Poco de txikiteo en una fiesta de exaltación católica y postal turística
El casco viejo bilbaíno vivió qyer una de esas jornadas en las que los habituales en las barras de sus tabernas optaron por otros lares. El txikitero eguna se ha convertido en una fiesta multitudinaria donde se combinan trazos de exaltación católica, reclamo turístico y comercial, y mucho postureo en la celebración.

Fue el párroco de Santiago Epifanio Mezo quien en 1964 inició la costumbre de dedicar un recuerdo a los txikiteros fallecidos cantando una Salve en el anochecer del 11 de octubre, festividad de la virgen de Begoña, al pie de la hornacina a la Amatxu que preside la fachada del edificio de La Bolsa. Han transcurrido 52 años y los txikiteros se han convertido en una especie en riesgo de extinción por mucho que hace unos años se constituyera Txikiteroen Artean para reivindicar esa costumbre.
Haya o no txikiteros dispuestos a cantar en memoria de los caídos, el Txikitero Eguna se ha convertido en una fiesta multitudinaria, como quedó de manifiesto ayer. Desde antes del mediodía al anochecer con el canto de la celebérrima ‘‘Salve de los Txikiteros’’, bilbainos y foráneos cámara en mano más que txikitos poblaron buena parte de las calles del centro histórico.
Todo arrancó con una kalejira de txakolineros de las seis comarcas que conforman la Denominación de Origen Bizkaiko Txakolina, con parada en la plaza Santiago, donde cinco dantzaris ataviados con trajes suletinos bailaron la Godalet Dantza ante igual número de vasos rodeados de turistas ávidos de atrapar una «imagen típica». Para cuando la comitiva llegó frente al edificio de La Bolsa, había más de un centenar de personas aguardándoles, que se fueron incrementando mientras los txakolineros de Durangaldea, Uribe, Enkarterriak, Lea-Artibai, Urdaibai y Nerbioi vertían las uvas que habían acarreado en cestos en la prensa para obtener el primer mosto de 2015. Costó pero el caldo brotó y hubo opción de degustarlo.
A partir de ahí, comenzó un ritual ya tradicional. A la hora del Angelus, Inmaculada de la Vega, presidenta de la Peña Casco Viejo del Athletic Club, ascendió hasta la hornacina a depositar un centro de flores, seguida de José Ramón Calvo, vicepresidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bizkaiko Txakolina, que ofreció a la virgen el primer caldo de su cosecha. Fue la segunda ocasión en que los productores de txakoli realizan ese gesto.
Ofrenda floral y tarta
Acto seguido otro incondicional de la celebración, José Lejarraga ‘‘Petiso’’, que se proclama «Txikitero por excelencia», interpretó una pieza en honor a la virgen, ‘‘¡Déjame madre!’’; por cierto de Luis Iruarrizaga, un sacerdote de Igorre compositor de música sacra. A continuación, decenas de entidades y particulares fueron depositando ramos de flores en un soporte preparado a tal efecto.
«Con orden y disciplina», tal y como se había pedido encarecidamente desde la organización, integrantes de la Asociación de Pasteleros Artesanos de Bizkaia procedieron al reparto de porciones de la tarta Begoña, un postre que crearon hace más de 20 años en honor a la virgen.
Más tarde, diversos coros animaron el txikiteo por diferentes puntos del Casco Viejo bilbaino, rodeados de numerosos curiosos. Multitudinario fue sin duda el canto, a las 20.00, de la ‘‘Salve de los Txikiteros”, de nuevo ante la hornacina de La Bolsa, que dirigió por primera vez en 52 años de Txikitero Eguna una mujer, Itziar López Arberas.
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