2015/03/18

«Iñaki, ze urrun dagon...»

Williams ha tenido una irrupción vertiginosa en el primer equipo, pero Valverde se encarga de recordar que lo importante es quedarse.

Joseba VIVANCO
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Iñaki Williams es el hombre de moda en el Athletic, si se le puede llamar hombre con mayúsculas a un chaval de apenas 20 años con todo por alcanzar, y con todo por demostrar. El bilbaino de origen e iruindarra de adopción es el futbolista 595 en debutar con el club rojiblanco en toda su historia, lo que de paso daría para una buena apuesta entre vascos jugarse unos cuartos por acertar quién será el debutante 600. Iñaki ha sido como un soplo de aire fresco en un momento en el que la plantilla bilbaina iba camino de colapsar; su aparición, pero sobre todo su rápida adaptación y su evolución del jugador frágil y desubicado de los primeros partidos a detalles como los dejados en Balaídos, le ha elevado a los altares de la prensa deportiva local y conversaciones futboleras de la afición. ¡Hasta tiene ya su primera peña en Rekalde!

Pero Iñaki, que cruza los dedos para que esto no sea solo un sueño, sabe, como la letra de Zarama aquello de «ze urrun dagon...». Está a punto de pasar a tener ficha del primer equipo si este sábado vuelve a ser titular o juega más de 45 minutos, y de ello se habla y mucho esta semana, toda vez que los apuros del descenso permiten dedicar tiempo a otros menesteres.

Pero Iñaki todavía no ha hecho nada, o poco, dado el tiempo que lleva en la alta competición y lo mucho que le queda quizá no tanto por demostrar, pero sí por confirmar todo lo bueno que apunta. Por suerte, el chaval parece saber de qué va esto, cauto, comedido en sus primeras declaraciones, osado también en algunas respuestas tanto como ha demostrado dentro del campo cuando le toca `bailar` con la más fea del equipo rival... Porque Ernesto Valverde lo recordó hace poco, por si a alguien se le olvidaba, que «lo difícil es asentarse» y lo habitual suele ser que para un joven debutante la reválida venga en su segunda temporada, cuando ya uno no es tanta novedad, se le perdona menos y exige más.

La meta de los 800 minutos

«Al final es muy difícil que un jugador de cantera llegue al equipo el primer curso y se instale como titular. Tiene que ser un proceso en el que se vaya asentando, porque lo complicado es jugar 100 partidos en el primer equipo, o 200, o 300», palabras de Txingurri Valverde no de ahora, sino de junio pasado. Williams ha sido el último, y suma ya 359 minutos en Liga desde que se estrenara ante el Córdoba en diciembre. Pero esta campaña han recibido ese bautizo otros tres compañeros. El primero de ellos fue Unai López, en agosto, ante el Napoli, y ya lleva 714 minutos en competición doméstica, lo que no está nada mal, pero este fin de semana se cumplirá un mes desde su última aparición liguera, ante el Rayo, cuando su entrenador le cambió a los 34 minutos; luego le dio 11 más en Turín. Desde entonces, nada. Ager Aketxe, más allá de su lesión, ha sido un visto y no visto, 61 intermitentes minutos desde su debut en setiembre ante el Shakhtar, y qué decir de Bustinza, ocho simbólicos minutos en octubre frente al Almería. Lo raro sería lo de Williams, que siga sumando tiempo de aquí a final de temporada; lo normal, que en el curso de su graduación disponga de contadas apariciones.

De los 34 canteranos de Lezama debutantes en los últimos 11 años, son 14 los que han superado los 800 minutos en su estreno, una cifra que sería factible que supere Unai López y puede que hasta Williams. Lo extraordinario es que Mikel San José se fuera hasta los 2.161 minutos tras su iniciación en el primer equipo en la 2009-10. O Susaeta hasta los 2.005, Ekiza a los 1.890, Iraola 1.760, Ustaritz 1.433, Laporte 1.204, Amorebieta 1.180, Casas 1.124, el propio Xabi Etxeita 977, Iturraspe 878, o, casos en los que Iñaki podría fijarse, Iker Muniain sumara 856 minutos y Llorente 814.

El cachorro con el `30' a la espalda parece tener condiciones para triunfar, si por triunfar entendemos consolidar su carrera en el Athletic; si estamos ante una estrella en ciernes, todo se andará. «Desde fuera estamos muy ávidos de gente nueva», dejaba caer Valverde la semana pasada al ser preguntado por Iñaki Williams. «Tengamos tranquilidad con los canteranos», era su siguiente mensaje. El aludido, dicen, tiene los pies en tierra firme. Seguro que él, mejor que nadie, tiene muy presente la letra de Zarama.

Rico vería bien jugar la final en Bilbo

«Si preguntas a cualquiera, te diría que nos gustaría jugar aquí. Nuestra afición no se tendría que desplazar, sería bueno para la ciudad y para el comercio. A mí sí me gustaría», contestó ayer Mikel Rico en Lezama sobre la posibilidad de que la final de Copa se jugara en San Mamés, cosa que no parece nada probable pero que con el equipo ya aliviado de apreturas ligueras, a falta de noticias, buenas son tortas. Pero el de Arrigorriaga asegura no perder el tiempo en la final cuando hay mucho por hacer en Liga. «El pase a la final de Copa moralmente nos ha dado mucho. Pensé en la final los dos días siguientes, pero ahora pienso en lo que viene, en el Almería» argumentó. Y ante los andaluces apuesta por «competir a muerte» porque en el día a día «si te dejas llevar durante un tiempo, luego es muy difícil recuperar» cara a ese 30 de mayo. «En cada partido nos tenemos que exigir lo máximo, sea el líder o esté en descenso», insistió en su mensaje. Rico volverá al once titular el sábado, en una demarcación en la que cada vez hay más competencia. «Es bueno para el grupo», dice uno de los fijos para Valverde. J.V.