2014/10/13

EKAI Group
El mayor escándalo de la historia de la Unión Europea

Los autores del análisis consideran que la decisión de la UE de imponer sanciones a Rusia ha sido instigada por Estados Unidos y supone una dejación de la soberanía europea que tendrá incalculables consecuencias.

El día 2 de octubre, en una comparecencia pública sobre Política Exterior en el Foro J. F. Kennedy del Institute of Politics de la Universidad de Harvard, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, reconoció expresamente en relación con la crisis en Ucrania:

a) que Estados Unidos requirió a los grandes países desarrollados (Alemania, Estado francés, Italia...) imponer «costes reales» a Rusia.

b) que «es cierto que ellos -estos países- no querían-

c) que «una vez más» esta falta de voluntad se venció gracias al «liderazgo americano» y a «la repetida insistencia del Presidente de los Estados Unidos».

Esta declaración pública confirma lo que era sabido en círculos confidenciales, que la decisión de imponer sanciones a Rusia es una decisión frontalmente contradictoria con los intereses de los ciudadanos y de las empresas europeas y que solo ha sido adoptada como consecuencia de la imposición del poder financiero central a través -como es habitual- del gobierno de los EEUU.

Esta confirmación pública es también la confirmación del mayor escándalo de la historia de la Unión Europea (UE), como consecuencia de la dejación de la soberanía europea que representa, por un lado y, por el otro, de la extraordinaria dimensión y repercusiones de las medidas adoptadas.

Estas medidas son claramente dañinas a corto plazo para la economía europea, hasta el punto de haber cercenado de forma casi inmediata las perspectivas de recuperación repetidamente anunciadas durante el primer semestre del año.

Lo más grave es que estas decisiones provocan un daño extraordinario a la economía de los países europeos a medio y largo plazo. Como ya hemos expuesto, la interrelación con Rusia y con los países emergentes era -es- la estrategia fundamental de la industria europea para salir de la crisis y proyectar el futuro de Europa a partir de entonces. Una estrategia cuya clave radica en que Europa se posicione como el aliado tecnoló- gico estratégico de los países emergentes.

Evidentemente, se trata de una estrategia de un alto grado de peligro para el poder financiero central. Y la crisis de Ucrania, iniciada a través de la provocación del golpe de estado en Kiev, tiene el doble objetivo de aislar a Rusia y aislar a la UE, obligando a esta última a mantener y reforzar sus lazos con EEUU.

El escándalo reviste una gravedad añadida como consecuencia del momento en el que se produce, inmediatamente después de unas elecciones legislativas al Parlamento Europeo en las que, como consecuencia del auge de las candi- daturas «euroescépticas» prácticamente todos los líderes europeos apelaron a la necesidad de «rectificar» para acercar las políticas europeas a los intereses de los ciudadanos.

El hecho de que, inmediatamente después, a sabiendas de que -según las encuestas- la opinión pública europea estaba en contra de las sanciones contra Rusia en un 80%, a sabiendas de la radical oposición de la práctica totalidad de las organizaciones de empresarios, a sabiendas del daño estratégico que se estaba infligiendo a la economía europea, las instituciones de la UE se plieguen de esta forma ante el poder financiero central, es más que bochornoso.

Se trata de una actuación reveladora de hasta qué punto los líderes europeos se sienten responsables ante sus ciudadanos y hasta qué punto se sienten responsables ante el poder fáctico central.

En el momento de máximo apogeo del euroescepticismo, en pleno apogeo de la crisis financiera y de la crisis estructural de la eurozona, un error histórico de estas características no es solo el mayor escándalo de la historia de la UE, es también probablemente el paso más importante dado por las instituciones de la UE para acabar con el actual modelo institucional europeo o, incluso con el propio proyecto de integración europea.