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TEL AVIV

Despliegue de tropas para frenar la ira palestina

Israel desplegó ayer masivamente a sus fuerzas en Jerusalén y en la frontera con la Franja de Gaza, y esperaba hacer lo mismo en Cisjordania, tras el llamamiento a un nuevo «Viernes de la Ira» por parte de Hamas y el FDLP. Además, comenzó a instalar puestos de control en los accesos a los barrios palestinos de Jesusalén Este para evitar más ataques contra ciudadanos israelíes. Los enfrentamientos continuaban y la tensión seguía en aumento.

Hamas y el Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP) llamaron a sus seguidores a expresar su cólera contra Israel en un nuevo «Viernes de la Ira» tras acabar la oración del mediodía enfrentándose a las fuerzas israelíes, que ayer fueron desplegadas de forma masiva en Jerusalén y la frontera con la Franja de Gaza.

«Mañana –por hoy– es un día para apoyar la Intifada palestina. Las facciones están llamando a un día de la ira para asegurarse de que la Intifada continúa», señaló el diario digital “Palsawa”.

En un mensaje enviado a los medios, el FDLP aseguró que «será un día de rabia popular» en los territorios palestinos «contra el terrorismo de la ocupación israelí», y para protestar por los «asaltos» israelíes contra contra la Explanada de las Mezquitas, en Jerusalén Este, cuyo estatus creen los palestinos que quiere cambiar Israel.

El portavoz de Hamas en Gaza, Sami Abu Zuhri, señaló recientemente que las acciones de Israel en ese lugar «equivalen a una declaración de guerra».

Israel anunció el despliegue de dos batallones de soldados en la zona fronteriza con Gaza, tras los enfrentamientos y la agitación a lo largo de la frontera, informó la agencia palestina Ma’an. Además, dos batallones adicionales y dos compañías de tropas israelíes serán desplegadas en Cisjordania.

La zona vive en alerta continua desde hace dos semanas, tiempo en que han muerto al menos 33 palestinos a manos de las fuerzas sionistas y siete israelíes, en su inmensa mayoría apuñalados por palestinos. Ayer los enfrentamientos continuaban en distintos puntos de los territorios ocupados.

En medio de esta tensión, la Policía israelí cerró durante varias horas las principales vías del centro de Tel Aviv y de Givatayim por la persecución de un coche sospechoso y un soldado efectuó un disparo en el interior de un tren en la ciudad de Haifa al sospechar de que en el vagón viajaba un individuo que pretendía cometer un ataque.

Mientras, policías y guardias de fronteras israelíes fueron desplegadas de forma masiva en Jerusalén para vigilar lugares públicos, intersecciones y las principales carreteras. Trescientos soldados más serán enviados a la ciudad el domingo como refuerzo a la Policía.

El miércoles, las autoridades israelíes comenzaron a instalar puestos de control en los accesos a los barrios palestinos de Jerusalén Este, en un intento de detener los ataques contra israelíes, algo que los expertos consideran casi imposible de conseguir.

El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, visitará la zona en los próximos días para tratar con los líderes palestino e israelí esta escalada de violencia.

 

Mahmud Abbas predica en el desierto

La escalada de violencia y el discurso de Mahmud Abbas llamando a la «resistencia popular pacífica», reivindicando el derecho de los palestinos a defenderse y amagando con romper los acuerdos con Israel realizado el miércoles, después de dos semanas de silencio, han evidenciado la desconexión entre los jóvenes palestinos que hacen frente al ocupante israelí y el presidente de la Autoridad Palestina (ANP), quien sigue siendo el único interlocutor para la llamada comunidad internacional y el Gobierno israelí. Su mensaje no parece encontrar eco en los jóvenes que se han rebelado, ni en generaciones anteriores, que creen que la vía pacífica se ha agotado.

Todos rechazan ahora la estrategia diplomática de pequeños pasos, la no violencia y la mano extendida por las que apuesta Abbas, quien en 1993 firmó los Acuerdos de Oslo con Israel y fue uno de los primeros en denunciar el uso de la violencia cuando estalló la segunda Intifada. Según una reciente encuesta, el 65% de los palestinos quieren su renuncia y el 57% apoya una nueva Intifada, que las juventudes de Al-Fatah, el partido de Abbas, dicen querer liderar. Incluso dentro de su formación, sus principales rivales, Mohammed Dahlan y Marwan Barghuti marcan distancias y advierten ante posibles «errores y posiciones minimalistas» mientras llaman a «precipitar el último día de ocupación, que será el primer día de la paz».

Los expertos dicen que tras la movilización palestina –las manifestaciones contra la colonización y la construcción del muro, las huelgas de hambre de los presos, los ataques aislados o lo que sucede en la Franja de Gaza y las protestas en la Explanada de las Mezquitas– no están sus cuadros tradicionales, la ANP y la OLP, sino los partidos.

Para el politólogo Khalil Chahine, «esta generación está indignada con el ocupante israelí, pero también con el camino elegido por los dirigentes palestinos, incluido Oslo».GARA