Serbia aspira a no ser solo la comparsa
Aunque la eliminación española parece haber dejado el camino expedito a los Estados Unidos, los «plavi» han demostrado tener argumentos para competir.

Decíamos en la presentación de este Mundial 2014 que cualquier final que no fuera entre España y Estados Unidos iba a ser un sorpresón terrible. Y así ha sido. No obstante, mirar con algo de perspectiva descubre que, prepotencias hispanas aparte, selecciones como la francesa, la de Serbia, o la de Brasil, tenían y tienen un potencial considerable, capaces de dar un susto al más pintado, si «el más pintado» presupone que está condenado a ganar.
Así, la selección española se pegó un batacazo histórico frente a Francia en cuartos de final, una Francia que se quedaba a las puertas de la finalísima de esta noche porque en semifinales se estrelló ante una Serbia que, sin presuponer nada, planteó un partido ideal para sus condiciones, guiada por un Milos Teodosic al fin maduro, después de cuatro años de sesteos y bostezos autocomplacientes.
Serbia, que a la hora de la verdad demostró ser un conjunto sólido a pesar de las ausencias de los Micic, Lucic o Macvan, intentará no ser solo la comparsa de los Estados Unidos, aunque el favorito al oro, después de que el combinado anfitrión del evento se fuera con la música a otra parte, no pueda ser sino la de las barras y las estrellas.
«Nadie creía que Serbia fuera a llegar tan lejos, de manera que esperad lo inesperado. Cualquier cosa es posible», retaba Miroslav Raduljica, orgulloso y crecido tras el triunfo de la selección plavi en la semifinal ante el combinado francés.
«Infravalorados»
Después de que el seleccionado serbio se hubiera quedado lejos de jugar una semifinal desde el Mundial de Turquía 2010, lo cierto es que la apreciación sobre el combinado balcánico había caído en el punto de mira de los aficionados y expertos.
Más aún, las notables ausencias y la llegada de un técnico casi novato como Sasha Djordjevic -que durante la preparación expulsó al exbaskonista Micov-, había hecho descender su valoración hasta convertir sus opciones en poco menos que remotas, por detrás de un pelotón de «candidatos al bronce» en el que equipos como Grecia partían con ventaja.
El propio Raduljica opinaba que el grupo se había sentido «infravalorado» ante tales apreciaciones, más aún cuando superaban la primera fase en cuarta posición, aunque dando la cara en todos los partidos. El problema era que en octavos se enfrentaban a una Grecia que, pese a sus ausencias, llegaba a los cruces sin perder.
«Cuando llegamos a Madrid estábamos un poco fastidiados porque mucha gente pensó que estábamos fuera. Yo creo que dimos lo mejor en estos tres partidos y se mostró el orgullo serbio», señalaba nuevamente Raduljica, uno de los jugadores sobre el que gravita esta nueva Serbia, que llega a su primera final mundialista desde que la Jugoslavia conformada por Serbia y Montenegro se hiciera con la medalla de oro en el Mundial de Indianapolis 2002, eliminando a los Estados Unidos en el camino y apeando a la mejor Argentina -con Ginóbili lesionado, eso sí- en la prórroga de la final.
Ante Grecia la selección plavi daba una campanada considerable, al superar al cuadro heleno por 90-72. Pero si su triunfo en octavos había resultado apabullante, aún más lo fue el de cuartos. Una Brasil que por fin lograba apear a Argentina se las prometía muy felices para llegar a la lucha por los metales, y sin embargo se pegaba un batacazo de los que duelen: 84-56 en una exhibición de Milos Teodosic y un partido horripilante de jugadorazos como Tiago Splitter o Leandrinho Barbosa.
«Es un honor entrenarlos»
«Estos jugadores han creado química entre ellos, química de equipo. No sé si es la clave pero estoy feliz por ello, es un honor entrenarlos, estoy aprendiendo de ellos», sentenciaba Djordjevic al ver el bárbaro crecimiento de los suyos en el torneo.
La semifinal fue otra cosa, porque Francia puso las resistencias serbias al límite. No obstante, Bogdanovic, Bjelica, Markovic o Krstic acudieron a la ayuda de un gran Teodosic para lograr el 85-90 final.
Por eso, aunque los Estados Unidos, que se han lucido en el Bizkaia Arena y el Palau Sant Jordi pasando por encima de sus rivales con una fuerza arrolladora, no quieren fiarse. James Harden, antes de conocer el resultado de la primera semifinal, vaticinaba que «será duro vencer, porque tanto Francia como Serbia son equipos muy fuertes». De haber visto el partido, su opinión, sobre todo si fue sincera, estaría corroborada.
El seleccionador español Juanan Orenga se ve «con energías para seguir»
Después de que el viernes el presidente de la Federación Española de Baloncesto, José Luis Sáez, se olvidara de hacer autocrítica tras el fracaso de la selección hispana, Juan Antonio Orenga le tomaba ayer la palabra y anunciaba que se ve «con ganas y energías» parar seguir ejerciendo de seleccionador.
«El trabajo realizado desde hace un año para preparar este torneo ha sido muy bueno. El nivel de baloncesto que se ve en los seis primeros partidos de la Copa del Mundo ha sido realmente bueno. El último partido ha sido muy malo, pero eso no anula lo anterior», dijo. GARA

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