Otra nieta, residente en Europa, logra recuperar su identidad
Alicia Zubasnabar de De la Cuadra, primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, falleció en junio de 2008 sin conocer a su nieta, nacida en cautiverio, ni el paradero de dos de sus hijos ni de dos yernos. Ayer, sus compañeras de búsqueda anunciaron el hallazgo de su nieta, a quien sus padres, Elena De la Cuadra y Héctor Carlos Baratti, quisieron llamar Ana Libertad. «Bienvenida Ana a tu libertad», manifestó una emocionada Estela de Carlotto.

Elena De la Cuadra, embarazada de cinco meses, y su esposo Héctor Carlos Baratti, militantes del Partido Comunista Marxista Leninista, fueron secuestrados el 23 de febrero de 1977 en la ciudad de La Plata cuando estaban en la consulta de una dentista.
«Ese día se la llevaron. Por lo que sé, ese mismo 23 de febrero por la noche la llevaron a la Comisaría Quinta de La Plata. Quienes le secuestraron hicieron un despliegue muy grande. Algunos estaban de civil, otros uniformados. La primera que salió con los brazos en alto fue Elena», recordó la propia Alica De la Cuadra en el libro «Botín de Guerra» de Julio E. Nosiglia.
Por testimonios de exdetenidos desaparecidos supo que Elena había tenido una niña a la que llamó Ana Libertad, que pesó 3,7 kilogramos, que el parto se produjo en la misma celda en la que la mantenían secuestrada, sin atención médica y entre los gritos de sus compañeras pidiendo ayuda. Madre e hija solo estuvieron juntas cuatro días.
Seis meses antes del secuestro de su hija Elena, Alicia presenció a las puertas de su domicilio la detención de otro de sus hijos, Roberto José, de 25 años, todavía desaparecido. En un intento desesperado por evitar que los militares se lo llevasen, negó ante ellos que fuera su hijo.
Los meses fueron transcurriendo y una mañana a finales de 1977, otra mujer en su misma situación, María Isabel de Mariani, tocó el timbre de su casa. Ambas eran de La Plata y buscaban a sus nietas. De aquella conversación que se prolongó hasta el anochecer nacería el embrión de las Abuelas de Plaza de Mayo.
«Su casa fue a la primera que fui para no estar sola. Nos reuníamos allí aún en dictadura y era la casa de donde se habían llevado a su hijo. Era una especie de desafío», recordó Estela de Carlotto en la comparecencia que tuvo lugar el viernes en la sede de Abuelas en Buenos Aires para dar a conocer este nuevo hallazgo, que se produce a menos de tres semanas de la de Guido, el nieto de De Carlotto.
La de Ana Libertad es, además, la primera restitución en la que han participado conjuntamente y de manera coordinada las Abuelas, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), la Unidad Especializada en casos de Niños Apropiados durante el Terrorismo de Estado, creada por la Fiscalía en 2012 a instancias de las Abuelas, la Dirección de Derechos Humanos de la Cancillería y el Banco Nacional de Datos Genéticos.
En 2010, las Abuelas y la CONADI recibieron a través de un e-mail anónimo una denuncia con información sobre una joven que podría ser hija de desaparecidos. Tras una investigación documental, tal y como explicaron las Abuelas en un comunicado, el caso fue remitido por la CONADI el 26 de febrero de 2013 a esta unidad especial de la Fiscalía, que en agosto de ese año formalizó la denuncia, con una petición de extracción de sangre. Al enterarse de la existencia de este expediente, la joven, que reside en Europa, aceptó realizarse voluntariamente el examen de ADN para lo cual el 25 de abril de este año se presentó en el consulado argentino. La muestra llegó a Argentina el 8 de mayo en una valija diplomática. Tras analizarla, el Banco Nacional de Datos Genéticos confirmó que se trataba de la hija de Elena y Héctor.
«No es el primer examen que se hace en el extranjero. Hace años logramos evitar el traslado al país de quienes dudan. Trabajamos con la Cancillería para hacer una cadena de custodia legal y científicamente adecuada. Se han hecho muchos, también de familiares reclamantes. Este es el primer caso que da un resultado positivo, pero no es casualidad o suerte, es fruto de años de trabajo», resaltó Claudia Carlotto, titular de la CONADI.
Además de celebrar la noticia, las Abuelas apelaron a los medios de comunicación a relizar «un trabajo responsable, respetando la intimidad de las víctimas y los datos sensibles para que las investigaciones judiciales lleguen a buen puerto».
«Los hijos deben pagar la culpa de los padres»
«Muchas veces me he sentido desesperada e impotente ante esa muralla de silencio y negación total de lo sucedido. Pero nunca, nunca vencida y en todo momento con la convicción de seguir mi lucha hasta encontrar a todos los nietos y a mi nieta, hasta lograr su restitución a su verdadero hogar, hasta poder cobijarla en mis brazos, como querían sus padres», confesó Alicia Zubasnabar de De la Cuadra en «Botin de Guerra». Al igual que otras madres y abuelas, recurrió inúltimente a la Iglesia católica, entrevistándose con el vicario castrense monseñor Emilio Graselli. A través de sus otros hijos que estaban en Italia, el matrimonio de De la Cuadra entró en contacto con el padre Pedro Arrupe, entonces general de la orden de los Jesuítas, quien a su vez los remitió al representante provincial de los jesuítas en Argentina, el ahora papa Francisco. Estela, otra de las hijas de la fallecida Alicia, aún guarda la carta que Bergoglio le entregó a su padre y en la que le decía «claramente al obispo auxiliar de La Plata -Mario Picchi- que intercediera y se ocupara del caso». El propio Bergoglio declaró por escrito como testigo en el juicio por el plan sistemático de apropiación de niños durante la dictadura.
Desde su celda de la Comisaría Quinta, Héctor Baratti también intentó averiguar el paradero de su hija, Ana Libertad. En una conversación con el cura Christian Von Wernich, condenado a cadena perpetua por colaborar con los militares en las sesisones de tortura a los detenidos, le preguntó que «qué culpa» tenía su hija.
«Los hijos deben pagar la culpa de los padres», le respondió Von Wernich, que solía acudir de forma regular al centro clandestino donde estaba Baratti. A. L.

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