Y yo todavía sin entrada para ver «Cincuenta sombras de Grey»
¡Corran a por su entrada anticipada de «50 sombras de Grey», que el mundo se acaba! Es la película de la que todo el mundo habla, y si no quieres quedarte fuera de la actualidad tendrás que ir a verla, aunque luego te parezca que has perdido el tiempo y tu dinero sin remedio.

La película «50 sombras de Grey» es ya todo un fenómeno comercial antes de su estreno, debido a que se ha disparado la venta anticipada de entradas. El éxito de esta modalidad parece ya inevitable, y se instalará en el cine igual que lo ha hecho en los conciertos de música. Poco importa que sea fruto de un sistema especulativo y usurero, que fomenta el consumo irracional. En este tipo de eventos siempre se observan huecos, ya que gente que ha adquirido su butaca por anticipado el día señalado le es imposible acudir, porque le ha surgido una indisposición o cualquier otro inconveniente de última hora.
En los muchos años que llevo de profesión nunca me habían preguntado tanto por una película, ni siquiera por «Ocho apellidos vascos», a pesar de las ganas de malmeter. No sé si es morbo, o simple curiosidad, pero la cuestión es que se está creando el tipo de corriente que te obliga a ir a ver algo, que en principio igual ni te interesa, para no quedarte fuera de las conversaciones en el trabajo.
Críticas promocionales
Ya comentaba en la columna del pasado viernes la llamativa e interesada filtración de algunos avances críticos, dentro de una maquinaria promocional que arrasa con todo. La información que se resalta es que en el total de metraje hay doce escenas de sexo, que contabilizadas equivalen a unos veinte minutos de proyección, más o menos la quinta parte del montaje final de dos horas.
Es una manera de contrarrestar los comentarios de los lectores de la novela de E.L. James que aseguraban en las redes que Hollywood iba imponer su censura a través de la calificación por edades. Esta producción ha conseguido superar la presión inicial, que llevó a muchos directores e intérpretes a renunciar a verse involucrados en el proyecto, y ahora más de uno se estará arrepintiendo de no haber participado en tan rentable negocio. Porque dentro de la farsa mediática da igual que hablan mal de uno, cuando lo importante es que hablen y seguir en el «candelabro».

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