Bodegas Ochoa: la experiencia de la tradición y el impulso de la innovación
La empresa navarra lleva décadas cultivando uva y elaborando vino. La sexta generación de este negocio familiar trata de responder al reto de aumentar las ventas, manteniendo su filosofía y la apuesta por la modernización de sus productos.

Bodegas Ochoa es una empresa familiar de Erriberri-Olite dedicada al vino y a la uva desde 1845. Adriana y Beatriz Ochoa conforman la sexta generación al frente del negocio. La primera es enóloga y se encarga de la elaboración de los vinos, la segunda, responsable de marketing y ventas. Sin embargo, la tradición bodeguera vinculada a su apellido es anterior. Tienen facturas que demuestran que, en el siglo XIV, Ochoa de Ayanz, alcalde de Olite y vinatero, vendía sus caldos a la reina Juana de Navarra. No saben qué ocurrió en los siglos posteriores, pero llevan ya 170 años dedicados a la elaboración de vino.
Son la bodega más pequeña de este pueblo navarro, con 14 trabajadores. En palabras de Adriana Ochoa, «es una cosa familiar. Vivimos lo que hacemos. Vivimos el vino y nos lo bebemos. Nuestro sello es poner cariño en lo que estamos haciendo». Siempre han apostado por la denominación de origen de su tierra. Recientemente han recibido el premio gastronómico La Capilla por su esfuerzo y compromiso en la difusión de la cultura del vino de Nafarroa, aunque la bodeguera reconoce que «a veces no nos ha beneficiado». Producen unas 600.000 botellas al año. Prácticamente la mitad se vende en el extranjero. Su principal mercado es el europeo, en especial, Alemania. Desde 1980 tienen presencia en Estados Unidos, porque consideran que es un país con mucho potencial aunque muy difícil. También están en Japón. «Están funcionando de maravilla y estamos muy contentos. Allí saben de vino, lo conocen y lo valoran».
Muchas cosas del proceso de elaboración han cambiado a lo largo de los años. En palabras de Ochoa, cada vez es menos habitual que las bodegas produzcan el vino con su propia fruta. Sin embargo, ellos han seguido utilizando la uva procedente de sus 145 hectáreas de viñedo en Traibuenas. La responsable resalta la importancia de utilizar su propia fruta. «Es esencial. Podemos controlar absolutamente todo el proceso, y con eso, el vino. Esto asegura que el vino tiene siempre la misma calidad». La innovación ha formado parte de su producción y filosofía desde que Javier Ochoa, padre de las actuales encargadas, introdujera la I+D en el mundo de la enología. El primer resultado de aquella modernización fue un renovado moscatel, en 1994. «Esto supuso recuperar una variedad que siempre hemos tenido en Navarra. Estamos contentos y orgullosos porque ha hecho que esta variedad no se menosprecie como antes, que servía para vinos baratos». Veinte años después ese moscatel se ha posicionado como uno de los diez mejores vinos dulces del mundo y logró la medalla de oro en el concurso internacional Muscast du Monde. Desde entonces, la empresa ha seguido dando pasos en el camino de la innovación, colaborando con varias instituciones, sobre todo, con la Universidad Pública de Navarra. Ese esfuerzo se ha visto recompensado con la nominación por parte de la revista del Vino y la Distribución al premio a la mejor gestión I+D+i, cuyo ganador se conocerá el próximo miércoles.
Junto con la producción han modernizado también su imagen. Antes el vino se tomaba en todas las comidas porque se consideraba un alimento. El cambio de hábitos ha provocado un importante descenso en su consumo. Ochoa admite que este hecho les plantea el reto de lograr vender más. Para ello, han creado una nueva línea de vinos con la que llegar a la gente joven, que bebe menos vino, pero lo toma mejor y quiere aprender. Productos «accesibles y ricos. Que los pruebe una persona que no ha tomado nunca vino o cree que no le gusta y le interese». Por ejemplo, el Moscato. Un vino de baja graduación que la bodeguera considera «una gozada» para empezar en el mundo del vino, lejos de los tintos que hacía su abuelo. En breve, marzo o abril, esperan comercializar un nuevo blanco. Un crianza sobre lías «diferente» que la enóloga afirma complementa muy bien la gama que tienen. Con el fin de ampliar su mercado han optado también por diversificar, incorporado el aceite a su producción, aunque de manera reducida. Tienen 25 hectáreas de olivos plantados en hilera, en superintensivo. Utilizan la misma maquinaria con adaptaciones, y recogen las olivas sin que toquen el suelo. «El aceite que conseguimos es maravilloso, impresionante. Ha sido un acierto». Además se han volcado en las redes sociales y esperan que las distinciones de los últimos meses contribuyan a transmitir su trabajo.
Adriana Ochoa, nominada a mejor enólogo junior
La revista alemana Der Feinschmaker del sector profesional y gourmet entrega cada año los Wine Awards, premios considerados los Oscar del vino. Este año Adriana Ochoa ha sido nominada en la categoría Newcomer of the Year, algo así como enólogo junior. El ganador se conocerá el próximo 14 de marzo en la feria Provine de Dusseldorf y Ochoa está sorprendida por ser candidata. «No sé de dónde ha venido, no sé quién me ha propuesto. Estoy muy contenta y nerviosa. Me tengo que vestir de largo y estoy más acostumbrada a las botas de campo». La bodeguera de Erriberri estudió Enología entre Burdeos y Toulouse, y completó su formación en vendimias de Australia, Estado francés o Catalunya. Desde 2004 se encarga de los vinos de Bodegas Ochoa. Toma todas las decisiones del proceso. «Desde qué uva vendimiamos, qué día, el punto de madurez, las mezclas... Soy la responsable para bien o para mal de los vinos que tenemos actualmente», explica. M.A.

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