Crece la alerta humanitaria tras 4 años de guerra en Siria sin perspectivas de solución
Siria cumple hoy cuatro años desde el inicio del conflicto cuya solución es difícil de vislumbrar y que ya ha dejado más de 200.000 muertos y casi cuatro millones de refugiados y ha provocado una grave crisis humanitaria sobre la que alertan numerosas voces, que se han elevado para criticar a Naciones Unidas por su ineficacia y exigir a la comunidad internacional una mayor implicación para garantizar el futuro y una «vida normal» a varias generaciones devastadas por la guerra.

Las 21 principales ONG humanitarias y de defensa de los derechos humanos han criticado esta semana la responsabilidad de la ONU y de la comunidad internacional en el «año más sombrío» que han sufrido los millones de civiles golpeados por la guerra en Siria por no haber gestionado el creciente desastre humanitario y les han acusado de «traicionar sus ideales» por no haber sido capaces de aliviar su sufrimiento.
El conflicto que comenzó hoy hace cuatro años con una ola de protestas contra el Gobierno de Bashar al-Assad, y derivó pronto en una guerra ha provocado, según la ONU, 210.000 muertos -76.000, en 2014-; 3,9 millones de refugiados -dos millones, niños- repartidos la mayoría en Turquía (más de 1,7 millones), Líbano (1,2 millones), Jordania (622.000), Kurdistán Sur (250.000) y Egipto (136.000), y 7,6 millones de desplazados internos. Además, más de 4,8 millones de sirios viven en lugares sitiados o de muy difícil acceso.
Según la ONU, más de 12,2 millones de sirios necesitan ayuda humanitaria de emergencia para sobrevivir y cifra en 8.400 millones de dólares el presupuesto necesario para cubrirla en 2015. A día de hoy solo se ha cubierto un 2%. En 2014, solo un 57% de los fondos necesarios para la entrega de material humanitario fueron recibidos, frente al 71% de 2013.
En el infome «Fracaso en torno a Siria», las ONG constatan la incapacidad de los estados para aplicar las resoluciones aprobadas en 2014 en el Consejo de Seguridad de la ONU para proteger a los civiles afectados por la guerra y garantizar su acceso a la ayuda.
Acusan a las fuerzas gubernamentales y a los rebeldes de atacar infraestructuras civiles, incluyendo escuelas y hospitales, y de limitar la llegada de ayuda, una situación que se ha agravado desde la entrada en escena del Estado Islámico (EI), que también ha permitido que Al-Assad se afiance en el poder y mejore su posición en el ámbito internacional. Lejos quedan ya las revueltas de marzo de 2011 que estallaron por el descontento popular.
Si el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) alertaba del «sombrío futuro» de los 3,9 millones de refugiados ante la falta de ayuda humanitaria y de perspectivas de una solución política al conflicto, el Fondo para la Infancia (Unicef) advertía de que 14 millones de niños se han visto afectados y del «peligro de que esta generación se pierda en un ciclo de violencia y se repita en la generación siguiente».
«La peor crisis de nuestra era»
Según Acnur, la mayoría no tiene esperanzas de volver a casa en un futuro próximo y tiene escasas oportunidades de rehacer sus vidas en el exilio, aunque siguen soñando con tener una «vida normal y digna» en Siria o en cualquier parte. Sus alojamientos son precarios e inseguros, la mayoría viven por debajo del umbral de la pobreza y «se ven obligados a recurrir a la mendicidad, a la prostitución y al trabajo infantil».
«Es la peor crisis humanitaria de nuestra era y debería estar provocando un clamor mundial pidiendo apoyo. En cambio, la ayuda es cada vez más escasa» tanto para responder a sus necesidades como para ayudar al desarrollo en los países de acogida, denunció el alto comisionado, Antonio Guterres.
Millones de niños padecen traumas y están aquejados de un precario estado de salud. Unicef se mostró especialmente preocupada por los dos millones que residen en las zonas a las que resulta imposible acceder, los 2,6 millones que continúan sin asistir a clase y los dos millones de refugiados. Alertó de que se trata de una generación potencialmente perdida expuesta «a un sufrimiento aún mayor, a la explotación y a peligrosos abusos»..
No obstante, resaltó el increíble coraje y determinación de los niños y jóvenes pese a los trastornos causados por la guerra.
Pero no solo los menores, extenuados por cuatro años de conflicto y asfixiados por una crisis económica que los ha arruinado, muchos sirios sufren depresión y trastornos sicológicos, lo que ha elevado las cifras de suicidios. Según expertos, un 40% de los sirios tiene necesidad de apoyo sicológico y social.
Un siquiatra que ejerce en Damasco declaró a AFP que «los casos de depresión y de trastornos por estrés postraumático, que se traducen en tensiones, ansiedad o pesadillas han aumentado un 30%», y afectan también a los niños, a los que se refiere como «toda una generación devastada» y en la que los problemas físicos y mentales aparecerán con más intensidad al final de la guerra, cuando su prioridad no sea cubrir sus necesidades básicas.
Los sirios siguen perdiendo la esperanza y muchos tratan de llegar a Europa, numerosas veces a través de mortales rutas terrestres o marítimas, tras pagar todos sus ahorros a los traficantes. Cuando lo logran, se enfrentan a una hostilidad creciente.

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