2014/12/14

Sergio Iribarren Galbete
Sortzen Elkartea
28 años tras el muro de la Ley del Vascuence

Pueblo a pueblo, valle a valle, el eco a favor de la enseñanza en euskera resuena con fuerza

Hay quien se sigue empeñando en ponerle puertas al mar, o en este caso, en levantar muros frente al euskera. A principio de este curso padres y madres de Sopuerta se encerraron e hicieron una huelga de hambre para conseguir que sus hijas pudieran estudiar en euskera y en su pueblo. Con los mismos fines, desde inicio de este curso 2014-2015, en la Ikastola de Ziburu están poniendo velas y generadores eléctricos para seguir dando luz al pueblo del euskara. Y en este curso también, miles de escolares de la zona media y Ribera de Nafarroa, siguen sin poder elegir el modelo D en los centros de la administración, teniendo que desplazarse, sin recibir ningún tipo de ayuda, a la ikastola más cercana, o si viven cerca de la denominada «zona mixta», al centro escolar con modelo D más cercano.

En pleno siglo XXI, en el País del Euskera, vivimos y sufrimos estas diferentes realidades con un común denominador: la imposibilidad de poder vivir y estudiar en euskera a lo largo y ancho de la geografía de Euskal Herria. Y desde Sortzen nos preguntamos: si aquí no se impulsa la enseñanza en euskera, lingua navarrorum o lengua de la ciudadanía navarra ¿dónde espera la Administración que se haga? ¿O debemos entender que hay una falta de voluntad clara por desarrollar un modelo de enseñanza propio, de aquí, con el euskera como lengua vehicular? Y muy a nuestro pesar, los hechos dejan al descubierto esta nula voluntad, ya que más que a nadie nos gustaría poder realizar este camino junto a una Administración responsable, amiga de su patrimonio, y preocupada por el futuro de las nuevas generaciones.

Pero el río de forma natural quiere volver a su cauce. En el caso de Nafarroa, en vísperas del 28 aniversario de la firma de la Ley del Vascuence, la situación se torna insostenible. Años de reivindicación y dinámicas a favor del euskera en la zona de Nafarroa que dejaron fuera con esta Ley han abierto una brecha en este muro de la vergüenza. Por esta grieta entra luz, y fluye el euskera, lengua viva, río bravo, deseosa de regar las tierras del desierto navarro, en secano tras 28 años de sequía administrativa. En ese desierto contamos con los oasis formados por la gran labor de las diferentes ikastolas de la zona, levantadas en su día con el fin de que en un futuro, cada día más cercano, el oasis pueda extenderse en inmenso vergel.

Pueblo a pueblo, valle a valle, el eco a favor de la enseñanza en euskera resuena con fuerza. Y hoy, día 14 de diciembre, estaremos en Tafalla, con las gentes de la Plataforma Euskaraz Bizi eta Ikasi, para de manera simbólica tirar el muro de la Ley del Vascuence. Esta vez será de manera simbólica, llamémosle «ensayo» de algo que está por llegar. Muros mas altos han caído.