Ballester experimenta con la «presencia ausente» en la muestra «Bosques de Luz»
José Manuel Ballester expone en la sala Kubo de Donostia «Bosques de Luz», muestra que recoge 31 fotografías de grandes dimensiones mediante las que analiza el «choque entre el individuo y la globalización». En una de las secciones, «Espacios ocultos», el autor elimina la presencia humana de pinturas relevantes para experimentar con las sensaciones del visitante.

El pintor y fotógrafo madrileño José Manuel Ballester recala en la sala Kubo-Kutxa de Donostia con «Bosques de luz», exposición que recoge parte de las obras más significativas que este artista ha realizado durante la última década.
Lorena Martínez de Corral, comisaria de la exposición junto a María de Corral, explicó ayer en la inauguración de la exposición que la muestra «es un relato de diez años de trabajo, con imágenes que hablan de su vida, de la pintura, la arquitectura, la música» y destacó asimismo la «capacidad analítica y descriptiva» que este artista, distinguido con el Premio Nacional español de Fotografía 2010 por su trayectoria personal y «su singular interpretación del espacio arquitectónico y la luz», muestra en sus trabajos. «Convierte sus obras en únicas, en algo que queda entre la realidad y la ficción», matizó.
La muestra la componen 31 fotografías de grandes dimensiones que permiten observar la evolución del artista y que se centran en los tres ejes fundamentales del trabajo de Ballester: el tiempo, la luz y el espacio. El artista se mueve así entre la pintura y la fotografía, los espaciós de ficción y la arquitectura, entre lo artificial y lo natural para llevar al visitante a una experiencia en la que, según destacó el propio autor, ha tratado de describir el choque entre el individuo y la globalización, al mismo tiempo que intenta experimentar con las sensaciones humanas: «He tratado de explicar cómo funciona el ser humano a la hora de enfrentarse a una obra», matizó. Este trabajo de introspección lo hace sobre todo con la serie que ha denominado «Espacios ocultos» y que es, según destacaron las comisarias, una de las más interesantes que componen la exposición.
La presencia ausente
Para elaborar esta serie, Ballesteros ha seleccionado pinturas relevantes como «La última cena», de Leonardo da Vinci, y las ha reinterpretado privándolas de toda presencia humana. Así, la citada obra se puede ver, en el mismo tamaño que el mural original (superior a los ocho metros), sin los apóstoles, para incidir en la idea de «la presencia ausente».
«Cuando observamos la cultura nos centramos en los personajes, en las historias. Él elimina la presencia humana del relato y nos lleva a observar el espacio, la arquitectura», explicó De Corral. Ballester se apoyó en el refrán chino «según crees, así vez» para exponer el sentido de esta serie y lo que ha querido demostrar con ella: «El espectador está condicionado a la hora de presentarse ante una obra de arte. Yo también estoy condicionado por mi forma de entender la vida. La sociedad, el espectador, va cambiando y, aunque la iconografía no haya cambiado, `Las meninas' o `La última cena' hoy se ven de una manera muy distinta». Añadió que el ejercicio de eliminar el factor humano respondía a la necesidad de desviar la atención del espectador hacia el espacio que, «siendo el mismo, no se ve de la misma manera».
Esta serie sirve también al autor para demostrar que «la memoria visual es muy frágil». Ballester puntualizó que el espectador cree recordar la mayoría de los detalles de la obra original y que, cuando se pone ante su interpretación, ese recuerdo «que creía tan definido se desvanece». El fotógrafo habló también del proceso inverso, de lo que sucede cuando el espectador carece de la referencia del original: «En China o los EEUU, la interpretación que se hace de estas obras es totalmente diferente, es un experimento muy interesante, emocionante», reconoció.
Asimismo, admitió que el experimento le ha servido para reconciliarse con el arte clásico: «No encontraba la manera de relacionar el pasado con el presente, con lo contemporáneo, y con esta serie la encontré. Abrí una puerta que me permitía reconciliarme con el pasado sin renunciar a mi condición de artista contemporáneo, encontrar la manera de que me resulte útil el pasado y que el arte clásico pueda seguir ofreciendo interpretaciones contemporáneas».
Las demás series que componen la exposición se centran en paisajes urbanos (desde China hasta Brasil), museos con los que ha colaborado Ballester y naves industriales, espacios que el autor define como «espacios desde los que contemplar el pasado y el futuro».
La muestra «José Manuel Ballester. Bosques de Luz» abrió ayer sus puertas y permanecerá en la sala Kubo-Kutxa del Kursaal donostiarra hasta el 31 de mayo. Las comisarias apostillaron que, tras inaugurarse en Tabacalera de Madrid en febrero de 2013 y pasar por el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza, esta es la tercera vez que se exhibe la muestra y aseguraron que «las obras se ven aquí como no se han visto en ninguna otra exposición».

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