«Necesitamos nuevos socios, no estamos dispuestos a dejar a nadie atrás»
Harrera Elkartea lleva desde 2012 dando asistencia a los expresos y exrefugiados políticos vascos ante los múltiples problemas que encuentran en su proceso de readaptación. Josu Amantes ha contado a NAIZ más detalles sobre su labor en un año más difícil aún por la pandemia.

¿Por qué y cómo nació Harrera Elkartea?
Esta asociación asistencial nació en 2012 de la mano de un grupo de expresos y personas solidarias que veían la necesidad de ocupar el espacio vacío que había en el ámbito de los expresos y retornados. El objetivo de estos voluntarios era ayudar en su proceso de readaptación al volver a casa a quienes salen de prisión o vuelven del exilio. En estos 8 años hemos atendido a unas 500 personas entre presos y retornados, invirtiendo más de 1.800.000€ en su asistencia:: dentistas, psicólogos, ópticos, permisos de conducir, alquileres, ayudas económicas…
¿Cuál es la situación de estas personas?
Puede parecer que cuando los presos y presas salen en libertad o cuando los exiliados y exiliadas vuelven a casa ya se han terminado sus problemas, pero en ese momento empiezan una nueva etapa en sus vidas y esta es muy complicada de gestionar. Empiezan sus problemas de adaptación a la nueva situación, porque la gran mayoría no tienen el mínimo de autonomía económica para hacer una vida normal, y es ahí donde empieza el trabajo de Harrera.
La gente sale de prisión o vuelven del exilio con muchísimas emociones acumuladas. Gestionarlas es muy complicado y, a veces, entre otras cosas, necesitan ayuda psicológica para digerir todo ese dolor que llevan dentro. También hay situaciones muy delicadas, como la de las personas que vuelven con una edad avanzada y sin familia, a las que tenemos que asistir de manera integral.
¿Cuál es su labor concreta? ¿Cómo ayudan a estas personas?
Por un lado está la ayuda económica. Para cobrar el subsidio de excarcelación (430€) tienen que esperar unos dos meses y en ese tiempo desde Harrera les garantizamos lo equivalente a dos RGIs (1.300 euros). Cuando empiezan a cobrar este subsidio, les damos un complemento que les garantice llegar al equivalente a una RGI. Pero el subsidio de excarcelación solo dura 18 meses, y después de eso a mucha gente hay que seguir ayudándole.
En principio estas ayudas tienen un límite en el tiempo, no son vitalicias, pero siempre tenemos en cuenta la situación personal de cada persona antes de retirarle la asignación.
Pero además del ámbito económico también ayudamos a los expresos y retornados a tramitar renovaciones del DNI y del Permiso de Conducir; garantizamos la asistencia de dentistas, ópticos y psicólogos a quien tenga necesidad de ellos; y les ayudamos a encontrar trabajo o a sacarse el permiso de conducir para que puedan acceder a un empleo, entre otras cosas.
Si ya de por si el acceso al trabajo está difícil, durante la pandemia habrá empeorado la situación…
Muchos expresos no tienen experiencia laboral, porque han pasado 15, 20 o 30 años en prisión, y no pueden acceder prácticamente a ninguna oferta de trabajo, lo que, a su vez, conlleva que no acumulen experiencia y entren en una espiral de la que es muy difícil salir. Tenemos un grupo de voluntarios que se dedica a buscar trabajo a estas personas, pero resulta muy difícil encontrar empleos estables, y los trabajos que van saliendo suelen ser temporales. Evidentemente, con la pandemia todo esto ha empeorado.
Algunos salen ya con una edad avanzada y tras mucho tiempo en prisión. ¿Qué dificultades extras hay en esos casos?
Esta suele ser la gente que más asistencia necesita. Hay bastantes personas que han salido de la cárcel con más de 60 años y sin apenas años cotizados. De momento sabemos que unas 300 personas no llegarán a cobrar la pensión mínima contributiva por no llegar a los 15 años de cotización a la Seguridad Social. La situación de estas personas suele ser muy delicada y, a veces, se le suman los problemas de salud que puedan tener. Tenemos varias personas ingresadas en residencias y les dispensamos una atención especial.
También ayudamos a un grupo de jubilados, intentando que lleguen a los 1.080€ que se reivindican desde la Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria.
¿Cómo se financia Harrera?
Para hacer frente a este reto hace falta mucho dinero y afortunadamente hoy en día tenemos en torno a 3.000 socios y unas 250 personas que realizan algún tipo de aportación económica. También organizamos actividades para conseguir fondos, como cuestaciones, sorteos o venta de material. Entre todo recibimos una aportación de 200.000 euros al año, pero aun así todos los años acabamos con algo de déficit, porque las necesidades son muy grandes.
Afortunadamente, la generosidad de la gente es muy grande y se nos acercan personas para manifestarnos su voluntad de hacer testamento a favor de Harrera y donarnos sus bienes o parte de ellos. Esa es una manera de reconocer nuestro trabajo y nos anima a seguir por este camino.
¿Qué dificultades ha traído la pandemia este año, se han perdido socios y otras aportaciones?
Debido a la pandemia de la covid-19 y sus consecuencias hemos sufrido una merma importante en nuestros ingresos. Algunos socios se han tenido que dar de baja porque su situación económica ha empeorado. Por otro lado, nosotros nos movemos mucho en la calle, con recogidas de dinero en las manifestaciones nacionales o en las fiestas de los pueblos por ejemplo, y debido a la crisis sanitaria eso ha sido imposible. Nos encontramos con un déficit que ronda los 60.000 euros.
Ante esta situación, vamos a llevar a cabo una campaña de captación de nuevos socios. Se puede hacer a través de nuestra página web (harreraelkartea.eus), rellenando un formulario y cada uno eligiendo la cuota que pueda. El que quiera también puede hacer una aportación económica ingresándola en la cuenta de Harrera Taldea de Laboral Kutxa: ES08 3035 0092 51 0920053599.
“Tximeletak ez du ahazten behinola zizarea izan zela” La mariposa no se olvida de que una vez fue gusano. Esa es la frase que nos define un poco. Sabemos de dónde venimos y no estamos dispuestos a dejar a nadie atrás. Entre todas y todos conformamos una cadena solidaria y cuantos más eslabones incorporemos más y mejor podremos ayudar.

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