Haritz RODRÍGUEZ

Banderas de cortesía

El uso de banderas tiene un significado especial en la mar, puesto que es la forma ancestral de comunicarse entre barcos. Más allá de las banderas de señales, las embarcaciones tienen la obligación de ondear el pabellón nacional siempre que estén navegando. Y cuando se hallan en aguas de otro país, deben izar la bandera de paso inocente, más conocida como bandera de cortesía.

La bandera rojigualda en el puente de mando. El barco ondeó la ikurriña en honor al país anfitrión. (Haritz RODRÍGUEZ)
La bandera rojigualda en el puente de mando. El barco ondeó la ikurriña en honor al país anfitrión. (Haritz RODRÍGUEZ)

El pabellón nacional ha de llevarse siempre a popa, mientras que la bandera de paso inocente se coloca generalmente en una driza u obenque de estribor. En la mar, la izada de la bandera del país por cuyas aguas se navega es una señal de cortesía. Significa que el paso es amistoso y que no existen «malas intenciones».

El pasado domingo recaló en Donostia el velero ‘Estelle’, una embarcación con pabellón finlandés que forma parte de la III Flotilla de la Libertad. Tal y como manda la legislación marítima, en su popa lucía una bandera de Finlandia, mientras que en el obenque del palo mayor flameaba la ikurriña, acompañada de la bandera con el logo de la iniciativa Ship to Gaza.

Por la tarde, un grupo de periodistas tuvo la ocasión de subir a bordo y conocer de cerca cómo vive la tripulación del ‘Estelle’ su viaje humanitario hacia aguas palestinas. Fueron recibidos por Dror Feiler, artísta y activista sueco de origen hebreo, que sirvió durante dos años en la Palestina ocupada con el Ejército israelí. Este exparacaidista es hoy el presidente de la asociación Judíos por la Paz Palestino-Israelí.

Durante la entrevista, un helicóptero sobrevuela el puerto de Donostia y el entrevistado alza la vista como si de un acto reflejo se tratara. Es la tercera vez que se embarca en la Flotilla de la Libertad.

Feiler es un hombre contundente, con voz firme y no menos firmes convicciones. Se expresa sin tapujos sobre la situación política de Palestina, y no duda en ofrecer su opinión sobre otros temas candentes, como la repatriación y excarcelación de los presos políticos vascos. La productora transmedia Transistoria ha realizado un microdocumental que recoge la visita de ‘Estelle’ a Donostia.

Finalizada la entrevista, los periodistas tienen la oportunidad de visitar el barco libremente. Las escotillas del ‘Estelle’ están abiertas de par en par, y el visitante puede tranquilamente moverse de proa a popa, sintiéndose casi parte de la tripulación.

No hay nadie en el puente de mando. Solo las cartas, las radios, y todo tipo de utensilios para la correcta navegación marítima. Sobre la mesa de cartas, un torrotito parece haber sido apartado de momento. Se trata de la enseña rojigualda, la enseña nacional española.

La legislación marítima española es muy clara respecto al uso de banderas en las embarcaciones foráneas que surcan sus aguas y cuando las propias navegan por aguas de otros países.

«El izado de la bandera del país anfitrión se hará en la driza de señales disponible más exterior de la banda a tierra y en tanto esté izada la bandera nacional. El tamaño será siempre inferior a la bandera nacional». «Las banderas y enseñas reconocidas en los Estatutos de las Comunidades Autónomas podrán izarse en puertos nacionales y aguas interiores, pero siempre al mismo tiempo que el Pabellón nacional y con el tamaño que determina el artículo segundo».

Sin embargo, esta legislación causa situaciones molestas y respuestas irregulares en aquellas comunidades con aspiraciones soberanistas. En los puertos vascos, por ejemplo, la casuística es variada.

Por un lado están quienes cumplen la ley a rajatabla izando a popa la bandera española de tamaño reglamentario. Otros optan por utilizar un minúsculo torretillo que apenas se percibe, incluso hay quien ha ideado sistemas para que la enseña permanezca enrollada con un cabito. Si la autoridad competente hace acto de presencia, se tira del cabo, y la bandera aparece como por arte de magia. Por último, hay quien directamente opta por declararse insumiso y no colocar el emblema español y sustituirlo por la ikurriña, aún a riesgo de ser multado.

El asunto no es para bromas. En varias ocasiones la Guardia Civil ha sancionado a los patrones de embarcaciones vascas por no lucir la enseña como manda el reglamento.

En aguas de otros países, la insumisión hacia enseñas con las que algunos no se sienten identificados es más simple. Tan sencillo como izar a popa la bandera nacional «antirreglamentaria» (ikurriña, senyera, bandera bretona…) y como cortesía, en su lugar habitual, la del país anfitrión.

Pues bien, por lo que se ve, el capitán del ‘Estelle’ decidió mostrar un gesto de cortesía con el país que le iba a recibir, retirando momentáneamente la bandera española que debía haber izado por ley. En su lugar, lucía una ikurriña de dimensiones considerables.

Tras atracar en Donostia y Bermeo, ‘Estelle’ ha zarpado ya rumbo a Gaza y se encuentra en algún lugar del océano. Gracias al Sistema de Identificación Automática (AIS), podemos hacer un seguimiento en vivo de su trayecto, monitorizando su posición a través de esta aplicación web.