Médicos trazan una línea recta entre el cáncer y una incineradora
La asociación GEIS, que aglutina a médicos de diversas especialidades, lleva años analizando estudios científicos sobre los efectos de la incineración en la salud. La probabilidad de malformaciones crece un 30% y los tumores se producen más fácilmente. La mortalidad del cáncer de pleura se dispara hasta un 84% en la población más expuesta.

El Grupo de Estudios sobre Incineración y Salud (GEIS), que aglutina a médicos guipuzcoanos de distintas especialidades, lleva alrededor de catorce años analizando los estudios científicos más rigurosos en torno a los efectos que la incineración de residuos tiene en la salud humana. Vivieron la proyección de una planta en Txingudi y, ahora, con el emplazamiento en Zubieta, advierten que aquellos malos presagios siguen siendo igual de vigentes, a pesar de que los responsables políticos se escuden en que se trata de «una incineradora de última generación».
En todo este tiempo GEIS ha seguido trabajando al margen de los focos, y las conclusiones más recientes las ofrecieron ayer en Donostia. Su base de trabajo han sido investigaciones publicadas en los medios científicos internaciones de mayor impacto, y han sido analizados desde un punto de vista «exclusivamente profesional». La de ayer fue una exposición «al margen de ideologías», porque, ante todo, defendieron, «somos médicos» y, como tal, «nuestro deber es velar por la salud aplicando el principio de responsabilidad».
La médico Maialen Berridi hizo una fotografía de la situación a través de los porcentajes extraídos de los estudios analizados. Destaca, por ejemplo, el aumento de un 30% de las malformaciones congénitas como el labio leporino detectado en las poblaciones cercanas a una incineradora, o los casos de displasia renal, que se multiplican un 50%. A ello se le suman las enfermedades cardiovasculares, las pulmonares o los distintos tipos de cáncer. El de hígado crece un 29% y el de pulmón, un 14%.
La facultativa citó un reciente estudio de la universidad madrileña de Carlos III por su «alta calidad metodológica». En él, las cifras de las probabilidades de morir por algún tipo de tumor son preocupantes: 84% en el caso del cáncer de pleura, 24% en el de vesícula y 21% en el de la leucemia. Recordó que para dicho estudio se estudiaron las incineradoras del Estado español, y se comparó a la población que tenía una a diez kilómetros a la redonda, con poblaciones que no están expuestas directamente. «El objetivo es mostrar estos datos, dárselos a conocer a la ciudadanía y aplicar el principio de responsabilidad. Como médicos tenemos que difundirlo para evitar dañar a la población», argumentó.
Cenizas, cepas y carbono
Sobre la toxicidad habló el médico Xabier Mitxelena. Citó las cenizas, las cepas (las llamadas escorias) y el dióxido de carbono. Se mostró especialmente preocupado con las cenizas, la planta de Zubieta expulsará unas 5.900 toneladas al año, y con los lixiviados tóxicos que estas generan. Estos elementos han de guardarse en vertederos específicos donde la seguridad es más aguda. Es en esos depósitos donde puso el otro acento, ya que la erosión que producen sus aguas generan vertidos tóxicos.
Sobre las cepas también ofreció datos. En Zubieta se generarán 32.900 toneladas cada año y su depósito en vertederos para residuos no peligrosos no ha pasado inadvertido a ojos de los científicos. Según recordó Mitxelena, hay estudios que corroboran su toxicidad y otros que señalan ya su capacidad mutagénica.
Y por último, las emisiones de dióxido de carbono. «La Diputación prevé incinerar 163.500 toneladas de residuos al año y generar 147.000 toneladas de dióxido de carbono, es decir, casi una tonelada por cada tonelada incinerada», resumió. Estos números, en opinión de GEIS, «están muy lejos de los objetivos marcados en la cumbre de París».
El vertedero, inevitable
Y puestos a hacer una crítica a la realidad política de nuestros días, el doctor José Cruz Villandiego consideró que estas infraestructuras vienen de la mano de responsables políticos que sacan de la chistera «soluciones definitivas». Lo consideró un riesgo «imprudente e innecesario» al que exponen a los ciudadanos. Por ello, GEIS se mostró dispuesto a dialogar, a informar y a colaborar. Nunca en estos años han recibido una llamada de los mandatarios, pero a ellos se dirigieron ayer, a los que pidieron una moratoria para Zubieta. «Exigimos el derecho a la salud para todos», dijo, recordando que una incineradora nunca es la garantía del fin de los vertederos, porque quemar los residuos no hace que la materia desaparezca, sino que la transforma en cenizas, etc…
Sobre los estudios que indican lo contrario a lo expuesto ayer por este grupo de trabajo, agregó que hay que analizar si cumplen o no con los parámetros de calidad establecidos en el mundo científico. «Y los que así lo sostienen, no los cumplen«, dijo.
25 camiones diarios a Cantabria con un sobrecoste del 50%
El diputado de Medio Ambiente de Gipuzkoa, José Ignacio Asensio, confirmó ayer el plan para enviar residuos al vertedero de Meruelo (Cantabria) en camiones diarios desde el próximo lunes, lo que supondrá un sobrecoste del 50% (no lo cuantificó en euros) respecto al sistema actual. Asensio consideró «un mal menor» que finalmente el vertedero de Lapatx vaya a permanecer abierto tres o cuatro meses más, porque eso «permitirá organizar mejor la logística» e ir adaptando el operativo cántabro.
Hasta la fecha, PNV y PSE, partidos que ahora gobiernan en Gipuzkoa y controlan el Consorcio de Residuos, habían puesto el grito en el cielo por los dos camiones con fracción resto que se desplazaban cada día hasta la localidad navarra de Funes. Asensio dijo ayer que trasladar hasta Cantabria 25 camiones diarios «es logísticamente complicado», «medioambientalmente una mala solución» y «económicamente caro», pero lo defendió como «necesario».
Los dos bloques políticos principales en Gipuzkoa acusan al otro de no haber dado solución al tema antes. Asensio justifica así la incineradora y Bildu recuerda que ya presentó un plan integral alternativo.

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