Juan Carlos ELORZA

El balonmano trata de recuperar el espíritu de la Gabon Kopa de los 80 para impulsar sus selecciones

El balonmano pondrá broche final a un mes intenso en torno a la Euskal Selekzioa, cuya reivindicación ha cobrado fuerza a nivel institucional -con los últimos movimientos del Gobierno de Gasteiz- y social, con la aparición de Jauzia, que pretende impulsar la creación de selecciones que nos puedan representar oficialmente a nivel internacional.

La selección femenina de balonmano iniciaba el mes de diciembre con un doble enfrentamiento ante Cuba en Basauri e Irun, y el pasado fin de semana se vivía un intenso carrusel de enfrentamientos entre las selecciones vascas y catalanas de fútbol masculino y femenino, rugby y fútbol sala, que reflejaba las ansias compartidas por ambas partes de poder competir en nombre propio en el plano internacional. La pelota también participaba con varias citas ante México, y la próxima semana el balonmano masculino se sumará a este anhelo reivindicativo con el doble choque entre Euskal Selekzioa y Chile -en la recta final de su preparación para el Mundial de Qatar, que comienza el día 15-, en las pistas de dos de los clubes vascos más emblemáticos y que acaban de celebrar sus 50 años de historia, Trapagaran y Zarautz.

El balonmano, representado especialmente por su equipo masculino, es junto al fútbol uno de los deportes que más activo se ha mostrado a lo largo de los años en la reivindicación de contar con una selección propia. La primera voz que se recuerda reivindicando públicamente la oficialidad fue la de Dioni Villar, exjugador y directivo guipuzcoano, que en abril de 1978 publicaba una carta en varios periódicos en la que abogaba por la creación de una Federación Vasca (que no se constituiría hasta finales de 1985) que se adhiriera directamente a la Federación Internacional, proponiendo un status similar al de las selecciones de las islas británicas. Villar instaba al entonces Consejo General Vasco a que designara a alguna persona para canalizar esta reivindicación, y un mes y medio después una treintena de clubes de Gipuzkoa respondían a la llamada reuniéndose en Donostia para iniciar los pasos en pos de la creación de una Federación Vasca.

Respecto a la selección, sus primeros antecedentes se remontan hasta el 20 de enero de 1979, cuando se enfrentó al Calpìsa en el Polideportivo Ipurua de Eibar -en construcción y no completamente acabado todavía-, con el fin de recaudar fondos para el Arrate. El Calpisa preparaba su eliminatoria de cuartos de final ante el Dinamo de Bucarest en la Copa de Europa, que jugaba una semana después en Rumania, y el partido finalizaba con 29-21 a favor del club alicantino, en el que además militaban varios de los mejores jugadores vascos de la época: Jesús Mari Albisu, Nacho Novoa, Juanjo Uria, Mario Hernández y Santos Labaca, que por sí mismos habrían constituido una base formidable para una selección vasca de buen nivel.

Miguel Diego, entrenador del Arrate, actuaba como seleccionador y convocaba a Pagoaga (Barcelona) y Garmendia (Bidasoa) como porteros, junto a López Manrique y De Andrés (At. Madrid), Patxi Sánchez y Escobosa (San Antonio), Arruti, Martín y Nemesio Vicente (Michelin Valladolid), López Laorden (Granollers), Sagarribay (Barcelona), y Salcedo, Aristi, Sagarzazu, Altube, Alvarez, Paredes y Emaldi (Bidasoa). De Andrés y Arruti no pudieron jugar, ni tampoco Albisu en el Calpisa, en un partido que comenzó a las 22.30, un horario peculiar que el Arrate explotó con éxito durante algunos años.

Tres días después el Calpisa vencía también a la selección española por 25-18 (sin los jugadores del club alicantino en sus filas, pero sí con Pagoaga, Manrique y Sagarribay).

Sin embargo, el debut oficial de la selección vasca no llegaría hasta casi dos años después, el 23 de agosto de 1980, impulsado por la iniciativa popular Sustraiak, y tras superar todo tipo de trabas. Los organizadores, que en aquellos tiempos tiraban por elevación y ponían la vista en las mejores selecciones del panorama mundial, habían conseguido la presencia de Yugoslavia, que vivía la mejor época de su historia (campeona olímpica en 1972, y bronce en los Mundiales de 1970 y 1974, y luego sería campeona olímpica en 1984 y plata y oro en los Mundiales de 1982 y 1986). Pero acababan de celebrarse los Juegos Olímpicos de Moscú (finalizaron el 3 de agosto) y, tras el decepcionante 6º puesto de Yugoslavia, el monumental enfado de sus dirigentes federativos les llevó a suspender el viaje a Euskal Herria.

Estreno oficial ante Catalunya

A pocos días del partido se trató de salvar la papeleta con la presencia de Bulgaria, el primer recambio, y también se intentó con Polonia, mientras la Federación Española ponía todo tipo de trabas, negándose incluso a que los árbitros gallegos Collazo y Costas dirigieran el partido (al final lo hicieron los guipuzcoanos Berridi y Jiménez), e incluso algunos clubes como At. de Madrid (Uria) o Caja de Ronda (Mario) ponían pegas a sus jugadores para acudir a la convocatoria.

Al final fue Catalunya el contrincante, en el Pabellón Jesuitas de Indautxu, con una selección dirigida por Juantxo Villarreal y en la que se alineaban Pagoaga e Iruretagoiena como porteros, y Albisu, Labaca, Uria, Sagarribay, Mario, Altube, Paredes, Emaldi y Salcedo, con las bajas de Nacho Novoa (recién operado de la nariz) y Martín. Para hacerse una idea del nivel de aquella selección vasca, baste mencionar que hasta cinco de sus componentes acababan de participar en los Juegos Olímpicos con la selección española, que acabó quinta por delante de Yugoslavia: Uria, Pagoaga, Albisu, Mario y Novoa. Y otros dos habían estado en los Juegos Olímpicos de 1972 en Munich (Labaca y Sagarribay). En la selección catalana había dos olímpicos (López Balcells y Serrano), y también jugadores de la talla de Sagalés, Jaume Puig o el que luego fuera entrenador del Barcelona, y seleccionador de España y ahora de Qatar, Valero Rivera. El partido acabó con victoria de la selección vasca, por 24-22.

Cuatro meses después nacía la Gabon Kopa, un torneo de corta vida pero que supuso un gran impacto en su momento, que ha quedado como un hito de la ambición y la capacidad organizativa vasca, y que reflejaba la gran ilusión depositada durante aquellos años en que pudiera fructificar una vía política que hiciera posible que Euskal Herria pudiera disfrutar de su propia representación en el deporte internacional.

Solo se disputaron cuatro ediciones, pero por los pabellones vascos pasaron Yugoslavia (donde jugaba por ejemplo el portero Branko Karabatic, padre de los actuales internacionales franceses Nikola y Luka); Rumania (bronce en los Juegos de Moscú antes de jugar en Euskal Herria, y bronce otra vez después en Los Angeles 1984), con estrellas como Marian Dumitru, Berbece o Voinea en sus filas, así como un joven Buligan que con el tiempo sería portero del Arrate y del San Antonio; o Polonia (bronce en los Juegos de 1976 en Montreal, y también en el Mundial de 1982, unos meses antes de jugar en Euskal Herria), donde destacaban Waskiewicz, Tluczynski, su portero Szymczak y un imberbe Bogdan Wenta, que años después recalaría en el Bidasoa. Un denominador común, la asistencia de aficionados a los partidos, sin parangón hasta entonces, y que después solo se ha conocido en los momentos más brillantes de la historia del Bidasoa.

La primera edición de la Gabon Kopa, a iniciativa del Gobierno de Gasteiz y con el patrocinio de la Caja de Ahorros Provincial de Gipuzkoa en Donostia y de la Caja de Ahorros Municipal en Bilbo, consistió en un doble enfrentamiento entre la Euskal Selekzioa y Yugoslavia -tras haber intentado traer también a la RDA, Rumania y Checoslovaquia-, que esta vez sí hizo gala al compromiso al que había fallado unos meses antes. La tarde del 24 de diciembre, a las 17.00 horas, con Anoeta abarrotado -el partido comenzó media hora tarde porque las taquillas no daban abasto-, y tras unos prolegómenos muy emotivos con la actuación del grupo de danzas Amalur, el equipo que en esa ocasión dirigía Paco Mugerza se impuso a los balcánicos por 22-18, con Mario Hernández como máximo anotador con 6 goles. Dos días después la cita era en Bilbo, en La Casilla, donde el tiempo reglamentario acabó con empate a 25 y se tuvo que jugar una prórroga de diez minutos, solventada otra vez con victoria vasca por 34-30, con los 13 goles marcados por Bata Obucina (que luego sería jugador de San Antonio) como máxima anotación (también sería galardonado como mejor jugador del torneo), mientras Mario volvía a ser el máximo goleador de los vascos, con 8.

Segunda edición con aperitivo en Iruñea

La segunda edición de la Gabon Kopa fue un torneo triangular con Rumania y Checoslovaquia, y contó con un «aperitivo» organizado por Anaitasuna, un nuevo choque ante la selección catalana en Iruñea, el 23 de diciembre de 1981 (a la que no acudieron jugadores del Barcelona por la prohibición de su presidente José Luis Núñez -actualmente en prisión-, en contra de la opinión de su entrenador Miguel Roca). Antes del inicio sonaron tres himnos, los de ambas selecciones y el de las Cortes de Navarra. La Euskal Selekzioa ganó por 29-25, con 9 goles de Uria.

Al día siguiente el Rumania-Checoslovaquia abría el torneo en Mendizorrotza, con victoria rumana por 24-21 (8 goles de Dumitru y 7 de Folcher). Y el día 25 en Anoeta -lleno a reventar de nuevo- Checoslovaquia se imponía por 22-26 a los vascos (sin los azulgranas Pagoaga ni Novoa, debido a la prohibición de Núñez), con un final de partido espectacular gracias a un fly entre Novak y el capitán checo Kozak, cuando este tipo de jugadas eran completamente desconocidas por aquí, que el público aplaudió a rabiar y saludó agitando sus pañuelos. Uria marcaba 8 goles por los vascos, mientras Kozak (7), Stika (6) y Toma (6) se repartían la mayoría de los goles de la selección centroeuropea.

El 26 de diciembre se cerraba el torneo en La Casilla con una goleada de Rumania frente a la selección vasca (36-21), que acusaba el esfuerzo de disputar varios partidos seguidos ante rivales de semejante nivel.

La III Gabon Kopa, en diciembre de 1982, llegaba con otra novedad, esta vez los organizadores, por primera vez, pedían una pareja arbitral a la Federación Internacional, que designaba a los búlgaros Kostov y Kabadepov para encargarse del torneo, otra vez triangular, con Polonia y Yugoslavia de invitadas. Juantxo Villarreal sucedía a Mugerza en el banquillo y se estrenaba el día 24 en Anoeta con una severa derrota ante Polonia (20-32), donde ya brillaba la calidad de Wenta, y Uria volvía a liderar a la selección vasca en anotación (8). Al día siguiente volvía a caer, aunque por un tanteo más ajustado, ante Yugoslavia (19-23) en Eibar, y el domingo 26 Polonia se llevaba el trofeo tras vencer a Yugoslavia por 21-26 en La Casilla, con 3.000 personas en las gradas, 6 goles de Gawlik y 5 de Wenta, los polacos más destacados.

La cuarta edición, en 1983, sería la última de un torneo singular y que había permitido ver en casa a algunas de las mejores selecciones del mundo. De nuevo fue Yugoslavia la rival -aunque con un combinado de segundo nivel-, a doble partido, con arbitraje de una pareja catalana (Franch y Brustinga), y retransmisión de la recién creada ETB del primer partido, disputado el 26 de diciembre en La Casilla. Quizá por ser lunes, o por la novedad de la televisión, las gradas mostraron un aspecto desangelado y la Euskal Selekzioa acabó ganando 26-24. Al día siguiente se repetía el choque en Anoeta, que por primera vez no se llenaba, y Uria no podía jugar porque el Barcelona (que había flexibilizado su postura de unos años atrás) solo le dejaba disputar uno de los dos partidos. Los vascos volvían a imponerse (21-14).

La cuarta edición marcó el final de una etapa. De alguna manera los ánimos se habían enfríado, y lo que empezó como una iniciativa ilusionante con visos de convertirse en realidad -quizá ingenuamente, como con tantas cosas tras la muerte de Franco-, iniciaba su deriva hacia cierto folklore vaciado de contenido. Entre medio nacía la Federación Vasca, con Juan Ignacio Gurrutxaga como primer presidente, e incluso se disputaba una insólita primera edición de la Liga Vasca juvenil masculina, con representantes de los cuatro territorios de Hegoalde -en la que jugaban, por ejemplo, Garralda o Urdangarin-, que ganó Bidasoa, seguido de los clubes navarros San Antonio, Anaitasuna y Burlata. Pero ya no volvería a repetirse jamás.

El Gobierno de Gasteiz trató de resucitar algo parecido a la Gabon Kopa promoviendo la Euskadiko Kopa, de la que solo se disputó una edición en junio de 1987, un cuadrangular más curioso por los participantes que por su nivel, en el que jugaron, junto a la Euskal Selekzioa, Marruecos, Estados Unidos... y Cuba, con un joven Julián Duranona (22 años), que luego sería segundo goleador del Mundial 1986 -tras el coreano Jae-Won Kang-, y máximo anotador en el de 1990 en Checoslovaquia -empatado a goles con otro lateral mítico, Tutchkin-, que jugó en Islandia (y adquirió esa nacionalidad), luego en Alemania, y acabó en Castellón en Primera Nacional cumplidos ya los 40, en 2006, luchando por la permanencia contra un Elda que entrenaba... el irundarra Nacho Novoa.

Desde la Euskadiko Kopa la selección vasca desapareció prácticamente hasta el siglo XXI, cuando regresó desde una perspectiva más deportiva y menos reivindicativa. Desde entonces ha jugado 13 partidos, siete de ellos contra Argentina -donde ha estado dos veces de gira, una en 2001 y otra en 2007-.