Natxo Matxin

Mundial de balonmano Egipto 2021: a Noruega ya le toca colgarse el oro

Noruega, finalista en las dos últimas ediciones y bronce en el Europeo del año pasado, es la máxima aspirante a colgarse por primera vez la medalla de oro mundialista, liderada por el considerado mejor jugador del momento, Sander Sagosen.

Levantando la Champions con el Kiel, Sander Sagosen está llamado a liderar a Noruega hacia el título mundialista. (Ina FASSBENDER/AFP)
Levantando la Champions con el Kiel, Sander Sagosen está llamado a liderar a Noruega hacia el título mundialista. (Ina FASSBENDER/AFP)

Ahora o nunca. Ese parece ser el dilema al que se enfrenta Noruega, combinado que más ha crecido en los últimos tiempos en el panorama balonmanístico, pero al que se le resiste su consagración en forma de títulos.

Dicen que a la tercera va la vencida, un refrán que acogería con gusto la escuadra escandinava, después de haber rozado el oro en las últimas dos ediciones mundialistas, en las que cayó ante Francia y Dinamarca.

Sin embargo, esta Noruega parece mucho más madura y preparada para digerir el favoritismo que se le atribuye y cumplir con los pronósticos. Lo mismo que su buque insignia, el central Sander Sagosen, que viene de ser campeón continental a nivel de clubes con el Kiel, además de contar con la presencia del pivote Bjarte Myrthol, baja por enfermedad en el pasado Europeo.

Antes de viajar a Egipto, los de Christian Berge dejaron constancia de su enorme potencial tumbando (36-34) a la vigente campeona mundial, Dinamarca, en un choque en el que dispusieron de una ventaja de hasta ocho dianas de diferencia.

Los daneses son precisamente una de las principales amenazas a las que deberá medirse el sueño noruego. Sin el concurso del central Rasmus Lauge, que sufrió una grave lesión de rodilla a comienzos de diciembre pasado, será Mikkel Hansen quien deberá acaparar todo el protagonismo y la presión por repetir el título de hace dos años.

Por su parte, Francia, clara dominadora de la pasada década, intentará reverdecer viejos laureles de la mano de una nueva generación de jugadores, máxime por la ausencia de Nikola Karabatic, que se rompió el ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha en octubre.

Desde luego lo que no querrán es repetir el ridículo de la pasada edición, en la que quedaron apeados ya en la primera fase, después de cosechar un único triunfo contra Bosnia en todo el torneo.

El bloque germano triunfador del Kiel, con su MVP de la Champions, Hendrik Pekeler, a la cabeza, hace que Alemania también entre dentro de las quinielas. Campeona en el Europeo de hace cuatro años y bronce en los últimos Juegos Olímpicos, la selección teutona será un rival rocoso y complicado de batir al que, si le acompaña el acierto ofensivo, puede llegar muy lejos.

Sin Julen Aginagalde

España y Croacia, finalistas en el último Europeo, completan la lista de candidatos. Sin Julen Aginagalde, la primera confía prácticamente en el mismo bloque que se hizo el año pasado con el entorchado continental para repetir los éxitos que cosechase en 2005 y 2013, dado que la secuencia numérica cuadra.

A los balcánicos, por otro lado, nunca se les puede descartar. A su carácter siempre competitivo hay que sumarle la calidad de jugadores como Domagoj Duvnjak –también componente del campeón Kiel– o Luka Cindric, pendientes de si podrán contar finalmente con Igor Karacic.

Con un objetivo más modesto encara la competición una Brasil que ya venció en el pasado Mundial a potencias de la talla de Croacia y que buscará mejorar la novena plaza que acabó ocupando a la conclusión del torneo.

Algo similar le sucede a Argentina, la actual campeona panamericana y ahora de la mano de Manolo Cadenas, que intentará superar el duodécimo puesto que ya consiguió en los Mundiales de Suecia 2011 y Catar 2015.

Acceder a la segunda fase será el complicado incentivo que afrontan las selecciones de Chile, dirigida desde el banquillo por el navarro Mateo Garralda y que debutará en el partido inaugural frente a la anfitriona Egipto, y Uruguay, que se estrena por primera vez en una fase final de un Mundial.

Al final, no habrá público

Como no podía ser de otra manera, este Mundial en tierras egipcias estará enormemente influenciado por la actual pandemia. Los organizadores se han visto obligados a dar marcha atrás en sus primeras intenciones de que hubiese un 20% de aforo en las gradas para decidir finalmente que no haya público en las gradas.

La medida no ha estado exenta de polémica, en la que han intervenido incluso los propios jugadores. Los capitanes de las selecciones de Alemania, Dinamarca y Croacia enviaron una carta de protesta a la Federación Internacional de Balonmano (IHF).

La cita mundialista no solo será histórica por disputarse sin la presencia de aficionados, sino también porque será restringida a solo aquellos medios de comunicación incluidos dentro de la burbuja creada específicamente para la prensa y por contar por primera vez con la participación de 32 combinados estatales.