Entre los ejecutados en este emblemático lugar, destaca el caso de Martín Chajas, recogido por el historiador Juan José Martinena en su libro ‘Historias del viejo Pamplona’.
En el año 1336, el citado Chajas y el también escudero Pedro Ibáñez de Izco fueron condenados a ser despeñados desde lo alto de la torre de la Galea. Ibáñez de Izco perdió la vida al estrellarse contra las rocas del foso, mientras que Chajas quedó maltrecho, pero con vida tras chocar contra el suelo.
Como la sentencia era de muerte, el herido fue recogido, subido de nuevo hasta las almenas de la torre de la Galea para ser arrojado una segunda vez, esta sí, definitivamente mortal.
En otros casos, la muerte por despeñamiento iba acompañada de otro tipo de castigo. Así, Rodrigo de Dicastillo, que mató a dos siervos, fue arrojado desde la torre después de cortale las manos.
Curiosamente, no se conoce con exactitud el emplazamiento de la torre de la Galea. Un hotel situado en el extremo sudoeste de la plaza Consistorial utiliza esa denominación al asegurar que en su interior muestra restos de la estructura defensiva. Pero Martinena apunta que la torre se encontraba en otro lugar, en concreto delante del edificio denominado Casa Seminario, en un lateral del edificio del Ayuntamiento.

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