
El sexenio presidido por el mandatario cristiano, de 89 años, termina oficialmente el lunes ante la incapacidad del Parlamento libanés para hallar un sustituto, con un gobierno dimitido desde mayo y en medio de la que es considerada por el Banco Mundial como la peor crisis económica en el país desde la segunda mitad del siglo XIX.
Sin presidente no pueden entrar en vigor las leyes aprobadas en la cámara, ni se puede designar a un primer ministro, ni aprobar gabinetes antes de su ratificación parlamentaria.
La Constitución libanesa, acordada tras 15 años de sangrienta guerra civil, establece una división confesional del poder. La presidencia se reserva para la minoría cristiana maronita, el cargo de primer ministro a un suní y la presidencia del Parlamento a la comunidad chií.
Este reparto confesional está en la raíz, según la oposición, de la corrupción y disfuncionalidad politica y económica libanesa.
Esta mañana han comenzado a congregarse en el Palacio Presidencial de Baabda, en Beirut, decenas de simpatizantes de Aoun, vestidos con el color naranja que distingue al Movimiento Patriótico Libre, el partido fundado por Aoun en 2005, y que acompañarán al veterano político cuando abandone su despacho por última vez y se marche a su domicilio en Rabié.
A su yerno
Aoun espera que el Parlamento acabe designando como sucesor a su yerno Gebran Bassil, aunque existe preocupación en las filas políticas libanesas porque lleva desde noviembre de 2020 bajo sanciones de EEUU por corrupción.
No parece probable que el primer ministro en funciones, Nayib Mikati, se haga cargo de la administración. Para el presidente, Mikati ha perdido legitimidad desde la renuncia del gobierno después de las elecciones de mayo. Bassil acusó el sábado a Mikati y al presidente del Parlamento, Nabih Berri, de hacer planes para la era posterior a Aoun para ‘subastar’ los poderes restantes del presidente. Mikati, por contra, asegura que no tiene intención de tomar decisión alguna que contravenga la Constitución del país.
Las elecciones, consideradas clave para el futuro del país, consagraron a dos grandes triunfadores: las Fuerzas Libanesas (antiguas Falanges libanesas), que se convierte en el primer partido cristiano en la Asamblea con 19 diputados, y a los movimientos de protesta contra la crisis. Por contra, el partido milicia chií Hezbolá y sus aliados, incluido el Movimiento Patriótico Libre de Aoun, perdieron la mayoría en el Parlamento.
Desde entonces, el país está bloqueado. Fuerzas Libanesas, enemigo acérrimo de Aoun, se ha desentendido de las celebraciones de este domingo. Su líder, Samir Geagea, ha declarado por contra que lo que está ocurriendo hoy es un «momento de profunda tristeza».
«Lo más importante es la estabilidad de la seguridad en el país porque es todo lo que nos queda ahora», ha asegurado Geagea a través de su portavoz, Charles Jabbour.

Lateralidad, un tema desconocido pero crucial en el aprendizaje de las niñas y niños

PNV ganaría en Bizkaia mientras EH Bildu es la fuerza emergente, según un sondeo foral

Ertzainas acusan a los antifascistas del 12-O de usar «tácticas militares» en Gasteiz

Josu Jon Imaz agradece a Trump que «abra las puertas a una mejor Venezuela»
