Beñat ZALDUA

Puigdemont president, ‘reset’ al proceso y vía libre a la ruptura

Catalunya tiene nuevo president y el proceso, aire fresco. Atrás quedan tres meses broncos y confusos, cuyas consecuencias todavía se dejarán notar, si bien en el pleno de ayer el independentismo recuperó buena parte de la sintonía perdida. enfrente, el unionismo se confirmó como la bancada del no.

«Carles, tienes la enorme responsabilidad de ser el president de la transición a la República, tienes el reto de abrir el proceso todavía más, de hacerlo más plural, más transversal». Fueron las palabras de la diputada de la CUP Anna Gabriel tras anunciar que ocho diputados de la Esquerra Independentista votarían a favor de su investidura. Los otros dos se abstuvieron en nombre de la «sana discrepancia». «Seguramente se ha generado confusión y desánimo entre la ciudadanía, pedimos disculpas. Este es el acuerdo del Sí a la independencia de nuestro país», añadió desde las filas de Junts pel Sí, acto seguido, el diputado Jordi Turull.

Enterradas pues las hachas (no a demasiada profundidad, no nos engañemos), el independentismo mostró ayer, en una jornada en cierta manera catártica, su mejor cara. Por la mañana se dieron todavía los últimos coletazos del enfrentamiento entre CDC y la CUP (ERC, invitada de piedra, pasó ayer de estar a punto de ganar unas elecciones a pasar completamente inadvertida). Costará recomponer un terreno minado por el rencor de algunos, si es que se consigue, pero lo que es en el Parlament, el acuerdo funcionó a las mil maravillas. No solo por los 70 votos a favor que obtuvo Puigdemont (62 de Junts pel Sí más ocho de la CUP), sino sobre todo por el tono.

Aunque presente en la mayoría de los discursos, por no decir en todos, Mas solo fue verdadero protagonista al inicio del pleno, cuando los diputados de JxSí lo recibieron con una ovación cerrada. «He de confesar que nunca me habían aplaudido tanto como el día de mi dimisión», había dicho con anterioridad. Frase para anotar, sin duda. Pasado Mas a un segundo plano, el silencio. Hablaba Puigdemont, todo un interrogante del que muy pocos sabían que esperarse. 48 horas antes era “simplemente” el alcalde de Girona.

En el discurso de arranque no brilló. Levantó muy poco la mirada de los papeles que llevaba escritos, repitió prácticamente palabra por palabra, el programa de gobierno que Mas ya presentó en el pleno de investidura fallido del 9 de noviembre y generó algunas dudas. «Hace pocas horas era alcalde de Girona, entenderán que no ha sido un discurso fácil», confesó. Y no lo fue. Se pareció demasiado a Mas a ojos de los que no quieren ni en pintura al ya expresident, y se pareció demasiado poco a ojos de los que ayer mismo lo empezaron a echar de menos.

En el primer discurso, Puigdemont buscó además una épica que parece no quedarle demasiado bien. «No es tiempo para cobardes» o «Os prometo que me dejaré la piel» fueron las frases con las que consiguió los primeros titulares tras un discurso en el que reafirmó su compromiso con el proceso y con la declaración de desconexión del 9 de noviembre.

Echando la vista atrás a los últimos meses consideró que unas nuevas elecciones hubiesen sido «una enmienda a la totalidad» al voto de los catalanes el 27-S. Un voto del cual aseguró que emana un mandato claro que se vertebrará, en lo que al proceso se refiere, en cinco puntos: «culminación del proceso constituyente en su parte participativa y ciudadana», el diseño«definitivo» de las estructuras de estado «y su puesta a punto», el proyecto de ley de proceso constituyente, el proyecto de ley de transitoriedad jurídica y la internacionalización del «futuro estado catalán independiente». Un trabajó que el propio Puigdemont calificó de «ingente» y que tendrá que desarrollar en una legislatura forzosamente corta.

Turno de réplica

Fue sin embargo en el turno de réplica cuando se vio que Puigdemont puede dar juego. Con cuatro apuntes y dejando a un lado el tono solemne al que obligaba el discurso inaugural, el nuevo president repartió mandobles a diestro y siniestro entre las fuerzas de la oposición. Para la memoria quedará el recado al líder de Catalunya Sí que es Pot, Lluís Rabell: «Nos dicen ilusos aquellos que quieren conseguir un referéndum pactado con el Estado».

Mucho más suelto que en el primer discurso, Puigdemont se apuntó también al cachondeo con la diputada de la CUP Anna Gabriel: «No queremos ser un gobierno de la CUP ni nos queremos parecer, por mucho que algunos digan que los peinados se parecen». Una Gabriel que, bromas aparte, realizó probablemente el discurso más potente de la jornada. Fue seguramente la intervención más elegante, con permiso del líder del PSC, Miquel Iceta, acostumbrado también a bordar discursos. Al César lo que es del César.

Con un tono amable y suave, Gabriel reiteró el compromiso de la CUP en una legislatura que calificó de «excepcional». «La CUP estará si hay partida: independencia, proceso constituyente y rescate», resumió la diputada mientras Mas la escuchaba con la miraba grave. Gabriel sacó también el orgullo, cargó contra los «ilusos enterradores de la CUP» («los de aquí y los de allá», detalló) y reivindicó los principales pilares de la formación: «Somos independentistas, somos anticapitalistas, somos feministas».

«Sabéis que nos esperan, necesariamente, actos de firmeza ante la imposición de su legalidad (española). Y sabéis, señores y señoras, que nosotros solo podemos interponer nuestra legitimidad. Preparémonos para la envestida, preparémonos para resistir, porque nosotros nos hemos preparado para ganar», remató Gabriel.

Desde la oposición, nada nuevo. Aunque con cambios entre los principales protagonistas, el pleno de ayer recordó bastante el esquema de la anterior legislatura. Desde Ciutadans, Inés Arrimadas acusó a Puigdemont de ser «Mas de lo mismo» y denunció a JxSí y la CUP por formar «un cordón sanitario a la mayoría de los catalanes». También les achacó tener «miedo a las urnas», un argumento repetido después por Rabell (CSQP) que centró su discurso en arremeter contra la CUP: «La investidura de Puigdemont parece producirse a cambio de nada, a cambio de humo».

El de Rabell fue probablemente el discurso más mediocre de la jornada junto al del líder del PP, Xavier García-Albiol, que en tono amenazante espetó a Puigdemont: «Ni usted ni nadie iniciará el proceso de ruptura con el Estado».