2014/08/27

Ingo NIEBEL
Historiador y periodista
Berlín se arroga el derecho a intervenir y armar a los kurdos en Irak

El Gobierno de Angela Merkel ha adoptado una decisión trascendente, sin contar con el Parlamento, al acordar intervenir en otro país y armar a los kurdos «buenos», los peshmerga, para que hagan frente a la ofensiva yihadista del Estado Islámico en Irak.

Doblegarse o morir es la elección que el denominado grupo Estado Islámico (EI) ha dado a los kurdos en Kurdistán Sur. Si este pueblo quiere seguir viviendo según sus usos y costumbres no le queda otro remedio que luchar hasta vencer. Si no, su suerte estará echada. Berlín ha prometido enviar armas, pero sin convertirse en defensor de las naciones sin Estado, sino solo por propio interés. La decisión es histórica aunque crea un sinfín de contradicciones.

El día en el que las imágenes más o menos censuradas de la ejecución del periodista estadounidense James Foley a manos de un integrante del EI circulaban por Internet y por los medios, el Gobierno de Ángela Merkel (CDU) tomó una decisión cuya transcendencia se verá sólo en el futuro: su ministro de Exteriores, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier (SPD), y la titular de Defensa, Ursula von der Leyen (CDU), anunciaron que el Gabinete había decidido armar a los kurdos de Irak para que puedan defenderse del EI.

La segunda cadena de la TV pública, la ZDF, subrayó ese día la importancia de la decisión: por primera vez en los 65 años de su existencia, la República Federal de Alemania intervendría públicamente en una guerra suministrando armas a un grupo concreto y no a un Estado. Sin duda alguna, en todo este tiempo el Estado alemán ha participado en otros conflictos, pero siempre de forma más o menos encubierta.

En 1990 y 2002, antes de las dos guerras de EEUU contra Irak, Alemania puso a disposición de Israel el sistema antiaéreo «Patriot» pero sólo tras recibir la correspondiente solicitud de Tel Aviv. He aquí la diferencia con el caso kurdo, ya que este pueblo no tiene Estado, sino sólo cierto poder político en Irak.

Desde la perspectiva del Estado alemán la decisión es histórica porque elimina las restricciones impuestas tras la II la Guerra Mundial perdida en 1945. Además es la continuación de la «normalización» de su política exterior, iniciada por el Helmut Kohl en 1990, tras la reunificación de las dos Alemanias, al enviar tropas fuera del territorio de la OTAN en operaciones militares calificadas de «humanitarias». Pasaron otros nueve años hasta que, con el SPD y los entonces aún pacifistas Verdes en el poder, Alemania atacó Yugoslavia junto con la OTAN y dos años más tarde, en 2001, Afganistán. Ahora Berlín se ha arrogado el derecho a intervenir con todos los medios en otros países como habitualmente hacen Washington, París y Londres.

Este paso ha levantado ampollas en la Berlín oficial pero sólo porque Merkel tomó la decisión con los ministros competentes y no con el Parlamento alemán. Según la legislación vigente, el Bundestag tiene que dar su visto bueno a cada operación militar. ¿Pero qué pasa con el suministro de armas? Queda en el aire la pregunta de si se ha vulnerado el artículo 26 de la Ley Fundamental que considera «anticonstitucionales» y «delito» aquellas actuaciones que «sirven para alterar la pacífica convivencia de los pueblos».

Hasta ahora, ni la oposición formada por el partido Die Linke (La Izquierda) y los Verdes ecologistas, ha anunciado recurso ante la Corte Constitucional. Sólo el aliado político de la CDU, la bávara Unión Social Cristiana (CSU), se ha mostrado molesta porque la canciller no le consultó.

Ante las noticias que llegan de Irak y por los propios vídeos del EI es difícil negar la necesidad que tienen kurdos e iraquíes para defenderse militarmente contra la barbarie yihadista. Sin embargo, la diputada del Linke Heike Hänsel ha declarado que «la respuesta al avance del grupo terrorista EI y la consecuente crisis humanitaria sólo puede ser una política coherente de desmilitarización». Pero este concepto no entra en la forma de hacer la guerra de los islamistas.

Lo que en Alemania no se debate es si el EI es, como antes los talibanes, un monstruo creado en los laboratorios político-militares que comparten Arabia Saudí y Qatar con EEUU e Israel. Estos cuatro estados, además París y Londres y con Berlín al margen, pensaban que con los radicales islamistas podrían derrocar al presidente sirio Bashar al-Assad para luego dar el poder a la oposición más afín a sus valores e intereses occidentales. El plan no cuajó. Rusia, Irán y el movimiento libanés Hizbulah ayudaron a Damasco a reconquistar posiciones estratégicas. Una consecuencia visible ha sido que el EI, por razones lógicas de supervivencia, ha decidido retirarse a Irak, donde logró ocupar vastos territorios y lugares importantes.

Ahora Berlín piensa contribuir a frenar ese avance armando a los kurdos, pero no sin caer en contradicciones. Para los informativos de TV parece haber sólo kurdos «buenos», que son los peshmerga de Kurdistán Sur, mientras a los «malos» del PPK, considerados «terroristas» por la UE y EEUU, no se les cita aunque sí están presentes en el tablero geopolítico. Luego el envío de armas alemanas no puede gustar en absoluto ni a Turquía ni a Irán cuyos respectivos conflictos con los kurdos siguen sin resolverse. Berlín ha estado siempre con Ankara e incluso ahora repite que «está en contra de la independencia kurda». No obstante, eso los decidirán los kurdos y las circunstancias.

Por lo general, la estrategia militar se rige según los objetivos que marca la política, pero en este caso Berlín no aclara adonde quiere llegar. No se debate qué armas necesitan los kurdos para vencer al EI sino que se les dice con qué material pueden contar.

Se les ofrece misiles anticarro Milan de 40 años, pero la ministra de Defensa no sabe cuántos de esos aún sirven. Los que sí funcionan los usan las tropas alemanas en Afganistán. A los kurdos les gustaría recibir fusiles de asalto G36 «made in Germany», aunque este arma estándar del Ejército germano presenta serias deficiencias técnicas, sobre todo en pleno combate. Berlín baraja también la posibilidad de que Bulgaria envíe sus viejos Kalashnikov AK47 a Kurdistán para comprar nuevas armas alemanas, compatibles con la OTAN. Y Roma ha pedido permiso a Alemania para darles a los kurdos las 1.000 ametralladoras MG42 que compró en 1963.

Parece que Alemania utiliza a los kurdos en su propio interés pero también lo hace el resto de los países que integran la OTAN para deshacerse de su anticuado armamento, que se ha quedado obsoleto, y de su «criatura», el Estado Islámico.