Un buen botín
La semana pasada hubo un funeral concelebrado por siete sacerdotes, donde el oficiante dijo lo siguiente del finado: «hombre muy bondadoso, creyente, profundamente religioso, que ayudaba...». Tras estos y otros elogios, emplazó a que «se siga su ejemplo y que sus cualidades nos sirvan de estímulo para la creación de una sociedad más justa e igualitaria». ¿Sería, quizás, el muerto el Ché Guevara? ¿O tal vez el arzobispo Romero? ¿La madre Teresa de Calcuta?
Error: era un personaje cuya «biblia» de cabecera era un libro chino titulado «El Arte de la Guerra» (Sun Tzu, siglo IV a. C.) y del que, dicen, obtenía su estrategia y motivación para los negocios. De dicho libro pueden entresacarse «piadosas frases cristianas» como la siguiente: «no inicies jamás una negociación de paz con un enemigo que todavía conserve un cierto grado de autoestima. Busca sus puntos humanos débiles, exagéralos si es preciso y procura que los conozcan sus allegados. Después, ofrécele una alternativa personal que palíe su humillación y, ahora sí, negocia». Descanse en paz el angelito.

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