Jaime IGLESIAS

Bárcenas en su laberinto

Pedro Casablanc y Manolo Solo llevan a escena, bajo la dirección de Alberto San Juan, el momento en el que el extesorero del PP confirmó en sede judicial la existencia de una trama de financiación irregular en su partido. Un ejemplo de teatro documental basado exclusivamente en la transcripción de aquel interrogatorio que podrá verse durante esta semana en Zigoitia, Mungia, Eibar, Elorrio y Donostia y el 10 de abril en Gernika.

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El 15 de julio de 2013, Luis Bárcenas, extesorero del Partido Popular, comparecía por segunda vez en la Audiencia Nacional para ser interrogado por el juez Pablo Ruz. De aquella declaración, en la que se desdijo de su primer testimonio, reconociendo la existencia de una contabilidad B en el PP y asumiendo pagos y cobros que apuntan a una trama de financiación ilegal, se sirvió el dramaturgo catalán Jordi Casanovas para escribir «Ruz-Bárcenas», el montaje que, dirigido por Alberto San Juan, se estrenó con gran éxito hace nueve meses en el madrileño Teatro del Barrio y que, a lo largo de esta semana, podrá verse en distintas plazas de Euskal Herria, comenzando hoy su gira en Zigoitia (Araba).

La obra ha sido definida por su director como un ejemplo de teatro documental: «Lo es en tanto esta representación no contiene una sola línea de ficción. Pero al margen de este hecho, `Ruz-Bárcenas' es, además, una propuesta teatral que emociona e incluso divierte». Algo en lo que incide el actor Pedro Casablanc, encargado de dar vida sobre el escenario al extesorero: «El mérito de Jordi Casanovas ha sido saber seleccionar, de entre los 109 folios de los que consta la transcripción del interrogatorio, aquellas líneas de diálogo que nos sirven para construir una dramaturgia potente que mantiene su vigor teatral más allá del morbo que pueda suscitar la situación que en ella se aborda». En este sentido, Casablanc, uno de los intérpretes más prolíficos y respetados de la escena estatal, no duda en definir su personaje como «un animal acorralado cada una de cuyas palabras brota como un zarpazo, lo que confiere una ambigüedad tremenda a su testimonio pues no sabemos si está siendo sincero o, por el contrario, miente deliberadamente».

Para el actor «el mayor reto de interpretar a un personaje como Bárcenas ha sido no incurrir en la caricatura. Mi pretensión no ha sido imitarle, entre otras cosas porque tampoco hay mucho que imitar, dado que apenas existen comparecencias públicas suyas. En el fondo, incorporar un personaje como este no difiere mucho de lo que haces cuando interpretas, pongamos por caso, una obra de Chejov. Los personajes chejovianos presentan una sicología muy compleja que tú, como actor, estás obligado a desarrollar en aras de conferirles credibilidad ante el espectador», señala. Palabras que hace suyas, mediante asentimiento, Manolo Solo, su compañero de escenario: «Este es un teatro de ideas más que de personajes, lo importante es conferirles verosimilitud para guiar al espectador en un viaje por las cloacas del poder. En mi caso, además, carezco de referentes concretos puesto que el juez Ruz siempre se ha mostrado muy hermético; es alguien de cuya personalidad apenas sabemos nada. Por lo tanto no creo que estemos restringidos por la realidad. Al contrario, creo que, en el fondo, gozamos de un cierto grado de autonomía a la hora de aproximarnos a estos personajes ya que, más allá de la transcripción del interrogatorio, que es pública y puede consultarse en internet, nadie sabe nada de cuanto aconteció en aquella sala».

Para Alberto San Juan, «el reto ha estado en encontrar el equilibrio entre la información veraz y útil y el espectáculo teatral. El teatro sirve como medio de información y reflexión e incitación a la acción siempre que sea buen teatro. Si no, no sirve para nada». En este sentido, los dos protagonistas de la obra coinciden en reivindicar el alcance didáctico de la propuesta: «Mientras que de un partido de fútbol, informativamente hablando, trascienden todos los detalles de lo sucedido sobre el terreno de juego, de un acontecimiento como la declaración de Bárcenas, apenas se ha divulgado nada. A través de esta obra tratamos de hacer visible un episodio donde salieron a la luz asuntos que afectan directamente al poder político», dice Pedro Casablanc. De ahí que, aunque la obra se limite a recrear de manera aséptica el interrogatorio al que fue sometido el extesorero del PP, Manolo Solo cree que «sería pertinente que su contenido, en tanto evocación de unos hechos extremadamente graves, diera lugar a algún tipo de reflexión por parte del espectador». No obstante, el actor reconoce que «la inmensa mayoría de quienes acuden a ver este montaje son personas ya convencidas de antemano de la gravedad de lo que aquí se expone. En este sentido, estaría bien que vinieran a vernos votantes acérrimos del PP, aunque daría igual, pues mucho me temo que, pese a todo, seguirían votándoles».

«La sociedad española, en líneas generales, es una sociedad aletargada que adolece de un verdadero espíritu crítico -apunta por su parte Pedro Casablanc-. La abstención refleja muy bien esa apatía. Bien es cierto, sin embargo, que la proliferación de casos de corrupción unida a la crisis económica ha hecho despertar entre la ciudadanía un sentimiento de indignación que antes no existía», afirma. En mitad de ese escenario cabe entender la irrupción de obras como «Ruz-Bárcenas», «Recortes», «Las guerras correctas» o «Artículo 47», que toman como modelo de referencia lo que en Inglaterra se ha dado en llamar Verbatim Theatre (dramaturgias montadas a partir de testimonios documentados recogidos de la realidad inmediata). De este modo se busca confrontar al espectador con aquello que está sucediendo a su alrededor en el aquí y en el ahora.

«No sé si realmente se puede hablar de un auge de este tipo de propuestas, pero lo que está claro es que la situación política actual resulta tan insostenible que el teatro no puede permanecer ajeno a la misma», comenta Casablanc. Algo que es compartido por Alberto San Juan, director del montaje: «En este tipo de obras hay un sentido de urgencia porque hay gente que muere como resultado de decisiones políticas del actual Gobierno. Pero al mismo tiempo hay también una necesidad de redefinir la función social, no solo del teatro, sino de todos los ámbitos de actividad humana. O trabajamos para el bien social o vamos al suicidio colectivo».

Por su parte Manolo Solo destaca la función catárquica de este tipo de propuestas teatrales: «Haciendo esta obra lo que más me ha sorprendido es comprobar que, en determinados momentos, genera risas entre el público, pero si lo analizas fríamente te das cuenta de que el humor, en el fondo, no deja de ser un mecanismo de defensa».

El humor como elemento de distorsión que nos devuelve la imagen grotesca, pero exacta, de lo que somos, fue legitimado por Valle-Inclán a la hora de pergeñar el esperpento, aquel género teatral que, en opinión compartida tanto por Manolo Solo como por Pedro Casablanc, es el que mejor se prestaría a la representación de lo que, hoy por hoy, acontece en el Estado español: «Aquel invento genial del esperpento permanece muy vigente a día de hoy, casi se puede decir que junto con la picaresca conforman los dos puntales sobre los que se asienta culturalmente la `marca España'», comenta Casablanc. «Eso por no hablar de la iconografía que persiste de la obra de gente como Goya o Gutiérrez Solana», apunta Manolo Solo. «De hecho -concede su compañero-, este cara a cara que es Ruz-Bárcenas bien pudiera ser uno de esos aguafuertes que hacía Goya». Más optimista que sus actores, Alberto San Juan cree que el género que mejor definiría la actual coyuntura sería «el de aventuras, ya que la mayor aventura que puede haber, la de cambiar el mundo, es la que ahora mismo está en marcha».