Escalada
De los muchos submercados que sobreviven de manera parasitaria dentro del mercado de las vanidades con bisutería, uno me tiene siempre al borde de la acción violenta en diferido. Me refiero a lo que les pagan a unas personas por hacer bulto. Ahora ya casi es imposible que se cobre más allá de un botellín de agua por aparecer de público en los programas televisivos, pero sigue existiendo una tarifa de precios para aparecer en fiestas, presentaciones de productos varios y estrenos de toda índole, especialmente audiovisuales.
Los famosos, famosillos y famosetes que aparecen en esas pequeñas plataformas con una pared llena de logotipos, si no son los protagonistas de la película o parte de la producción, acostumbran a cobrar. Y la tarifa va de menor a mayor, es decir, por asistir, por hacerse la famosa foto posando para cámaras varias y si además se hacen declaraciones. También hay tarifas especiales por acudir a la inauguración de una discoteca o la presentación de una colección de joyas o de calzoncillos. Es una escalada profesional, un sobresueldo.
Ahora mismo, una de las personas que más cobra por acudir a estos actos es una tal «la Pechotes», cuyos méritos, además de los que se derivan de su apodo, es ser, supuestamente, la compañera de aventuras sentimentales del famoso Pequeño Nicolás. De pedir oportunidades simplemente para ir y estar, a cobrar cantidades de seis cifras. Y tener agente de representación, y poder seleccionar. O sea, un mundo putrefacto, tóxico, en donde se mueven unas cantidades de dinero que aunque sean del cepillo de la iglesia es impúdico por cantidad y objetivo.
Y no se crean que esto es una cuestión española, que sucede en lugares de la meseta, la Mancha o el suroeste peninsular, no, si miran algunos de los carteles de las paredes de su pueblo o ciudad, verán como hay anuncios de discotecas o hipermercados en donde el gancho es la presencia de un ex-GH o gente de méritos intelectuales similares. Un vicio, un mercadillo, porque los que miramos atentos a las pantallas, pero además leemos las estadísticas de audiencias, vivimos siempre sabiendo que la realidad puede ser peor. Y lo será a poco que nos esforcemos.

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