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La derecha perderá las elecciones y conservará el Gobierno en Israel

Los israelíes votarán el próximo martes en unas elecciones legislativas muy inciertas convertidas en un referéndum sobre el mandato de Benjamin Netanyahu, belicoso líder de un país que se enfrenta a graves amenazas contra su seguridad que él mismo fomenta y a importantes desafíos sociales que prefiere ignorar. Le ganará el candidato laborista, pero seguirá mandando, según se desprende de las últimas encuestas.

En la recta final de la campaña electoral, la centroizquierdista Unión Sionista del laborista Isaac Herzog aventaja en cuatro escaños al Likud de Benjamin Netanyahu, según el último sondeo que el periódico «Yediot Aharonot» dio a conocer antes de los comicios israelíes del próximo día 17. La legislación israelí no permite la publicación de los resultados de encuestas de intención de voto en las 24 horas previas a la jornada electoral, por lo que debido a la jornada del shabat de hoy, las últimas se conocieron ayer.

La coalición que encabezan Herzog y Tzipi Livni, dirigente del partido Hatnuah, obtendría 26 escaños, mientras el partido del primer ministro lograría solo 22, según indica la encuesta difundida ayer por el diario de mayor tirada en el país. Aun así, se trata de un diferencia insuficiente para arrebatarle la Jefatura del Gobierno al dirigente derechista.

Trece palestinos

Con un margen de error del 2,5% y realizado el jueves entre 1.033 votantes (alrededor del doble de lo habitual), el estudio sociológico concede la tercera posición a la coalición de partidos palestinos, Lista Conjunta, que se hace con 13 diputados, uno más que el ultranacionalista y colonizador Hogar Judío y que el centrista Yesh Atid.

El resto del arco parlamentario quedaría distribuido entre otros seis partidos: el centroderechista Kulanu, con ocho diputados; y los ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá, con siete y seis, respectivamente. En las tres últimas posiciones se sitúan el ultranacionalista laico Yisrael Beiteinu y el frente pacifista Méretz, ambos con cinco, por delante del ultraortodoxo Yahad, con cuatro parlamentarios.

Según el diario, los israelíes están más preocupados por la mala situación económica, aspecto que destacan en su campaña los laboristas, que por los asuntos de seguridad de los que ha hecho su bandera Benjamin Netanyahu.

Economía o seguridad

Un 55,2% de los encuestados dijo que votará de acuerdo a la primera de las cuestiones. Solo el 28,4% afirmó que su voto se verá influido principalmente por los problemas de seguridad. Otro 12,6% votará de acuerdo a la identidad del dirigente del partido, y el resto, o no sabe o no contesta.

Según el diario «Ha'aretz», algunas prominentes figuras del Likud consideran que el discurso que Netanyahu pronunció el pasado día 3 en el Congreso de EEUU, en el que advirtió del peligro de un acuerdo entre Irán y la comunidad internacional sobre el programa nuclear de Teherán, no surtió el efecto deseado. «Algo no está funcionando como debiera. El discurso de Netanyahu en el Congreso debería haber servido para reforzar al Likud en las encuestas; sin embargo, está claro que no ha sido así», indicaron dichas fuentes.

Las diversas combinaciones que se aventuran a la luz de los resultados globales de los sondeos indican que la ventaja que obtendrá Herzog (cuatro escaños) parece una diferencia insuficiente para arrebatarle la Jefatura del Gobierno al dirigente derechista.

«Nos presentamos a estas elecciones pensando que no teníamos rival y los datos muestran otro escenario mucho más complejo», indicaron las fuentes del Likud consultadas por el diario «Ha'aretz», que admitieron que ven factible la victoria de la Unión Sionista en los comicios, al menos en cuanto a la obtención de un mayor número de diputados.

De acuerdo con el análisis de dicho diario, el Likud se enfrenta al reto de frenar la pérdida de un número importante de votantes que se están dirigiendo hacia opciones centristas, como Kulanu o el partido laico Yesh Atid, que formó parte de la última coalición de Gobierno hasta que su líder, Yair Lapid, y la de Hatnuah, Tzipi Livni, fueron expulsados por sus discrepancias con el primer ministro en torno a la cuestión iraní.

Una década en el poder

Los observadores coinciden en que las elecciones se han convertido en gran medida en un referéndum a favor o en contra de Netanyahu, de 65 años, primer ministro conservador desde marzo de 2009 y que lleva casi una década en el poder si se incluye su primer mandato entre 1996 y 1999.

El propio Netanyahu admitió la posibilidad de una derrota ya el pasado jueves. En ese tono dramático que tan bien maneja advirtió de que su país podría enfrentarse a una capitulación «en todos los frentes» diplomáticos. O gana él o el caos total. «Nuestra seguridad está en gran peligro porque el riesgo de que perdamos estas elecciones es real», declaró en una entrevista adelantada por el diario «Jerusalem Post».

Continuar o no con Nentanyahu «es la gran cuestión» porque está «en el poder desde hace mucho tiempo», explica Tamir Sheafer, un profesor de Ciencias Políticas. Se trata del «segundo mayor periodo» de ejercicio del poder desde David Ben Gurion, el fundador del Estado de Israel.

Si los resultados son tan ajustados como se prevén, las elecciones serán el preludio de intensas negociaciones para saber si Netanyahu, Herzog o algún otro de los 120 diputados que serán elegidos el martes es el mejor para formar Gobierno.

Los expertos auguran un Ejecutivo de unidad a cargo o de Netanyahu o de Herzog, o de ambos si se turnan en el caso de que haya un acuerdo para compartir el poder. Moshe Kahlon, antiguo miembro del Likud y hoy líder del nuevo partido de centroderecha Kulanu, podría ser una posible pieza clave después de las elecciones.