La influencia de Wes Anderson llega al cine familiar

No es ninguna casualidad que Wes Anderson haya sido finalmente encumbrado por Hollywood con las nueve nominaciones para «El gran hotel Budapest», porque su influencia estética de autor independiente llega hasta el cine familiar, lo que se puede comprobar viendo «Paddington». Todo el diseño visual y artístico de esta colorista comedia inglesa infantil remite al universo andersoniano de títulos como «Life Aquatic», «Fantástico Sr. Fox» o «Moonrise Kingdom». Se puede apreciar muy bien en la disección de los inmuebles por plantas, vistos desde el exterior a través de las paredes como las casas de muñecas. Algo con lo que, por cierto, ya había ensayado el genial Jerry Lewis en la película de 1961 «The Ladies Man».
En cuanto a la combinación de imagen real y animación, es cierto que «Paddington» sigue la tradición Disney de «Mary Poppins», pero también cuenta a su favor con toda la corriente de películas recientes sobre peluches que interactúan con humanos. Tratándose de un osezno se podría pensar en «Ted», si bien su naturaleza ingenuista conecta directamente con la maravillosa película musical «The Country Bears», donde recuérdese que el protagonista también era un osito huérfano adoptado por una familia humana.
Luego está la larga introducción en blanco y negro, inspirada en las primeras películas de «Tarzán» y en los documentales sobre exploradores del pionero del cine mudo y principios del sonoro Robert J. Flaherty. Es una parte muy divertida, en la que el aventurero inglés enseña su idioma en la selva peruana a los cuidadores del pequeño espécimen que viajará a Londres más tarde para conocer la civilización.
El personaje creado en sus cuentos por Michael Bond es ya un icono british, significando así las posibilidades de integración multicultural. Pero el racismo existe, y está representado por Nicole Kidman en el rol de villana, como una taxidermista con muy malas intenciones.

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