Elkarrizketa
Javier Gálvez
voz y guitarra de horn of the rhino

«Tenemos una discografía más que sólida, un directo aplastante»

Horn of the Rhino es un trío nacido en Bilbo de la mente de Javier Gálvez, experimentado músico que tras unos cuantos años de proyecto en proyecto modela Rhino en 2004, antecedente más que directo de su actual banda. HOTR lleva meses presentando «Summoning deliverance», álbum tiznado en negro por el thrash, doom, stoner, sludge... y jarkore. Un trabajo impecable editado por el sello checo Doomentia Records, como sus dos anteriores, y muy valorado internacionalmente.

Javier Gálvez es la máquina con alma que late bajo la piel de Horn of the Rhino, formación bochera que se complementa con una sólida sección de ritmo integrada por dos expertos y contrastados músicos, Sergio Robles (ex-Rhino), y Julen Gil (ex-Rhino, ex-Subliminal y ex-Positiva). En realidad HOTR no deja de ser el proyecto Rhino, que debió de cambiar de nombre a finales de la década pasada por problemas de copyright. De hecho, Doomentia Records reeditaba el año pasado como Horn of the Rhino «Breed the chosen one», de la discografía de Rhino. Y se espera que otro disco más siga el mismo camino este año.

HOTR edita sus discos con Doomentia Records, ya van cuatro. El sello checo publica cuidando las ediciones. A la edición digital, le sigue en paralelo la publicación de dobles elepés con portada de dos cuerpos y en dos colores. El primero, «Weight of coronation», en su versión vinilo transparente es prácticamente inencontrable, y si sucede, no baja de los 100 euros. Su versión en negro ronda los 50.

Pero no son los precios lo que marca la calidad del trío, sino «Weight of coronatión», «Grengus», «Breed the choosen one» o el actual «Summoning deliverance». Trabajos que se mueven por todos los estilos ya mencionados y que sellan cada disco con diferentes tonos dentro de sus tubos de pintura. «Summoning deliverance» es bruto como Bruto, pero reporta momentos líricos y matemáticas. Cada canción machaca mente y corazón, al tiempo que limpia arterias a base de templanza y un motor de escavadora.

Gálvez toma su primera guitarra acústica en 1987. Dos años después canta en Juicio Final. Alguien le escucha cantar en un bar una canción de Metallica y no puede resistirse a invitarle a ser vocalista. En el 90 forma Ansia, donde ya se dobla con guitarra y voz. De Ansia sus recuerdos son críticos: «Canciones de sesiones de dormitorio», «letras estúpidas», y forma Burial, del 92 al 94. «Ahí las cosas se pusieron serias; ya no lidiaba con el heavy-cutre de JF ni con el grindcore-chiste de Ansia, ahí nos pusimos a crear temas de verdad, monstruos death metálicos, rápidos como el infierno, y salieron un par de demos abrasadoras, con sonido de maqueta, malo, horrible, como debía ser». De 1995 a 2000 crea From the Cross, para aunar death metal y hard-rock. También escribe letras para Anarko, «Después de FTC tuve un parón, quemadísimo por los avatares con los que se lidian siempre en una banda: egos, celos, desgana, estupidez, cansancio, etc... ». Aún así en 2002 nace Left Hand Riders. Declina ser el cantante de Positiva y en 2004 camina su proyecto más solido y apasionante Rhino o Horn of the Rhino, que ya les sitúa al lado de muchas bandas internacionales y en la cima del metal peninsular. Sonido plúmbeo, agobiante. Puro sudor, pedazos de espíritu, sentimiento. El cielo y el infierno hechos verdad entre surcos crispados y momentos de cristal pulverizado.

Son grandes, oscuros, ligeros y pesados, es la espesura del heavy batido por el doom o el primo stoner. Suenan thrash, pero le pegan, en ocasiones, tan rápido y duro, que es jarkore sucio capaz de lobotomizar, reparar y devolverlo a su sitio bien formateado.

¿Qué motivó tanto cambio de bandas, la juventud? ¿Qué les mantiene ahora unidos desde hace 10 años?

Creo que sí, juventud, inmadurez, estupidez (de nuevo)... Antes costaba mucho grabarse una demo, no digamos ya grabar un disco. Si no conseguías esas metas, era una especie de fracaso. FTC creo que tuvo el potencial necesario para haber durado más, para haberse consolidado y hacer grandes cosas, pero fueron otros tiempos y estuvo mal planteado; el único disco que grabamos no ayudó tampoco. El no mantenerse ha sido algo que siempre me fastidiaba un poco. Al final, el prestigio, el reconocimiento y el seguimiento te lo dan los años, muchas veces aunque seas basura; no es el caso de HOTR que, en mi opinión, es lo mejor que he hecho nunca, las mejores canciones que he escrito e interpretado están ahí y, sinceramente, no nos hace sombra nadie. Todo esto lo digo desde la más completa humildad. Yo soy un fan más. No digo que seamos la hostia o que seamos mejor que nadie o que estemos haciendo algo nuevo, simplemente son hechos: el grupo suena de puta madre y lo demuestra con canciones, y tenemos ya unas cuantas que sirven para demoler edificios. Y sobre el escenario, pocas veces veo a un batería golpear con la convicción y el aplastamiento con que lo hace Julen, o con la actitud de Sergio. Lo que abundan por ahí son los fuegos de artificio y la inconsistencia, todo es palabrería y pose, y una falta del sentido del ridículo brutal. Hoy en día nos mantiene la madurez, que no siempre, y la experiencia. Después de todo lo vivido en otras formaciones aprendes un poco, sobre todo a qué no hacer.

Cuenta con opiniones y críticas espléndidas de esta etapa en HOTR de todo el mundo, pero parece que el metal extremo, en cierta medida, lo tiene difícil para ser popular, ¿resignado o siempre cabe la esperanza?

¿Esperanza para qué exactamente? No aspiro a nada más que a lo que hago actualmente, que es escribir, grabar y tocar; evidentemente, las oportunidades de directos en sitios en los que no hemos estado nunca y tocar para más gente son bienvenidas, pero poco más. ¿Dar bolos bien pagados? Por supuesto. Sinceramente, es algo que no me preocupa, hasta cierto punto, claro. Todos esos «sueños» de juventud de llegar a lo más alto y demás, si alguno vez los hubo, están más que enterrados. Si el grupo acabase hoy me daría por satisfecho. Tenemos una discografía más que sólida, un directo aplastante, hemos tomado las decisiones que hemos creído correctas en todo momento, para bien o para mal, pero siempre bajo nuestros términos. Hoy en día, el metal extremo está en todas partes. Hay cosas que están hechas con gusto y tienen sentido, las menos, pero en la mayoría de los casos dan mucha, muchísima vergüenza ajena. ¡Y la gente traga!

Desde HOTR estáis con el sello checo Doomentia. ¿Cómo surge esta relación?

El paso lo di yo, después de ver lo chapuceros que fueron Arctic [etapa Rhino], que por mucho que fueran de USA, como sello dejaban mucho que desear. Como buen «vinilista», después de realizar unas compras y manosear mis nuevas adquisiciones, vi que uno de los sellos encargados era Doomentia, y la edición era exquisita. Investigué y me gustó lo que encontré. Me puse en contacto con el responsable [un trabajador, Lukas, que contesta los mails a la primera] y, para mi sorpresa, conocía a Rhino. Trabajamos codo con codo, cada vez con mejores resultados en promoción y demás, ya que en lo referente a las ediciones es imposible ir más allá, los vinilos que edita es de lo mejor que puedes encontrar en el mercado.

Siempre ha reconocido que Chris Cornell es una influencia, supongo que por Soundgarden. ¿Le decepcionó en solitario?

De su etapa en solitario me gustó «Euphoria morning» y algunos temas del segundo, ese «You know my name» para 007 fue tremendo. Del tercero llegué a escuchar algo pero me echó para atrás. Ahora está más refinado y tal, pero creo que el último de SD está a la altura, ese disco está lleno de canciones grandísimas. De todas maneras, Cornell es una influencia, pero hay muchas más. Ian Gillan es un ejemplo; lo que hizo con Black Sabbath en «Born again» me marcó de por vida, ese disco es imprescindible. John Corabi hizo algo similar con Motley Crue, el disco que grabó con ellos es una bestia, y de nuevo, es una gran influencia, aunque no esté tan presente como Cornell. Glenn Hughes, Danzig, Hall and Oates... «Abandoned luncheonette» [del dúo y con mucho soul y soft-rock] es uno de los mejores discos que he escuchado nunca. Por otro lado están las influencias más bestias, que es algo totalmente distinto. Martin Van Drunen, David Vincent, Brett Hoffmann... Glenn Benton en el primer disco de Deicide estaba pasadísimo de vueltas, era una locura, al igual que Hoffmann en «The yen commandments», de Malevolent Creation.

«Hay muchos productores que no hacen más que chupar la vida de las canciones »

«Grengus» es más bruto que «Weight of coronation» y se desgarras más la voz... , aunque haya temas limpios en voz como «Brought back», que no sabemos si hubiese podido existir si Black Sabbath no inventara ese sonido sórdido y grave...

El paso de «WOC» a «Grengus» fue totalmente consciente. La intención era hacer nuestro disco más bestia y, para ello, eché mano de mis influencias más garrulas. En aquella época fue cuando desempolvé las demos de Burial, incluso en alguna letra hay referencias a ellos, y dio paso a todo lo que se está cociendo ahora en mi cabeza, musicalmente hablando. Lo de las voces es algo que la música debe decidir, no es algo que tenga ser un 50% de voces limpias y otro 50% sucias, todo depende de la atmósfera que se le quiera dar a la canción en cuestión y del estado en el que te encuentres al escribir.

«Summoning deliverance» suena muy diferente a los dos discos anteriores, la sección rítmica tiene otro tono, otra mezcla y la batería va, en algunos tramos, más a saco, casi jarkore o grindcore («Their tombs», por ejemplo). Sin embargo los tres se han grabado con el ex-PILT Xanpe en su estudio. Su guitarra y voz también tiene otro sonido. Parece que es notable el cambio. ¿Podría hablarse de sonido más limpio en cada plano sin perder dureza? ¿Cambió Xanpe algo en el estudio?

Todos los cambios son conscientes. Repetirse sería muy fácil, y más grabando con la misma persona en el mismo estudio, pero no queremos eso, nos gusta que cada disco sea único. Hay muchos productores e ingenieros de renombre que no hacen nada más que chupar la vida de las canciones en las grabaciones y que hacen que todos los discos suenen igual. Y de nuevo, la gente traga. Esta vez el sonido ha sido un poco más claro, más crispado, con más agudos en la mezcla. La verdad que ha sido una grabación difícil en muchos aspectos, siendo uno de ellos el sacar un sonido de este tipo; han sido muchas horas junto a Xanpe delante de la consola, llevando el proyecto para arriba hasta que todos nos hemos encontrado a gusto. El resultado habla por sí solo. Xanpe ya iba sobre aviso, como siempre, de que este disco debía sonar de determinada manera y lo encaró como es habitual en él, dándolo todo y haciendo los cambios necesarios.

«Deliverance prayer», una de las canciones donde se exige más a su voz y donde más se luce. Tiene mucho de blues-rock setentero: interpretación, clima, luz...

Esa parte final, donde la voz sube y sube, fue de lo primero que escribí para el disco, hace ya bastante. Ese tipo de temas, a lo Sovereign, Goat Behind, The Gates, lentos, pesados, poderosos y épicos, con grandes estribillos, es algo que siempre sale, es parte de mí, parte de HOTR. P.C.