles, objetos y documentos históricos originales de gran valía. De hecho, posee una de las colecciones privadas más importantes consagradas a la Revolución francesa, al emperador Napoleón I y a las dos Guerras Mundiales.
Hace un año, añadía a su impresionante colección documentos inéditos que pertenecieron a Adolf Hitler y que, en contra de sus órdenes, no fueron destruidos. Los conservó en secreto Martin Bormmann, consejero del Führer y considerado como el cerebro del partido nazi. Entre ellos se encuentran los únicos documentos conocidos (aparte de su testamento) con anotaciones y firmas del puño y letra de Hitler. Para mostrar todo eso al público, Ledoux ha adquirido el antiguo palacio del rey de Roma en Rambouillet, donde cuenta instalar su insólita colección.
Quizás un día pueda verse allí uno de los cinco tronos imperiales de Napoleón I que forman parte de la misma o la camisa que se le retiró a Luis XIV antes de que se lo llevaran al cadalso. O quizás traiga algunas piezas a Ilbarritz para, de esa manera, competir en originalidad con el adinerado noble que hizo alzar en el promontorio de 60 metros de la costa labortana este castillo que desafía con descaro al mar.
Los dos excepcionales órganos terminaron en París y en Usurbil
El barón de l'Espée, originario de Metz (en el noreste del Estado francés), poseía varios grandes dominios y era un fanático del órgano. De hecho, poseía varios en sus múltiples residencias. Pero su proyecto más delirante fue la construcción del castillo de Ilbarritz, ya que lo edificó expresamente para acoger un extraordinario órgano Cavaillé-Coll de 70 juegos y 5.000 tubos. La sala especial tenía una altura de dos plantas y el aristócrata había hecho instalar un sistema antiincendios con numerosas bocas de riego, «porque la casa que va a proteger mi órgano tiene que ser indestructible» decía, según relatan las crónicas de la época.
Como gran melómano que era, cuando anochecía, el excéntrico barón interpretaba, con las ventanas abiertas al mar, piezas de Wagner en su magnífico instrumento.
Cuando L'Espée puso en venta el castillo, el órgano fue vendido en 1903 en subasta, por un precio irrisorio (10% de lo que había costado) a Charles Mutin, sucesor de Aristide Cavaillé-Coll. Se dice que en la actualidad se encuentra en la basílica del Sagrado Corazón de Montmartre, en París.
Sin embargo, dos años más tarde, después de que desistiera de vender el castillo, L'Espée encargó otro órgano, también muy particular, al propio Mutin, que fue instalado en 1907 en Ilbarritz. Tres años más tarde, el barón vendió definitivamente el castillo, y con él el singular órgano, esta vez a Pierre-Barthelémy Gheusie, y que ya en 1920, tras la Gran Guerra, fue adquirido por un médico de Biarritz. Este solo se quedó con una pequeña parte del extraordinario órgano romántico. El resto, que constituía el grueso del instrumento, lo adquirió el pueblo de Usurbil, en cuya parroquia de San Salvador sigue funcionando hoy en día. Se trata de uno de los órganos románticos con mejor sonoridad que existen en todo el Estado. A.M.

El PNV cesa a tres ediles de Getxo imputados por el derribo del palacete

«A esta generación le toca poner las bases del Estado vasco»

«La única certeza es que el realismo de Trump nos lleva a la destrucción»

Cuatro grandes sombras oscurecen aún más la inoculación de vacunas caducadas
