Ramón Sola
Donostia

Una redada triplemente inútil

El ministro Fernández quería que estas detenciones pasaran a la historia como la redada triple, así que se extendió sobre su dificultad operativa o los 600 kilómetros de distancia entre los lugares. Pero solo se recordará como una redada, otra más, triplemente inútil. Porque no sirve a ninguno de los objetivos clásicos de estas operaciones: ni al militar, ni al propagandístico, ni siquiera al de presionar al enemigo.

El primero es el más evidente. Rodeado precisamente de militares en un acto matinal en Todelo, Fernández Díaz saludó esta redada como un avance «en el combate». No hay peor ciego que el que no desea ver. Dos no se pegan si uno no quiere, y ETA no es ya que no quiera pegarse ahora, sino que ha dejado la lucha armada definitivamente. Así que con sus redadas los ministros de turno se delatan a sí mismos como esos boxeadores sonados que en su desvarío golpean al vacío, al aire.

Hubo un tiempo en que estas cosas servían al menos como propaganda. Ahora, ni eso. La opinión pública estatal toma cada reaparición de la agenda anti-ETA como una triquiñuela para desviar la atención del paro, la corrupción o la crisis de la monarquía. Fue muy revelador que al sur del Ebro ayer diera más que hablar la comparación del ministro entre ETA y el aborto que la redada en sí.

El tercer objetivo sería presionar a ETA para que se disuelva. Pero para ello el sentido común, tan poco común en Moncloa, dicta hacer justo lo contrario a detener. También lo pide la comunidad internacional: hablar con ETA, cerrar las consecuencias del conflicto. Y el ministro, que lo sabe bien, se hace trampa con un último artificio inútil: «Si no se disuelven, nosotros lo haremos». ¿Alguien cree que todas sus policías no lo habrían hecho ya si hubieran podido?