Un panorama inédito y un futuro Parlamento fragmentado es el previsible escenario de las elecciones que se celebran hoy en Andalucía y que abren un ciclo político intenso en todo el Estado. Las particularidades del gran bastión del PSOE, que lleva gobernando el territorio ininterrumpidamente desde 1978, hacen que sea difícil extrapolar los resultados a un tablero marcado por la crisis estructural. No obstante, sí que resulta un primer ensayo. Lo paradójico es que, si las perspectivas se cumplen, tanto las formaciones que han participado en el juego electoral hasta el momento (PSOE, PP e IU), como las nuevas opciones que se estrenan en territorios desconocidos para ellos (Podemos y Ciudadanos) podrán decir, cuando acabe el día, que algo han ganado. Luego llegará el momento de los pactos. Será entonces cuando se comprueben preferencias de cara al futuro.
PSOE
Si las encuestas se cumplen, Susana Díaz, actual presidenta sin refrendo en las urnas, podrá decir que acertó al adelantar los comicios. En clave andaluza, porque mantendrá el Gobierno y, además, reforzada, ya que recuperará el primer puesto que le arrebató el PP a José Antonio Griñán hace tres años. En clave de partido, será jefa del feudo del PSOE y, previsiblemente, la máxima representante de una institución en manos de Ferraz. Una baza importante para una política que juega a la ambigüedad cuando le preguntan si aspira a competir con Pedro Sánchez de cara a las generales pero que ya manda, y mucho, en un partido que sigue roto.
A la hora del análisis, habrá que establecer las causas por las que en Andalucía ni un 34% de paro ni la corrupción generalizada afectan electoralmente al PSOE. Después, en clave estatal, llegará el momento del acuerdo. Díaz ya ha dicho que ni PP ni Podemos son sus aliados potenciales, aunque ni siquiera reconciliándose con IU tiene garantizada la estabilidad. ¿Podría desdecirse y terminar pactando el apoyo de Génova? Sea lo que sea, es probable que su sonrisa de éxito tenga el reverso en casa, con los nervios de Sánchez.
PP
Lo más cerca que el PP ha estado de gobernar en Andalucía fue hace tres años, cuando Javier Arenas se impuso en los comicios. El pacto entre PSOE e IU frustró las expectativas de Génova y da la sensación de que, desde entonces, la formación que lidera Mariano Rajoy haya dejado de lado un territorio vetado para la gaviota. Con un candidato casi desconocido, Juanma Moreno Bonilla, su gran éxito será no dejarse demasiado por el camino. Especialmente porque estas son las primeras elecciones en las que la «mordida» puede llegar desde Ciudadanos, ese intento de construir un Podemos de derechas y que en los últimos meses ha comenzado una escalada fulgurante.
Como ocurre en el PSOE, las urnas andaluzas también tendrán sus réplicas en Génova. En este caso, porque el aspirante fue una elección personal de Rajoy, apoyado por Soraya Sáenz de Santamaría, frente a la propuesta de la secretaria general del partido, Dolores de Cospedal. Claro que los estilos son distintos e incluso en el caso de catástrofe, no parece probable un ruido público que siempre asegura Ferraz. Con quedar segundo, tal y como prevén las encuestas, el PP podrá vender moderada satisfacción.
IU
El hasta ahora socio de gobierno de Susana Díaz es quien menos perspectivas tiene de poder decir que saca partido estas elecciones. Pese a que Andalucía es una de sus plazas fuertes, las encuestas vaticinan una importante fuga de votos y el gran logro de Antonio Maíllo, su candidato, sería contener la hemorragia. Ha planteado una campaña seria, con propuestas claras contra el paro y la corrupción. Un programa a futuro que, por otra parte, es complicado de defender ante el empuje de Podemos, que llega sin la mancha de haber sostenido durante tres años al Ejecutivo del PSOE. Las matemáticas pueden colocarle como socio preferente de Díaz o dejarle fuera de juego. En el primero de los casos, habría que ver si una alianza con el PSOE, que probablemente defienda el coordinador general, Cayo Lara, frente al candidato, Alberto Garzón, sería positiva para un ciclo político que se afronta en curva descendente.
Podemos
Una de las hipótesis que explicaban el adelanto electoral el Andalucía era que Susana Díaz no quería arriesgarse a que el paso del tiempo le desgastase más frente al auge de Podemos. Ahora, la formación de Pablo Iglesias tiene la reválida de las europeas en un terreno poco propicio. Tanto que hasta Luis Alegre llegó a reconocer que estos no eran unos comicios prioritarios, pese a que luego rectificó. Podemos comenzó con titubeos por sus divisiones internas, solventadas con una candidatura de unidad encabezada por Teresa Rodríguez, la eurodiputada díscola. Sin embargo, en campaña se ha venido arriba. Su gran éxito: reventar el velódromo de Dos Hermanas, en Sevilla, con gran carga simbólica ya que siempre fue el escenario de los grandes mítines del PSOE.
Teniendo en cuenta que hace poco más de un año Podemos no existía, quedar tercero, como vaticinan las encuestas, puede ser presentado como un triunfo. Aunque sea agridulce, teniendo en cuenta que puede acrecentar la sensación de estancamiento. No estar en posición de disputar la presidencia también puede reabrir discusiones internas y hacer que los sectores que más abogan por la «centralidad del tablero» echen en cara a Rodríguez un «izquierdismo» que, según su lógica, lastra a la hora de aglutinar grandes mayorías.
Ciudadanos
El quinto en discordia ha aprovechado el tirón de los últimos meses, en los que ha sustituido a Podemos como fenómeno mediático, sin recibir además la presión brutal de los grandes medios. En el ensayo del «cuatripartidismo», quedar como cuarta opción ya sería un logro. También habrá que ver cuánto le arranca al PP y si podrá presentarse como la bisagra de los grandes.

La Fiscalía archiva la denuncia contra el acceso al chalet de Xabi Alonso en Igeldo

Una testigo confirma que Amaya Zabarte recibió una patada de la Ertzaintza

Imputan a tres concejales del PNV de Getxo y tres técnicos por el derribo del palacete

Tortura jasan eta ozen salatu zuen Susana Atxaerandio gasteiztarra zendu da

